Domingo, 23 de septiembre de 2018

Monleras, la memoria común de la tierra

“ Una de las cosas buenas del municipalismo es que tienes un conocimiento más real de lo que está ahí, de lo que la gente necesita”
Juan Jesús Delgado es concejal en Monleras, profesor en el IES Ramos del Maznano, de Vitigudino, y un ‘preocupado’ por el futuro del medio rural | rep. gráfico: Carmen Borrego

Más allá de Ledesma, la dehesa florecida exhibe el milagro del agua. El vuelo bajo de las cigüeñas en la quietud de la tarde y de la carretera. Camino de Monleras, recuerdo el rostro sabio y callado de Basilio Martín Patino sentado en el Espacio Escénico de La Panera, los ojos azules quietud de amor mirando a Ignacio Francia, a Macu Vicente y a Juan Jesús Delgado, el alma de esa cultura que, en Monleras, es la señal de identidad de un pueblo de sillares de piedra, dinteles de granito y música de fuente que mana. Es el regalo del agua, es la herencia del apego a la tierra.

Charo Alonso: ¿Es la cultura lo que identifica a Monleras, Juanje?

Juan Jesús Delgado: Lo es todo, incentivar la cultura viva, la vida en el pueblo. Queremos recuperar la tradición del trabajo comunitario que era un signo de identidad del pasado de Monleras. Esto nos cuesta transmitirlo a las nuevas generaciones, el hecho de que el trabajo, cuando se necesita, se hace entre todos, y bueno, ahora hay un grupo de gente joven que está despertando, son los hijos de la gente como nosotros, los que luchamos en su momento. Recuperamos los valles comunales en los que se trabaja en conjunto una vez al trimestre. Así conservamos el mundo del campo, aprendemos que la tierra es de todos y que hay que cuidarla.

Ch.A.: Por muchas cosas se conoce a Monleras, por el teatro, por el Campamento de Trabajo Internacional…

J.D.: El Campamento es una forma de dinamización rural con la población del pueblo, vienen los jóvenes de todo el mundo y participan de la vida de la gente. Durante los tiempos de la crisis quedaron muy pocos campamentos, para conseguirlos se presenta un proyecto y pueden aceptarlo o no en la Junta y en el Consejo de la Juventud. Hay gente que piensa que se gana dinero con ello y a veces lo que produce son gastos y pocos resultados porque es difícil lograr un buen trabajo de chicos que no han cogido una herramienta en su vida, pero supone una apertura del pueblo a las experiencias de voluntariado. En España no hay cultura de voluntariado, pero el trabajo que hacen los chicos es secundario, se trata de la experiencia que tienen y que tenemos todo el pueblo con ellos.

Ch.A.: ¿Y todo el mundo está de acuerdo en participar en estas experiencias?

J.D.: Hay que vivir experiencias vivas. Habrá de todo, gente que no crea en ello, gente que sí… pero hay que defender no solo el patrimonio cultural, sino el ejemplo de acción comunitaria que es ancestral en esta tierra.

Ch.A.: Otra seña de identidad es esta Plaza que es un increíble teatro al aire libre.

J.D.: Todo empezó con un Premio de Embellecimiento de los Pueblos de la Junta de Castilla y León que solicitamos hace muchos años. Se trataba de mejorar la plaza aprovechando el declive. Por entonces sólo teníamos el Centro Viejo en el que estábamos los jóvenes con ganas de tirar del pueblo, era un espacio para la cultura con un grupo de teatro que hacíamos en la calle y entonces pensamos que sería bueno arreglar la Plaza para disponer de un teatro. Trajimos las piedras de los puentes que se cubrían con el embalse y así fuimos, semana a semana, colaborando todo el mundo, como luego colaboramos para recuperar los molinos. Esta plaza que ahora veis y que la gente llama anfiteatro aunque a mí, que soy de clásicas me chirría un poco porque no lo es, nació del trabajo colectivo.

Ch.A.: ¡Los asientos son piedras de un puente y el fondo del escenario es un frontón antiguo! ¿Qué significa el monumento superior?

J.D.: Es el espacio de las actividades del Festival de Teatro y Artes Escénicas. El monumento superior lo quiso así el artista con un círculo de menhires y esta pieza que es un signo de identidad que representa el nombre del pueblo, la molienda. Este espacio es para el teatro, para conciertos de música, para muestras de folclore, como el paleo y para la fiesta que tan arraigada está en los pueblos, el 12 de agosto esto es tremendo porque las fiestas tienen mucha presencia. Este lugar por la noche es muy hermoso, aquí lo último que hemos hecho es allanar la piedra para hacer más accesible la puerta de la iglesia. Aquí está el alma de la gente.

