Domingo, 23 de septiembre de 2018

Nunca es tarde para volver a empezar

Ya me queda menos para llegar a los cincuenta y me pregunto dónde quedaron los veinte y los treinta años, aquellos en los que el tiempo parecía transcurrir más lentamente. Según van pasando los años, voy apreciando aquello que quizá, cuando era más joven, no le daba tanta importancia o simplemente pasaba más desapercibido: una simple caricia, aquel café, ese lugar que visitas, el silencio, dedicarnos nuestro tiempo, … Reconozco que muchas veces es fácil dejarse atrapar por las viejas rutinas diarias, y los días, semanas y meses pasan sin pena ni gloria. Cuando veo que eso ocurre, renazco con un nuevo sueño, ilusión, proyecto...

El señor Víktor Frankl fue un psiquiatra judío que le encontró el sentido a la vida cuando no tenía ningún motivo para vivir, estando encerrado en un campo de concentración donde veía a las personas en unas condiciones extremas de deshumanización y sufrimiento, y donde cada día veía moría a gente. Tras su liberación, se dedicó a ayudar a los demás a través de la palabra. Se trataba, simplemente, de descubrir cuál era el objetivo oculto que engrandeciera la vida a cada uno. Él lo veía muy claro, cualquier persona es capaz de superar incluso la situación más difícil siempre que tenga algo por lo que luchar, algo que conseguir antes del fin de su vida. Y la clave, sin duda, es una actitud positiva. Tal y cómo él mismo explicaba:

“El pesimista es como el hombre que observa con miedo y tristeza que su calendario de pared se va haciendo más fino a medida que arranca una hoja cada día. Por otro lado, la persona que ataca activamente los problemas diarios es como el hombre que arranca cada hoja de su calendario y la apila con cuidado sobre las anteriores, tras haber escrito unas cuantas notas en su dorso. Puede rememorar con orgullo y alegría toda la riqueza acumulada en esas notas, y en toda la vida que ha experimentado con plenitud hasta ese momento.”

Sin duda, nunca es tarde para volver a empezar y hacer planes de futuro está bien, pero a sabiendas de que nadie te va a garantizar lo que ocurrirá el día de mañana. De modo que hago aquello que más me guste hacer, vivo, sueño y dejo que la vida siga el camino que he escogido.

Si te has preguntado alguna vez hasta qué edad llega la infancia o la juventud, o la edad en la que los sueños sean el motor de tu vida, probablemente dirás lo que siempre has escuchado, sobre los siete, sobre los veinte o treinta… yo te diría que no hay una edad definida, cada persona es un mundo, hay personas que con noventa años viven la vida con las mismas ganas que cuando tenían siete. El cuerpo tendrá una edad, irá cumpliendo años, pero no así las ganas de vivir, que no entienden de límites, ni de números.

Así que piensa que nunca es tarde para vivir ni para amar, por eso nunca será tarde para aprender, ni para soñar, ni para volverá a empezar.