Martes, 21 de agosto de 2018

Don Pedro Pérez, al medallón

 

Sí, tiene suficientes méritos para subir a un medallón de la Plaza, tanto por su obra como por su vida.

Durante su episcopado y por sus gestiones el Estudio General de Salamanca alcanzó el título de Universidad por los Estatutos otorgados por el rey Alfonso X en mayo de 1254; ya en 1218 había recibido del rey Alfonso IX el honor de Studii Generalis, aunque al menos desde 1172 contaba con un Estudio Catedralicio con su rector o maestrescuela, que en ese año era el inglés Randulfo, el de Cantorbery, que ya es decir. Por eso las diferentes “celebraciones” de distintos centenarios, que bienvenidos sean.

Y piden, obispo y rey, al papa Alejandro IV el ius ubique docendi que le es concedido al año siguiente y que hace del Estudio General una verdadera “Universidad”.

 Cedió a los dominicos la parroquia de San Esteban, con el cementerio adjunto y las casas adyacentes, cuando su convento, que estaba en las orillas del Tormes, fue arrasado por la riada del 3 de noviembre, llamada desde entonces de los Difuntos.

Falleció el día 30 abril, por eso lo recuerdo en estos días, como consta en el libro antifonario; si se le aplica la reforma gregoriana (cuántos errores de fechas provoca aquel cambio que muchas veces se olvida) sería el 10 de mayo, diez días más tarde.

 

 Está enterrado en la Catedral Vieja, en la capilla de San Martín, de la que fue fundador y allí sigue su sepulcro, a la izquierda de la puerta de entrada y del que sólo se conservan la inscripción, con letra gótica del XIV, y el arcosolio.

 

A esa inscripción, muy bien conservada y en la que alternan líneas en color rojo y negro, quiero referirme ante todo, porque es la inscripción sepulcral más bella, a mi parecer, de toda la catedral, superando a la de Randulfo que reproducía yo también hace unas semanas.

 

 

HIC PRESVL PETR(US) PETRI IACET, ALMA MARIA

EI(US) SIS ANIME DVX, VIA, VIRGO PIA.

EGREGI(US), SOCI(US) HVMILIS, PI(US) ATQ(E) BENIGN(US)

VIR FVIT ET PACIENS, PRELATI NÑE(NOMINE) DIGN(US),

OĨB’(OMNIBUS) HOSPICIVM FVIT. HI© GAVDENS DARE DONVM,

CLERI PRESIDIVM, PROMT(US) AD O(MN)E BONVM

HIC EXP(L)ENDEBAT, DA(N)S CV(NC)TIS QICQID HABEBAT,

HIC DARE NON RENVIT, MENS DARE TOTA FVIT.

PRESVLE DE PET(RO) BREVITER VOLO DICERE MET(RO)

QUEM TEGIT H(A)EC PETRA, PER MEA SCRIBO  METRA,

MORS FVIT IPSI(US) MVLTIS LACRIMABILE FVN(US).

HVIC MISERERE, DEVS, QI REGNAS TRIN(US) ET VN(US)


Aquí yace el obispo Pedro Pérez. Madre María, de su alma sé guía y camino, Virgen piadosa.  

Fue varón egregio, compañero humilde, piadoso y benigno, paciente, digno del título de obispo, 

para todos fue acogedor, contento de hacer dádivas, amparo del clero, siempre dispuesto

a todo lo bueno. Era espléndido dando a todos todo cuanto tenía. 

No rehusó dar, todo su pensamiento era dar.

Quiero hablar brevemente en verso sobre el obispo Pedro:

A quien cubre esta piedra canto yo con mis versos,

su muerte fue para muchos un funeral lleno de lágrimas.

Oh Dios que reinas trino y uno, ten compasión de él.

 

No es fácil decir más en nueve líneas y tres versos.

Por eso, por su bondad y virtud, que buena falta nos hacen siempre personas que sean referentes de vida recta y de humanitaria dedicación, lo traigo aquí y propongo llevarlo a la Plaza. Estos son, o debieran ser, los verdaderos “influencers”, como ahora ridículamente se dice, para nombrar a una persona con peso y credibilidad. Pues el obispo Pedro Pérez, obispo de Salamanca hace 800 años, es de verdad, o debiera ser, un personaje influyente y con peso en la memoria de esta ciudad.

Por eso tiene categoría y altura para subir a un medallón que además conmemore también así el octavo centenario de la Universidad, a la que su nombre va inevitablemente unido desde hace ochocientos años y pico.

      Nota adicional

En estos tiempos de bote pronto y de baja estatura no son de esperar gestos altos y altruistas, sino más bien cosillas menudas y a salto de intereses y conveniencias, como bien puede verse. Son tiempos de ocurrencias. Como si no hubiera historia ni posteridad. ¡O tempora, o mores!.

Marco Tulio pronunció esta famosa frase en el Senado romano el 30 de noviembre del 63 a.C. Luego los populismos de entonces, tan fuertes, le harían pagar cara la valentía de aquellos días, con el silencio de César y la venganza de Pompeyo.  A veces parece que la historia se repite.