Ch.A.: ¿Qué es el paleo?

J.D.: Es una danza tradicional con palos que practican muchos niños aquí, es una danza muy propia de las zonas fronterizas, reaparece en Villarino. El viejo frontón es el telón de fondo del escenario, y por el otro lado sigue funcionando como frontón. Se trata de hacer viva la plaza, todos los niños del pueblo han jugado y han actuado encima de este escenario.

Ch.A.: ¿Cuántos habitantes tiene Monleras?

J.D.: Monleras tiene 230 censados, y muchos más vinculados al pueblo que vienen bastante. Estamos muy presentes a través de las Escuelas Campesinas, de Adecasal, de la Redes Colectivas de Acción Solidaria, de la Plataforma Rural. Participamos de una forma de trabajo organizado, un trabajo de sensibilización y reivindicación de la vida en los pueblos.

Ch.A.: ¿Qué piensas de ese intento actual del gobierno de atajar la despoblación en las zonas rurales? 

J.D.: Yo creo que no se lo creen demasiado, pero empieza a decirse y a tener importancia electoral y eso es valioso. Esta es una sociedad que vive muy de espaldas al mundo rural y hay que cambiar esto porque sin vincularlo al mundo del ocio, el pueblo es el espacio donde está el futuro. No vamos a tener salida si no vinculamos el futuro en la recuperación de los conocimientos que están en el mundo rural. Y para eso hay que explorar soluciones comunitarias, aprender a vivir compartiendo, recuperando alimentos sanos, viviendo conectados al margen de las tecnologías, hay que construir una sociedad alternativa. Pienso que hay un camino de vuelta con conciencia de cambio. Gente que se dice “quiero otras cosas, no necesito un centro comercial ni tanto consumo”, con un espíritu de lucha, de cambio.

Ch.A.: Sin embargo la vida en los pueblos también tiene su parte negativa, la obligada convivencia, el olvido de las instituciones. ¿Cómo lo habéis hecho para conseguir tantas cosas?

J.D.: Nuestros proyectos llevan muchos años, la permanencia y la continuidad son básicas, esto permite desarrollar proyectos a largo plazo que atienden a un sentido. Hay que tratar de que todo lo que hace un Ayuntamiento sea entendido por la gente, y eso se consigue hablando, sintiendo que contamos con el respaldo de la gente. Y para darle importancia a la vida en los pueblos hay que mantener la población. 

Ch.A.: ¿Y cómo conseguís el apoyo de la gente del pueblo? Siempre hay rencillas…

J.D.: Con diálogo. Ese es el problema de la política, sin ese contexto de diálogo no se puede hacer nada y claro, es más fácil en espacios más reducidos. En los pueblos todos nos conocemos, conocemos las necesidades. Fijar la población rural debería ser una prioridad, os pongo un ejemplo, en los incendios, si hubiera una buena política medioambiental no pasarían estas desgracias. Cuidar el patrimonio cultural que es de todos, implicar a la gente que vive allí. En los Arribes no hay población, el campo no se siente como propio y de ahí que vuelvan a ser lugares agrestes, no habitados, pasto de las llamas y que nadie quiere ir a apagar. Mirad, este es el Ayuntamiento, está lleno de obras de un artista que se llama Santiago Delgado.

Ch.A.: Juanje, a mí la foto que me hubiera gustado hacer es la de Martín Patino sentado en vuestro pequeño cine, en las butacas que eran del Teatro Bretón…

J.D.: ¡Ahí guardaba el cura su coche! Luego el pueblo lo utilizó y lo usamos como sala de cine porque hacemos un cinefórum con películas gratuitas, retransmisiones del Teatro Real, teatro con el grupo Garrufayo.

Ch.A.: Las piedras de los puentes, las butacas del Bretón ¡Lo utilizáis todo!

J.D.: Aquí le pedimos ayuda a todo el mundo, tenemos la de Macu Vicente, la de los actores de La Unión Teatro, de Raquel y Edu, los cuadros de Eduardo Delgado… yo lo cojo todo, toda la obra, todo lo que quieran aportarnos.

Ch.A.: ¿Y la aportación de las instituciones? 

