Domingo, 15 de diciembre de 2019

No todas las palabras

En estos días de indignación ciudadana –que compartimos–, por las inadecuadas sentencias judiciales dictadas en Pamplona, por la violación en grupo de una “manada” de hombres (?) a una joven, en los sanfermines de Pamplona de 2016, nos acuden a la mente, también, unas reflexiones sobre las palabras y la pertinencia o impertinencia de su uso.

Una de las consignas que hemos visto rotuladas y que hemos escuchado, por los distintos medios informativos que han cubierto la información de las protestas y manifestaciones ciudadanas, ante una sentencia tan suave para con los agresores y tan insuficiente para la víctima y su ultrajada dignidad, es la de: “Nosotras somos tu manada”.

Algo rechina en nuestra conciencia ante tal uso –sin duda, irreflexivo– de la palabra “manada”, que quienes se han manifestado (en defensa de la víctima y de la dignidad humana) han tomado de los agresores (“la manada”), para trasladarla al ámbito de la víctima (las mujeres como “manada” de la víctima).

Y nos hemos preguntado: ¿los seres humanos somos “manada”, o somos, más bien, seres que, en su dignidad y en el uso de su libertad, nos relacionamos con los demás, de forma civilizada, digna y libre, sin que se interponga de por medio la agresión ni la violencia ni la indignidad ni el dominio de unos sobre otros.

Porque, si utilizamos las palabras en vano, de modo irreflexivo, sin darles importancia, caemos en todos esos abismos que tratamos de denunciar y por los que nos indignamos. No todas las palabras valen, sin más. Porque, si aceptamos sin más el término “manada”, ¿no nos estamos animalizando y bestializando, perdiendo entonces nuestra condición de seres humanos dignos, con sensibilidad y con conciencia?, ¿no nos estamos deshumanizando?

No somos “manada” de nada ni de nadie. Somos –y eso tratamos de ser siempre– seres humanos civilizados y libres. De lo contrario, perdemos toda nuestra humanidad, nos vaciamos de ella.

Acudimos al diccionario de la RAE, tratando de que nos arroje alguna luz. Buscamos el término “manada” y se nos dice: “Hato o rebaño de ganado que está al cuidado de un pastor.”, “Conjunto de ciertos animales de una misma especie que andan reunidos.”

En tales definiciones, no aparece ni rastro de seres humanos. Solo hay manadas de ganados y de animales. ¿Por qué, entonces, “manada”? Y no queremos que nadie nos pastoree. No somos animales. Somos seres humanos que aspiramos a la plenitud, a la dignidad, a la libertad, a ensanchar los espacios civilizadores en los que todos nos sintamos plenamente realizados.

No utilicemos las palabras en vano. No todas las palabras valen. Y, entre estas últimas, habría que tachar y excluir la de “manada”.