Martes, 21 de agosto de 2018

Cine y derechos humanos

La sociedad humana carente y necesitada de ayuda, ha de ser socorrida por y desde nuestros países occidentales y opulentos

Desde que en 1948 se promulgó la Carta Universal de los Derechos Humanos, parece que se ha ido avanzando en el reconocimiento de los mismos derechos, aunque quizá no se haya adelantado tanto en la puesta en práctica de los diversos principios reconocidos en dicha carta. Por eso, hay necesidad de estar divulgando y creando conciencia de la necesidad de la puesta en práctica y de defensa de los derechos humanos.

Los derechos son promovidos por los gobiernos de los países democráticos, por los centros de educación, por los medios de comunicación social, por las instituciones judiciales y por otros medios de influencia social.

En el caso de los países menos desarrollados, para promocionar en ellos los derechos y para crear la conciencia en los países occidentales de la necesidad de contribuir a desarrollar dichos derechos, hacen una notable contribución las llamadas ONGDs (Organizaciones no gubernamentales para el Desarrollo).

En Salamanca hay una veintena de ONGDs, ocho de las cuales están asociadas para una mejor coordinación y colaboración. Entre las actividades de concienciación que se llevan a cabo en la ciudad, se ha puesto en práctica un ciclo de tres películas que están relacionadas con el desarrollo de los derechos humanos. Ha tenido lugar en el salón de actos del Casino de Salamanca, que ha prestado una magnífica colaboración y al que agradecemos este gesto. Ha habido una asistencia discreta y la visión se ha completado con una sencilla presentación y con un ilustrativo coloquio al final de la proyección de las películas.

La primera de las cintas que se han pasado es procedente de Etiopía, ópera prima del director etíope Yared Zeleque. Es también la primera película etíope presentada al festival de Cannes. Es una maravilla de presentación fotográfica, especialmente de amplios planos de campos y montañas, con un gran atractivo visual.

El film presenta las carencias económicas del pueblo de Etiopía, con insistencia en la pobreza material especialmente agravada por la escasez de lluvia, situación que ha causado la muerte de la madre de Efraín, un chico de ocho años que ha tenido que dejar, junto con su padre viudo, el pueblo natal en el que vivían. El niño acompaña a su padre a casa de unos primos y se lleva con él un cordero (Lamb, que da nombre al título inglés original), que representará a la madre ausente, y que le va a causar infinitos problemas.

Su padre se va a la capital en busca de trabajo y el chico se queda con la familia, sumida en prácticas tradicionales obsoletas, que reflejan la pobreza, no sólo material, sino también de formación, de salud, de práctica religiosa (por otro lado muy presente), de diferencias de género, etc.

El autor refleja con realismo la situación de las carencias de Etiopía, pero lo hace con gran respeto, delicadeza y hasta belleza notable. El espectador podrá verse interpelado e invitado a colaborar en el desarrollo del país y, sobre todo, de su sociedad humana carente y necesitada de ayuda, desde nuestros países occidentales opulentos y egoístas.

La segunda película, “14 kilómetros”, es obra del director español Gerardo Olivares. Hace referencia en el título a la corta distancia espacial que separa a África y Europa. Pero, aunque recoge al final el paso del estrecho de Gibraltar de un grupo de subsaharianos en una débil patera (son sólo 14 kilómetros), se centra principalmente en las tremendas peripecias que los inmigrantes han de sufrir desde que salen obligados de su país centroafricano hasta poder acomodarse en la patera de turno, explotados por el abuso de las mafias del tráfico de inmigrantes, y sufriendo otros abusos de policías y representantes del poder en su largo, interminable y peligroso camino.

El director nos ayuda, con gran realismo, a comprender las múltiples peripecias que han de soportar los inmigrantes, no sólo en el paso de las pateras, sino a lo largo del interminable camino que va desde su país de origen hasta el tránsito de las pateras.

Finalmente, la tercera película, “Los caballeros blancos”, obra belga del director Joachim Lafosse (Premio al Mejor Director del Festival de San Sebastián), plantea la labor inadecuada del plan de rescate de 300 niños huérfanos de guerra en el Chad, para entregarlos a familias francesas que los quieran adoptar.

El plan es descubierto, denunciado y condenado, y nos pone en disposición de ser críticos incluso con las organizaciones humanitarias o las mismas organizaciones no gubernamentales. No cualquier forma de proceder, ni siquiera con fines humanitarios, tiene garantizada la ética del procedimiento. Las ONGDs también tenemos que ponernos bajo el foco de una sana autocrítica.