J.D.: También, claro, pero hay que darle espacio al municipalismo y evitar el clientelismo de quienes usan los puestos para ir más allá en la carrera política. Aquí se trata de hacer cosas para todos y con todos, la participación se educa, se educa haciendo porque es verdad que todo el mundo prefiere que le den las cosas hechas, pero cuando vives algo puedes transmitirlo.

Ch.A.: ¡Tenéis unas instalaciones muy completas!

J.D.: En este espacio para los vecinos se fomenta la participación, las actividades de las asociaciones, es un espacio abierto donde trabajan dos técnicos, ofrecemos nuevas tecnologías y continuamos con el proyecto Codel de José María Martín Patino, que era un proyecto que impulsaba la relación con la zona fronteriza. Él pretendía dejar un legado, pero cuando desapareció dejó de funcionar aunque aquí lo mantenemos. Y desde el Ayuntamiento hemos lanzado una ventanilla única para que todos se comuniquen con la administración central, queremos ser una avanzadilla porque se cierran las oficinas comarcales. Aquí también tenemos la biblioteca y un salón para clases de yoga, de baile… 

Ch.A.: ¿Por qué tanta importancia de las ferias artesanas?

J.D.: Tenemos presente la modernidad y la tradición. Hacemos ferias de productos locales, de oficios artesanos, hablamos de la gabela, del trabajo comunitario, tenemos una escuela de desarrollo, un trabajo en red muy interesante para promover un espacio agroecológico para crear empleo y economía social. Queremos mostrar Monleras como una iniciativa de espacio alternativo, con un estudio de población en el que veamos como los jóvenes salen a hacer el camino de ida y el de vuelta. Tienen que irse a estudiar, pero pueden volver a instalarse en el pueblo.

Ch.A.: Miguel Corral me dijo que te preguntara cómo cuidar el futuro de nuestros pueblos.

J.D.: Protegiendo el trabajo en el campo, pero también el trabajo de cuidado a las personas mayores que no quieren ni deben salir de su entorno. Tenemos un centro de día e infraestructura para que no tengan que irse de su casa, que estén cuidados y a la vez que cuiden, que sean la memoria del pueblo. Que no haya desarraigo y que hagan un trabajo que sirve de mucho que es mantener la memoria. Hay que potenciar el trabajo artesano, por ejemplo el de la madera, que continúa una tradición de hace siglos, y modernizarlo, como el hecho de hacer jabones a la manera tradicional, quesos ecológicos. Los nuevos artesanos se traen el trabajo consigo y participan en ferias, pero hay que darles facilidades para que se instalen aquí, y guarden un conocimiento que se debe recuperar, que no se puede perder.

Carmen Borrego: Ese mundo artesano se mantiene mejor en Portugal.

J.D.: En Portugal se mantiene más el conocimiento de lo artesanal, pero aquí no, y con cada persona que muere hay un tesoro que se entierra. 

Ch.A.: ¿Cómo concejal de Cultura te ocupas de estos temas de desarrollo? Por cierto, ¿nunca te ha tentado la idea de entrar en la Diputación, por ejemplo?

J.D.: En un Ayuntamiento pequeño todos los concejales nos ocupamos un poco de todo. La política en el nivel municipal se entiende como un servicio, yo lo vivo así. Es donde tiene más sentido si se vive así, en la cercanía. A mí fuera de aquí no se me ha perdido nada. Una de las cosas buenas del municipalismo es que tienes un conocimiento más real de lo que está ahí, de lo que la gente necesita. Todo debe ir a través de movimientos sociales, se trata de cambiar la sociedad desde los pequeños poderes, que tenemos que cambiar las cosas en la toma de decisiones y en la manera de gestionar recursos de forma que mejore la vida de la gente. 

Ch.A.: Pero hay gente que usa el puesto municipal para sus intereses. 

J.D.: Quizás en una zona más grande los intereses son más grandes y no son tan dinamizadores. Quizás si participas de las instituciones superiores, puedes perder la visión, la cercanía. El peso de las instituciones es muy fuerte. 

Carmen Borrego: ¿Y el peso de los partidos? Aunque en un pueblo la gente vota a las personas, no a las siglas.

J.D.: La libertad que te da este trabajo que no depende de las siglas de un partido es grande, porque a nosotros nadie nos impone nada y cuestionamos a quien sea.

Ch.A.: ¿Y en todos estos años no habéis encontrado una oposición frontal? 

