Martes, 18 de septiembre de 2018

Los límites sociales en la forma de vestir

Esta es la noticia: La joven, estudiante en el instituto Branden River de Florida, relató al diario norteamericano la desagradable situación que vivió recientemente cuando decidió acudir al colegio sin sujetador. Asegura que un profesor decidió expulsara de clase porque sus pezones estaban siendo una “distracción” para el resto de alumnos. Ella relata que fue conducida posteriormente a la dirección del centro y allí fue nuevamente amonestada por no llevar ropa interior.

Este un hecho en uno de nuestros Institutos: un profesor pide en el claustro que se pongan normas para evitar cierto tipo de besos en los pasillos, etc. Se discute y no llegan a un acuerdo porque algunos profesores preguntan si las normas deben poner límites precisos como: el lugar dónde se besan, el tiempo del beso, qué se besan, la profundidad de beso, si es con lengua o no, etc.

Una profesora del Departamento de Sexología de la universidad de Montreal, me dice, “se están sobrepasando los límite, yo he llegado a expulsar de clase a una alumna por su forma de vestir muy provocadora, esto no se puede permitir en clase”. En este caso, puedo asegurarles que no es una profesora sexofóbica, sino una educadora sexual de prestigio.

En estos casos, si se entra en la casuística, como se hacía cuando llegaron a medir la minifalda con qué se podía visitar una iglesia o se cubrían ciertos escotes en la televisión franquista,  llevamos la discusión al ridículo.

Pero es un tema serio, con independencia de que no sé si estos  profesores eran sexofóbicos, obsesionados con los peligros de la sexualidad, o adultos bien socializados, con un sentido social del respeto a los demás.

La dificultad de este asunto es grande porque, por un lado, las sociedades cambian en su criterio sobre los límites que exige el respeto y la buena educación, tanto en la forma de vestir como de comportarse: ¿Qué hubiera pasado si en los años 60-70, nos hubiéramos levantado un día y al salir a la calle, ir a clase o al trabajo, o ver la televisión, por poner unos ejemplos nos hubiéramos encontrado con lo que se puede ver  hoy?

Aún más, los límites son distintos en cada sociedad: ¿qué pasaría, si un profesor o profesora, echara de clase a una chica en la universidad española  por este motivo?

¿Qué opina usted?  Los límites que de una u otra forma propone la sociedad son imprecisos, se rompen con frecuencia en la sociedad actual y, a veces, la persona que tiene que aguantarse es a la que se le falta al respeto. Claro que también puede suceder que haya personas a las que le molesta casi todo.

Yo me atrevo a proponer, solo para animarles reflexionar, (a) que las personas tendrían que ser más libres,  sexualmente hablando, cuando están en  intimidad y menos provocadoras cuando están en público;  (b) reservar  las conductas que buscan excitarse o excitar a la pareja para la intimidad; (c) adaptarse en las formas de vestir a lo que en cada época resulta  aceptable para la mayoría, (d) aprender a estar socialmente en diferentes contextos, diferenciando entre lo apropiado o claramente inapropiado para la mayoría; (e) ser respetuoso con los demás y, la vez, tolerante con los criterios de los demás en estos asuntos. Todo ello, para no bascular de sociedades puritanas y sexofóbicas, como ocurría en el pasado, a sociedades en las que ser mal educado o molestar abiertamente a los demás sea entendido como un ejercicio de libertad.