Domingo, 23 de septiembre de 2018

¿Amansar a las fieras?

Les confieso que comienzo cada mañana leyendo las columnas de mis compañeros de SalamancaRTValdía mientras desayuno. Quizá mucho de ustedes también lo hagan, quizá no (me pregunto, de repente, qué momento eligen para leer las columnas, si leen todas o solo algunas, si se dejan llevar por los títulos o si tienen sus propios espacios preferidos, si alguna vez se plantean contestar, si se ilusionan, como yo, cada vez que se ilumina una ventana nueva). Me parece necesario saber qué piensan mis vecinos de las columnas de al lado, cuáles son sus preocupaciones, cuáles sus intereses, cómo los expresan. Y aprendo, aprendo mucho. ¡Este vecindario es tan heterogéneo como la vida misma!

La semana pasada la extraordinaria Charo Alonso en una columna titulada “Puritito glamour” hablaba sobre la última canción de Jennifer López, “El anillo”. Su reflexión me resultó muy sugestiva y no pude evitar buscar en YouTube la canción y escucharla. Si no lo han hecho aún, les recomiendo que lo hagan. Apuesto a que no les dejará indiferentes.

Bien es sabido que el reguetón (así me dice la RAE que debo escribir la palabra) es un espacio libre para el machismo y el sexismo más vomitivos, sin embargo, parece que esa actitud ha sobrepasado los límites del reguetón (no acabo de acostumbrarme a la grafía) más profundo y se ha acercado peligrosamente a los hits de los cantantes más populares de la actualidad. “¿Y el anillo pa’ cuando?”, el estribillo de esta canción de Jennifer López que cualquiera diría que es una parodia y que integra también perlas (nunca mejor dicho) como “Las mujeres, sabemos lo que nos toca/ si quieren todo eso, que nos pongan la roca”, demuestra estar a la altura de los versos más sobresalientes de este tipo de canciones, como el oscuro “Este es pa’ mí, es pa’ más nadie” de la antirromántica “Me enamoré” de Shakira, cualquiera de los que canta Bad Bunny en “El baño” de Enrique Iglesias (un Enrique Iglesias con un acento latino más que curioso, por otro lado), cuyo vídeo también es digno de análisis, no solo por lo que muestra sino por lo que sugiere, y casi cualquier verso del famoso “Cuatro babys” de Maluma (sirvan como ejemplos ilustrativos los siguientes: “Estoy enamorado de cuatro babies./ Siempre me dan lo que quiero,/ chingan cuando yo les digo,/ ninguna me pone pero. […] Ya estoy metido en un lío,/ a todas yo quiero darles,/ me tienen bien confundido,/ ya no sé ni con cuál quedarme./ Y es que todas maman bien,/ todas me lo hacen bien, / todas quieren chingarme encima de billetes de cien” -¡!). Cantantes todos ellos archiconocidos y no precisamente adolescentes, por cierto, aunque sí son adolescentes muchos de los que bailan sus canciones e interiorizan, conscientemente o no, sus letras.

¿Por qué? ¿Por qué las discográficas de los superventas musicales apuestan por canciones con letras tan sumamente vulgares, superficiales, incluso ofensivas? ¿Qué es lo que quieren enseñarnos? ¿Cuál es el mensaje que desean transmitirnos? ¿Quién está detrás de todo esto y qué quiere de nosotros? ¿Amansarnos? ¿Embrutecernos? ¿Frivolizarnos? ¿Pero por qué?

Suerte que existen tantos otros estilos musicales como uno desee encontrar. Suerte que existen poemas excelentes convertidos en canciones excepcionales. Suerte que existe el silencio. Y el oído crítico que no se deja amansar (o embrutecer, o frivolizar). Suerte que están ustedes ahí. Suerte que estás tú aquí (si me permites la cercanía), al otro lado de la pantalla, dándole un sentido a este rincón, a esta pequeña ventana cuyas persianas se vuelven a cerrar hasta el próximo jueves.