J.D.: Oposición frontal no, el ambiente quizás era tenso al principio, pero hemos ido adoptando los acuerdos por consenso, y hemos conseguido los apoyos necesarios. Es verdad que cuando hay algo nuevo, choca, como el arreglo de la plaza, que tuvo su parte polémica, o el establecimiento de La Panera. Siempre hay que tirar para adelante y aunque haya cosas que cuesta entender, después de explicar las propuestas la gente accede porque son cosas de sentido común. Yo soy con vosotras el representante del Ayuntamiento, de Ángel que es el alcalde, pero todos trabajamos en grupo junto a las dos técnicas, Ascen y Mayte, que están en la biblioteca y en La Panera.

Ch.A.: ¿La Panera es un Centro de Interpretación o un espacio cultural?

J.D.: Es el Centro de Interpretación que construimos con una subvención no solo para mostrar la naturaleza del Bajo Tormes, sino para enseñar que la cultura forma parte de la vida de los pueblos, que el patrimonio cultural, humano y natural van unidos. Es un espacio, La Panera que está casi vacío, porque es polivalente y sirve de lugar de encuentro, exposición… aunque cuenta con un trabajo de documentación natural y de un audiovisual, pero también lo utilizamos como espacio escénico para jornadas de todo tipo, sobremesas literarias con poetas que son muy generosos, encuentros…

Ch.A.: Y mucho teatro.

J.D.: Los grupos de teatro se acercan a nosotros y nos ofrecen su trabajo, Monleras es una referencia y están dispuestos a venir por un presupuesto muy bajo ¿Cómo no vamos a hacer que se sientan en su casa? Hay que sumar, hay que vincular.

Ch.A.: ¿Qué es el Territorio del Juego?

J.D.: El Territorio del Juego es un proyecto que no sabemos muy bien adonde nos conducirá. Se hizo con la intención de transmitir los saberes del campo, el lenguaje campesino, los juegos populares, las labores como el encalado, la construcción con piedra y adobe, el uso del horno de pan, la forja, el fuelle antiguo. Está al lado de uno de los brazos del pantano y en la zona del piornal. Al principio tenía construcciones efímeras y luego nos planteamos construcciones sólidas que sigan aquí y aguanten el invierno, como las cabañas de balas de paja. Quizás haya que pensar en una gestión externa de este espacio, pero aún no sabemos, aquí vienen grupos escolares, desarrollamos proyectos que no tienen que ver con el turismo, sino con la educación, la recuperación. Es uno de los espacios de trabajo del campamento. 

Ch.A.: Cuéntanos del proyecto del “filtro natural”.

J.D.: Con el trabajo comunal hemos recuperado las fuentes, los molinos y hemos conseguido que uno de los espacios más degradados del pueblo, con árboles con grafiosis y un regato contaminado, esté limpio. El proyecto de Filtro verde, es como una depuradora natural, el agua se limpia a través del humedal y sigue la depuración en una balsa con un proceso de oxigenación. Colabora con nosotros el Centro de Estudios del Agua de la Universidad y la Confederación, el coste es mínimo y es un proyecto sostenible.

Ch.A.: Eres profesor en el IES Ramos Manzano de Vitigudino, ¿qué piensas del cierre de las escuelas rurales? ¿Tiene escuela Monleras?

J.D.: Tenemos una escuela, ahora se le da importancia a la escuela rural porque los buenos resultados salen de ella, donde el trabajo es más participativo. Es el triunfo de los grupos pequeños, del aprendizaje colaborativo, del contacto con la tierra. De toda esa cultura comunal que es propia de los pueblos pequeños. En el fondo de todo lo que hemos hablado antes.
Rodeado de fuentes de piedra, de chozos donde se resguarda ya no el pastor, sino la memoria de un pasado vivo, el pueblo a las riberas caprichosas del pantano, tierra de Ledesma, puerta de los Arribes, vecina de Vitigudino, vive sus trabajos y sus días entre la tradición y la modernidad. La belleza de quienes hacen de la cultura algo vivo, enraizado que cobra alas para llevar el nombre de Monleras más allá. Hay quien sabe hacer las cosas de otra manera, hay quien es cambio y entrega. Hay quien baja del escenario a clavar los clavos de la tarea diaria. Con humildad, con los ojos profundos del que sabe. Con la cultura que se hace ejercicio de tarea común, de todos y para todos. De ahí que su nombre se confunda con su pueblo y el plural conjugue todos sus verbos.