Martes, 23 de octubre de 2018

Asco

A veces la indignación calcina por dentro, revuelve la intención, desorienta la mirada, paraliza y vierte mares de estupor que enmudecen el grito. Había escrito otro artículo. Sobre la paja en el ojo ajeno, o sea, sobre las “medidas” –censoras- que algunos gobiernos, mentirosos ellos, quieren tomar “contra” las noticias que mienten cosas distintas de lo que a ellos les parece mentira (sí, lo sé, ya lo había escrito, la paradoja del mentiroso, Nietzsche y la mentira extramoral, pero no me parecía redundante...). Había logrado “olvidarme” (casi) del bochorno de todo lo que pasa en Madrid, y cómo huelen de mal sus próceres, y que no me abochornase la trastienda de un supermercado de Vallecas y la pura cutrez de los gobernantes, aunque al respecto me viniese Serrat al recuerdo, “...es más turbio cómo y de qué manera / llegaron esos individuos a ser lo que son /ni a quién sirven cuando alzan las banderas...”, y había tratado de no acordarme de lo mucho que me avergüenzo por las risitas que tengo que soportar cuando viajo y digo que soy español... Quería fijarme en el (lejano, sí) punto de esperanza de la reunión de los dirigentes de las dos Coreas, y hablar de que sí, que hay noticias que no son tan negras, e imaginaba, como Lennon, que hay cosas que a veces insuflan (algo) una pequeña dosis de esperanza... “Imagine all the people / living for today...  / imagine there's no countries  / it isn't hard to do...”  y, además, parecía primavera y hacía sol y...

...y se publicó la sentencia “contra” esa horda de hienas violadoras que a sí misma se llaman “La Manada”... y ya... ya no pude... como que se nubló todo...Y borré los temas que quería hoy compartir con los lectores que me queden, hasta el elogio de Scorsese se me emborronó “...you talkin’ to me?”, y aporreé rabiosamente este teclado con adjetivos, insultos, indignación, llanto...; y no, no me alcanzaba el idioma para la rabia, ni el lenguaje para el grito y, sobre todo, no me llegaba el ánimo ni la vergüenza ni el pensamiento para traducir a palabras los bosques arrasados de lágrimas desde entonces en mi cabeza... Me puse enfermo al leer esa “condena”... lo estoy todavía... evoco, por hacer eco de mí, esos versos de Lorca “...el llanto es un perro inmenso, / el llanto es un ángel inmenso, / el llanto es un violín inmenso...” Así que, bueno, destacaré la única palabra que se acerca tibiamente hoy a mis sentimientos:

A S C O