Martes, 21 de agosto de 2018

En tiempos de engaño universal

Afirmaba el actor José Sacristán en una reciente entrevista, que no se explicaba como este país no había explotado ya, cómo no estaba ardiendo por los cuatro costados a la vista de la grave situación social, de la desafección y el recelo de los ciudadanos frente a instituciones y dirigentes. No le falta razón

En mi modesta opinión este país no ha explotado ni arde porque la mayoría de los ciudadanos sólo conocemos una parte de la verdad y la que conocemos está sesgada. Lo paradójico es que las cadenas de radio, la prensa o las televisiones se alimentan de sus escuchantes, lectores o televidentes, las redes sociales las manejan los usuarios, al menos eso nos dicen, por tanto en todo ello los ciudadanos tenemos una responsabilidad compartida muy importante, que no asumimos, pues sin nuestra participación activa morirían de inanición, y algunos lo tendrían bien merecido.

Los medios y las redes no pueden, no deben, arrogarse el papel de jurados populares que celebran juicios en los que tanto fiscales, como defensores, testigos y jueces son grupos de pseudoprofesionales opinadores, que viven de ello, arrogándose el derecho de sembrar dudas sobre los hechos, de cuestionar pruebas, de pisotear sentencias y todo ello desde un intrusismo laboral impune y vergonzoso. Si una condición necesaria para la convivencia es la paz social, nos están haciendo un flaco favor.

Sin paz es imposible avanzar, las relaciones se enturbian y la conexión ciudadana se hace imposible. Pero debemos reconocer que en el hecho de promover y facilitar esa indispensable paz, los medios de comunicación y las redes sociales tienen un importante papel.

La catedrática de Derecho Internacional Público y académica de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, Araceli Mangas, manifestaba en una entrevista a Radio Salamanca “los educadores salvajes hoy son las redes sociales y algunas televisiones”. Por desgracia son precisamente estos educadores salvajes los que más enrarecen el clima para alcanzar esa paz necesaria, aunque no suficiente. Porque los seres humanos estamos forzados a convivir no sólo a vivir juntos. Los elefantes viven juntos, las cebras viven juntas, las hormigas viven juntas, pero nosotros debemos convivir. Y “convivir” significa vivir en compañía de otros, nos guste o no.

Ningún medio es objetivo, ya no, los intereses empresariales, o políticos en el caso de los medios públicos, se ocultan detrás, pero no cabe duda que ejercen un importante papel como sistemas de transmisión de mensajes, de opiniones interesadas, incluso de valores compartidos. Los medios seleccionan aquellas noticias que deben difundirse, cuáles tienen que ser ignoradas y de qué manera y en qué momento se dará la información, lo grave es que la información que recibimos da forma a nuestra conciencia y a nuestra manera de ver el mundo.

Para poder ser críticos debemos tener acceso a una información fiable, completa y de calidad. No puede ser que demos el mismo crédito a la opinión de un intruso comunicador de tertulias vespertinas que a la de una personal preparada y formada en la cuestión que se trata. Yo no comparto ese slogan que muchos apostillan de que todas las opiniones son respetables, porque algunas no lo son ni de lejos.

George Orwell el escritor y periodista británico autor, entre otras, de novelas tan emblemáticas como Rebelión en la granja o 1984, dijo: En tiempos de engaño universal decir la verdad se convierte en un acto revolucionario. ¡Qué falta nos hacen más revolucionarios!

Por último, permítanme recomendarles un interesante artículo de Noam Chomsky titulado “Las 10 Estrategias de Manipulación Mediática[i]”; seguro que identificarán muchas de ellas con sólo fijarse un poco.