Martes, 21 de agosto de 2018

La importancia del día a día, entre la vida y la escuela.

Hace no mucho me dijo un catedrático universitario, “ me paso más tiempo diciendo cómo doy mis clases que dándolas”. Sabia reflexión, yo he tenido un abril muy interesante, la Semana Santa en familia, después el viaje por Eslovenia, Croacia y Bosnia con los chicos de Santiago y dos de mis hijas, un viaje a Budapest para una reunión de Educación No Formal europea de los Escolapios, y nuevamente rutina de clases e intento de resolución de conflictos entre vidas de niños complicadas pero esperanzadoras. Todo esto sin olvidar el paso de TVE grabando a algunos mayores como vidas que puedan servir de ejemplo de superación.

Qué bonito parece todo, pero tiene dosis de dolor. Por ejemplo, un educador que manda a un estudiante de formación profesional básica a las prácticas cuando se quería quedar en la cama y este le agrede, el educador decide no defenderse y poner la otra mejilla y con ayuda del equipo conseguir que el chico vaya a las prácticas.

Imaginaros el privilegio de trabajar al lado de alguien así en la Casa Escuela. ¿Podéis adivinar la trascendencia de estas acciones?, aunque el chico en un principio no lo entienda e incluso lo entienda al revés. Esta escuela sí transforma realmente la sociedad a mejor. Estos seguidores de Gandhi y Jesucristo sin corona y encarnados en maestros, dan sentido a una educación para la vida y desde el yo personal para con los demás.

Esto que cuento es una realidad, es verdad que algunos educadores pasan miedo, que muchos chicos también lo pasan y que esto no es una realidad traumática sino muchas veces gozosa y privilegiada y elegida por los adultos y no siempre por los menores que a veces no han tenido otra elección.

Cuando este educador y psicólogo, decía no haber querido ser excusa para un nuevo rencor, yo creo que  ayudó a curar varios.

Como decía otro educador está es la pasta de la que está construido este equipo educativo.

Preparamos un final de curso con final feliz, un gran esfuerzo final para celebrar títulos, pero sobre todo servicios a la sociedad y a los hermanos de aula y asamblea.

Una traca final que navegará en barcos de fuego por el Tormes y llegará a Marruecos y depende del caso hasta donde la corriente nos lleve, hasta el Cabo de las Tormentas primero y luego de la Esperanza, cuando aquel Portugués llegó ya en mil cuatrocientos y pico.

Sigamos conviviendo en la escuela de la vida, acompañando a estos chicos sin juzgar, exigiéndonos al máximo, sin sermones, estudiando una barbaridad y arriesgando, aunque por favor, no hace falta llegar a lo de la mejilla todas las semanas.

Después de las lluvias ha llegado una  primavera que hay que pasear con prismáticos y lupa para hacer buena escuela en este final de curso.