Miércoles, 22 de agosto de 2018

Sentimientos no compartidos

“La caza es la actividad humana más antigua. Durante largo tiempo fue del brazo de la pesca y con la recolección de frutos silvestres, que en los años más remotos, representaban para las poblaciones, los únicos recursos alimenticios, al alcance de sus organizaciones primitivas”

-Aún perduran los ecos de la gran manifestación de los cazadores salmantinos y nacionales en defensa de la Caza Deportiva. En defensa por el acoso reiterado y sin fundamente que sufren por parte de grupos determinados, que en las redes sociales se vuelcan virulentos en contra de esta actividad  humana…  ¡Por Dios diría nuestra inefable Mari Loli!

NO, no voy a echar más “leña al fuego” sobre este asunto tan desagradable y feo. Y creo que podía avalarme el poder hacerlo, los más de 40 años que estuve escribiendo en Prensa de la caza deportiva; muchos también “platicando” en la Radio e igual en Televisión… ¡Anda… que no he contado Historias Humanas de este deporte y también conocido a gente irrepetible que lo practica desde el amanecer al anochecer. Anda… que no he escrito, radiado y presentado sobre ello. Anda… que no he practicado este arte; desde que a los 8 años de edad, allá en mi querido pueblo adoptivo de El Cerro, comencé la andadura cinegética junto a mí padre, médico del bello lugar, andadura, que hoy a los 83 años y medio de edad con los que cuento, continuo practicando fervientemente. Y en ese largo intervalo, anda… que no he sentido veces: “el sol de agosto que incendia la llanura y el sudor en la piel que gotea perlas amargas sobre la faz sedienta”. O tener, “frío de mármol en la frente y los nudillos ateridos” (Nicolás Dorado). Sí, ha sido una actividad que me hizo más fuerte de cuerpo, de espíritu y de sentimientos.

-No, no voy hoy a escribir de la Manifestación de Cazadores, que tuvo su importancia sin duda. No, hoy voy a daros unos retazos de lo que personas significadas en la Caza y Literatura-pensaban sobre algo que amaban, y lo expresaron con sapiencia y práctica-.

“De ahí, que estas –Crónicas- sean símbolo de lo que debe ser un hombre que por amor a la caza quiere a la tierra que pisa, a las aguas que bebe y-en último extremo-a esas adorables criaturas que a la postre, son objeto de nuestras ansias cazadoras”. (Jaime de Foxá)

-“La caza ocupó, pues, desde los primeros tiempos un lugar importantísimo en la existencia del hombre. Esencial al principio para su subsistencia, pronto fue organizada y dirigida, y tuvo sus reglas, sus costumbres, sus tradiciones y lenguaje. Fue cantada por los poetas; narraciones, cuadros y tapices “ilustraron el juego divino”.

… a mí entender la caza es una disciplina múltiple. Ante todo física, pues hay que saber andar, correr, trepar, aquilatar el valor de las huellas en el suelo, con un adiestramiento del cuerpo que produce brazos recios, piernas de acero, ojos que lo ven todo; un cuerpo arrancado a la ciudad y devuelto a sus funciones primitivas. Pero también moral, por el necesario dominio sobre uno mismo, por la voluntad inquebrantable de comportarse correctamente, a fin de sentirse al final de la jornada de caza, satisfecho y contento de sí mismo” (Paul Vialár).

“Luego lo de Tudela. Para mí que va a ver lio. Mucha afición contenida traerá el cazador. La caza en estos tiempos es una válvula de escape para el hombre de ciudad muy cansado del siglo XX, y que como dijo aquel filósofo que sabía tanto de caza, “arde” en deseos de poder silbar a su can, colgarse la escopeta, echarse al campo y sentirse paleolítico… por unas horas” (Nicolás Dorado. GUARDA MAYOR)

“Desde tiempos muy remotos la caza con galgos ha estado muy arraigada entre las clases populares que buscaban una fuente de alimento barato. Afortunadamente en los tiempos actuales ello ha cambiado y hoy día la caza con galgos se ha convertido en algo más. Es una forma de entender la vida. Y eso, en la zona de Cantalapiedra (Salamanca) se pone de manifiesto todos los años durante la temporada de caza de la liebre” (Francisco Javier Martínez).

(Personalmente yo quiero tener hoy desde esta -OPINIÓN- un recuerdo especial y agradecimiento para la familia galguera-IGEA- de Cantalapiedra y agradecimiento por su saber estar y amistad).

“Al traspasar una loma me vi sorprendido al contemplar en un arenal formado por el arrastre de tierras ocasionado por la lluvia torrencial caída tras la tormenta; por unas huellas de bota de caza que estaban marcadas nítidamente en él. Eran las mías dejadas en otra jornada de caza. Hoy, ante la mirada sorprendida de “Numa” la dócil compañera de jornadas cinegéticas, he vuelto a poner los pies en ellas y eran ¡coincidentes!... Reanudé la marcha pensando, que en esto nuestro de la caza, son todos pasos encontrados, pero que, como en la vida misma; muchas veces no tenemos la suerte de que sean coincidentes”. (Anselmo SANTOS)

Termino con una-Reflexión en voz baja-que no es mía, pero si compartida: “A veces me pregunto qué clase de hombre hubiera sido, si desde mí más tierna infancia no hubiera conocido la caza; posiblemente distinto, con seguridad, menos humano”. Pues eso.

                                                                     Y… ¡Ahí lo dejo!