Jueves, 16 de agosto de 2018

Entre jaras y olivares

La culebra multicolor de senderistas por entre jaras y olivares ha llegado a La Code, la comida es entre peñas, el chupito de aguardiente carraspea, los manteles recogidos, la flauta y tamboril anuncian fiesta, la música está servida. Señores, pasen y bailen. Unos bailan la Jota, otros charlan o dormitan…, mientras los rapaces el Bugallo y el Lagartijo se han enzarzao en una pelea de rapaces azuzados por unos y por otros:

- Lagartijo, ponle la zancadilla –gritaban unos.

- Bugallo, trábale la pierna y túmbalo –gritaban otros.

- Lagartijo, agárrale por la camisa –incitaban los unos.

- Venga, venga, Bugallo, tírale del tirante – azuzaban los otros.

- Lagartijo, tírale de las greñas –chilló uno de los unos.

- Bugallo, tápale los ojos –gritó otro de los otros.

- ¡Venga, venga, Lagartijo!,

- Venga, Bugallo, ¡venga!

Se acercaron el alcalde, el tío Antaño y el tío Lesnas a separarlos, diciéndoles:

- Pero, ¿por qué os pegáis?

- Si no nos pegamos, estamos echando una vuelta a ver quién tumba al otro.

- La culpa la tiene él, –dijo el Bugallo- que le enseñé en secreto un nido de revalva con tres huevos y después él se lo enseñó a Pepe el Conejo.

- Él hizo lo mismo con un nido de verderón que le enseñé con pájaros en carninas.

- Y ¿qué tiene de malo que enseñéis los nidos a los amigos? –dijo el tío Antaño.

 - Esto son secretos con juramento entre amigos –respondió el Bugallo.

- ¿Y cómo es ese juramento? –preguntó el alcalde.

- Antes de decirle yo el secreto del nido, -dijo el Bugallo- él cruza los dedos así: el dedo índice formando cruz con el dedo gordo y dice: “lo juro por esta Cruz bendita”, él besa la cruz y entonces yo le digo el secreto.

- ¿Y si no guarda el secreto? –preguntó el tío Antaño

- Pues que comete un pecao –contestó el Lagartijo- como hizo este cricas.

- Y tú mocoso –dijo el Bugallo haciéndole momos con la lengua y la nariz.

- Pero no decíais que estabais jugando –dijo el Lesnas.

- Bah, con este gaita no se puede “juegar”.

Así eran los juegos y los pataleos de aquellos rapaces. Y eran felices jugando y riñendo como amigos. Y estos desgarramantas no hicieron las paces, continuaron jugando como si nada hubiese pasado, porque estas peleas eran su juego.

En este momento vieron un nido de rabilarga en lo alto de un roble muy delgado y para decidir quién trepaba al nido el Bugallo lo echó a suertes silabeando el sonsonete:

¿Quién tiró ese pedo
que huele e a caramelo?
Al tu-ru-ru-rú
que fuiste tú.
 

¡Zas! y le tocó trepar al más enclenque, al Zarajuelles. Cuando estaba éste en lo alto del roble los otros zarandeaban el roble para asustarlo y el Zarajuelles les gritaba:

- Repuñeteros, no sacudáis el árbol que me espantáis la pájara.

- Venga, venga, a espantarle la pájara. El Zarajuelles bajó enfurruñao y dijo:

- Ahora me voy. Y los rapaces le cantaron:

Se va el Caimán
Se va el Caimán.
Se va pa La Solijera
Se va, se va y no vuelve más.

Así curaban los berrinches y los cuajos entre aquellos renacuajos. Mimos no.

El baile se ha terminado, los senderistas entre guindales y cerezos en flor retornan tranquilamente al pueblo y La Code se queda solitaria. Es una tarde templada de abril.

En esta tranquilidad los senderistas Manolo y Adelaida se sientan sobre una lastra a la solana de unas peñas mirando al Duero. Él la cogió de la mano, no por costumbre, si no por primera vez que tiene mayor emoción, y dijo:

- Adelaida, esto es grandioso. Sí, esto es grandioso, Adelaida - Ella calló mirando al Duero.  A Manolo le gusta repetir el nombre de Adelaida.

