Martes, 21 de agosto de 2018

Una sola verdad

Después del vergonzoso paripé montado por los asesinos-locutores  de ETA, lo primero que se me ocurre decir es que quienes proclaman a bombo y platillo que la escenificación de Cambo-les.Bains significa el final de la banda, vuelven a equivocarse. O, tal vez, lo saben pero pretenden que los demás sí nos lo creamos.

Desgraciados acontecimientos recientes, que han alterado la normalidad por culpa de sádicos maltratadores de mujeres, han vuelto a poner de actualidad la conveniencia de extremar la rigurosidad de las penas a los que actúan  con verdadera saña, carecen de arrepentimiento y renuncian a su  rehabilitación.  Pues bien, comprobadas reiteradamente la falta de arrepentimiento, la negativa a pedir perdón, el continuado desprecio mostrado hacia víctimas y familiares y la negativa a colaborar con la Justicia, todavía existen individuos partidarios de mostrarse condescendientes con los asesinos de ETA.

Es cierto que lo que ellos llaman “conflicto armado” entre España y el País Vasco     –primera mentira de ETA, porque aquí lo único que ha habido es una banda de asesinos que, desde el principio, ha querido ejercer “su” política matando traicioneramente a personas inocentes- comenzó en tiempos de la dictadura. Ello originó que algún incauto pudiera pensar que, muerto Franco, ETA dejaría de matar para valerse del juego democrático en su lucha por la regeneración de su Euskalerría. La triste realidad, sin embargo, ha demostrado que la dictadura fue sólo una disculpa. ETA, durante más de 50 años, es responsable de más de ochocientos muertos y miles de damnificados, pero no pocos de esos muertos lo han sido ya en democracia. Una cuadrilla de asesinos que actúa de forma anárquica, que se declara socialista – de la escuela de Marx y Lenin-, que pretende la independencia del País Vasco (anexionándose previamente Navarra) y  que no se arrepiente de nada, nunca podrá ser considerada como organización política. Sencillamente, representan el cáncer de la democracia.

Con los planteamientos de ETA,  no cabía otra solución que la respuesta del Estado con los medios legales a su alcance. No fue nada fácil oponer la ley y la democracia a una violencia salvaje. Los desiguales métodos empleados hicieron que los muertos cayeran mayoritariamente del lado estatal. ETA siempre pensó –y lo sigue pensando- que las bajas del “enemigo” eran justas, porque la razón estaba de su lado. Por eso, los enfrentamientos de comandos con las FCSE (o los accidentes al manipular explosivos), que trían como consecuencia la muerte de algún etarra, solían ir acompañados de la consiguiente venganza con más muertos inocentes. Si a todo ello añadimos la especial facilidad de que disponían los comandos terroristas para sustraerse de la acción policial refugiándose en Francia, llegaremos a comprender mejor la excesiva prolongación del “conflicto”.

Pasada la etapa de inacción francesa, y llegada la colaboración entre ambas policías, la eficacia, abnegación y entrega de nuestras FCSE acabó dando su fruto. Uno tras otro fueron cayendo los distintos comandos que operaban a ambos lados de la frontera y fueron resueltos no pocos de los casos atrasados. No cabe duda que el horrendo atentado de las Torres Gemelas significó un antes y después del terrorismo. Sirvió para más de una nación dejara de mirar para otro lado y abriera los ojos a una triste realidad: el terrorismo es la nueva forma de guerra adoptada por los enemigos de la democracia y los que, amparados en falsos tics étnicos o religiosos, buscan obtener por la violencia lo que no pueden conseguir con los votos y con la ley. Esa guerra emprendida por el terrorismo ha sido respondida con firmeza y con la colaboración de los estados afectados.

Digámoslo claramente. La única verdad de este “conflicto” es que ETA ha sido derrotada con la ley y, si no ha continuado su guerra, es porque no ha podido. Ha sido vencida en buena lid, pero no quiere reconocerlo. Por eso, es muy peligroso creer que siente lo que dice. La prueba es que no se arrepiente del daño causado ni reconoce a las víctimas del “enemigo”. Si esa ha sido su forma de hacer política hasta ahora, y no se muestra dispuesta a devolver todo el arsenal que esconde, se niega a colaborar en el esclarecimiento de más de trescientos asesinatos pendientes, que nadie pretenda hacernos creer que la “política” que desarrollen a partir de ahora no va a ser la misma. En el desdichado comunicado de Cambo-les-Bains, con la clac de lo mejor de cada casa en materia terrorista y la compañía de nuestros marxiflautas morados, se pide claramente la impunidad de los no juzgados y la amnistía para los presos. Se ve que su Rh es distinto al de violadores, asesinos, traficantes o corruptos, que sí deben continuar pagando por sus delitos. Si el hombre bueno que nos propone ETA, es Arnaldo Otegui, o alguien como él, ya sabemos lo que le espera al País Vasco y a Navarra.

Que haya “arribistas” foráneos dispuestos a echar una mano a ETA, no debe extrañar a nadie que se preocupe de  rascar la piel a esos personajes resentidos e interesados. Que las ayudas vengan de políticos del interior con aspiraciones nacionalistas, también era de esperar. Ahora bien, que la condescendencia con los etarras provenga de partidos y políticos que se tienen por constitucionalistas, debería servir para que sus posibles y futuros votantes sepan en manos de quién ponen el futuro de España. La sensibilidad con quien demuestre arrepentimiento; con el resto, todo el peso de la ley.