Martes, 21 de agosto de 2018

Eugenio de Nora: pasión de la poesía

Cuando cursé “preu”, allá por el curso, ya tan lejano, de 1969-70, una de las más fascinantes novedades para un estudiante de letras era la asignatura de literatura contemporánea. El manual, además, iba acompañado por una antología de textos, a través de la cual, descubrí no pocos autores españoles que hasta entonces ignoraba. Uno de ellos fue Eugenio de Nora (Zacos, León, 1923). Me llamó la atención, de sus poemas seleccionados, su claridad y luminosidad, al tiempo que su palabra emotiva. Percibí en aquellos versos un sentimiento de la naturaleza y del ser humano, que vibraban en mí.

Luego, a partir ya de aquel curso, fue sabiendo adscribir la figura de Eugenio de Nora como perteneciente a uno de esos grupos de poetas de postguerra –el denominado por Dámaso Alonso como “poesía desarraigada”–, en cuya palabra resuena la herida de la guerra civil y de la segunda guerra mundial, el desasosiego existencial, unos acentos sociales que se intensificarán después, un sentimiento religioso no complaciente, entre otros rasgos que marcarán una poesía, que ya en el primer franquismo va a la contra de aquella España cerrada.

Uno de los estandartes de aquel modo de poetizar –en el que, aparte y además de Eugenio de Nora, se encontrarían autores como Victoriano Crémer, Blas de Otero o Gabriel Celaya, entre otros– fue la revista leonesa ‘Espadaña’, creada en esta ciudad por Nora, Crémer y el ilustrado y sensible sacerdote Antonio González de Lama.

Todo lo que decimos es ya historia de la cultura y de la poesía española contemporánea. Acaba de morir Eugenio de Nora hace escasos días. Nos sorprende el silencio con que tal acontecimiento biográfico ha sido acogido por la prensa nacional. Apenas se ha dado la noticia. La poesía –como indica otro poeta leonés, este mucho más joven– ha caído en desgracia.

Acudo a mi propia biblioteca y me encuentro con dos hermosas obras poéticas de Eugenio de Nora (dos verdaderas rarezas bibliográficas): ‘Amor prometido’, que editara en Valladolid, en 1946, ‘Halcón. Colección de poesía’, uno de cuyos poemas está dedicado nada menos que a Ángel Álvarez de Miranda, historiador de las religiones cuya obra admiramos. Y ‘España, pasión de vida’, editado en Barcelona, en 1953, el año de nuestro nacimiento, en los “Cuadernos de poesía ‘Boscán’”, al obtener el Premio Boscán de 1953, fallado en la ciudad condal. El ejemplar de este último nos lo dedicaría el propio autor en nuestro primer encuentro: “Para José Luis Puerto, celebrando haberlo encontrado hoy, 25 de febrero de 1997. Desde ahora, su amigo Eugenio”.

Coincidiríamos, seguro, como miembros del jurado acaso del Premio ‘Provincia’ de Poesía, fallado bienalmente en León. Eugenio de Nora es ya una voz histórica en la poesía española contemporánea. Sus dilatadísimos años de docencia universitaria en Suiza lo tuvieron apartado del panorama cultural y poético español. Fruto de tal tarea docente es ese libro de estudio, en tres documentadísimos volúmenes, sobre la novela española contemporánea, que consultamos de continuo, aparte de por su información, por sus juicios tan atinados y válidos aún.

En Eugenio de Nora –una personalidad fuerte y un tanto controvertida; eso nos pareció siempre que con él coincidimos– se advierte, sobre todo y siempre, esa pasión de la poesía. Y, en nosotros, sigue viva aquella primera lectura que realizáramos de sus poemas en aquella antología de “preu”, que nos descubrió su nombre.

Desde entonces, la poesía de Eugenio de Nora siempre ha sido santo de nuestra devoción.