Él, mirándola, se olvida del cañón del Duero y posa su brazo por encima del hombro de Adelaida y al mirarla ve en ella unos ojos grandes como soles que se han vuelto con ternura hacia él. Algo flota entre ellos. Este gesto de aproximación fue la síntesis de este momento, un mundo de luz dentro del ya mortecino atardecer de la tarde. El aguadel Duero lo llena todo de energía, energía que vivifica también a los dos y esta energía cósmica que ha llenado todo el cañón desde su origen a lo largo de siglos, de soles y de lunas, de estiajes y riadas, de luces y de sombras, de catástrofes y bonanzas, de victorias y derrotas, hasta que hoy puede decir él a ella:

- Te quiero. Ella giró la cabeza y clavó sus ojos en los de Manolo, luego apoyó su cabeza en el hombro de Manolo provocando en él un estremecimiento como si todo el promontorio de La Code se hubiese desplomado hacia el Río. Se sintió estar lleno de soles, lleno de ojos negros, lleno de una sola mujer. Ahora Manolo bendijo el impulso de haber venido al Senderismo, a La Code, haber visto jugar a los rapaces de Mieza, de estar en esta escena con Adelaida, nueva para él, pero escena repetida aquí todos los atardeceres durante siglos, mientras el Duero tallaba estos picones grandiosos.

Ella le acarició su cabeza y él emocionado atrajo y apretó el hombro de Adelaida contra él. Ella tenía los labios entreabiertos como ofreciendo una promesa, como una entrega a plazos. Él rodeó su cuello con el brazo, acarició su pelo y sintió este momento como definitivo y quiso hacerlo eterno. Así, tan pegada a él, como si fuera otra cabeza suya, con dualidad de pensamientos, de deseos, caras, ojos.

El arrebol de las nubes del crepúsculo, heridas por el sol moribundo, teñía de oro la cara morena de Adelaida y el sol, cansado y herido, se hunde en el horizonte para que los hombres por la noche deseasen otro sol. Se había hecho tarde. Las sombras ennegrecían el cañón y se habían elevado hasta lo alto del abismo, del abismo del olvido, del olvido absoluto de sí mismos, el cero absoluto del olvido. No sentían la frontera que mantiene el rigor entre lo que pensaban, sentían, deseaban y lo que les estaba permitido pensar, sentir y desear. Volvió a mirar los labios entreabiertos de Adelaida, miró a sus ojos y se encontraron sus miradas formando dos líneas rectas.

  • no… lo, -silencio inquietante-, eres un sentimental emocionándote con el Río. Ella se esforzó por estar seria, pero le falló el esfuerzo y comenzó a reír. Y rieron los dos como niños.

- No, Adelaida, ahora me emociono porque estás tú aquí, ahora, en La Code,en…

Un sentimiento, aún no escrito, estalló en el aire como fuego de artificio y retumbó sin sonido a lo largo del cañón multiplicándose en miles de ecos indefinidos.

Un mochuelo encendió sus ojos de amarillo y “maulló”:

Es La Code
un sendero y un temblor,
un altar de enamorados,
un: -Te quiero.
-Ay amor,
regálame un verso,
con impulsos insolentes, prohibidos y deseados...
Con tus ojos dame el beso.
Y un buitre graznó
-¡Silencio en mi santuario. !

Estos versos se esparcieron por el aire como pétalos de rosas y fueron a posarse suavemente en los cuatro miradores de La Code. Está naciendo un nuevo sendero de vida en La Code, sendero humano. ¿Será esto el sabor del amor de pueblo?

Esta fantasía irreal está hecha ya constelación durante años a lo largo del camino de La Code porque éste camino ha sido el paseo de todas las mocedades durante siglos en los domingos de cuaresma cuando los dos salones de baileestaban cerrados.

Por todo esto La Code es sendero, es travesura y es juego, es canto y algarabía, es baile, es música y poesía, es brisa y es en-amor.

Por esto el camino de La Code también es nostalgia para el abuelo Antaño.