Martes, 21 de agosto de 2018

Cómo comportarnos visitando a un enfermo de cáncer

Muchas veces no sabemos cómo debemos hablar ni comportarnos ante una persona que sufre éste síndrome

Cuando vaya a visitar a un amigo enfermo, escúchelo con atención y trate de comprender cómo se siente. Antes de hablar, piense bien lo que va a decir, no vaya a ser que, sin quererlo, diga algo que hiera sus sentimientos. Tampoco se sienta en la obligación de ofrecer consejos. De seguro, él no espera que usted tenga la solución a todos sus problemas ni la respuesta a todas sus preguntas. A veces, lo único que necesita es tener a su lado un oído amigo.

Es bueno permitir que el enfermo se desahogue. Evite interrumpirlo o restarle gravedad a su situación recurriendo a las típicas frases vacías. Nunca diga, tú no eres el único que sufre éste proceso, ya verás cómo te pones bien. No lo haga, esto desquicia al enfermo  y le deprime, pudiendo alterar su forma correcta de atenderle antes del proceso, para contestar bruscamente.

Por lo tanto, escuche a su amigo cuando le explique cómo se siente y piense que lo último que le hace falta es que lo juzguen. Imagínese que le confiesa que está asustado. No cometa el error de decirle que no tenga miedo; a fin de cuentas, es probable que tenga motivos para sentirse así. Recuerde que la persona está enferma, así que no siempre va a reaccionar como a usted le gustaría. Puede que ahora esté emocionalmente más frágil y no sea igual que antes. Por tanto, escuche con paciencia, aunque eso suponga oír una y otra vez lo mismo.

Hay que hacer un esfuerzo y  ponerse en la piel del enfermo. Si lo van a operar, está recibiendo tratamiento o está a la espera de los resultados de una prueba, lo normal es que se encuentre un poco tenso y sensible. Aprenda a identificar estos momentos críticos y a adaptarse a sus cambios de humor. En estas ocasiones, tal vez no convenga hacerle muchas preguntas, sobre todo si son de carácter personal. “Si quieren hablar, deje que elija el tema. Pero si no están de humor para conversar, tan solo siéntese a su lado. Algunas veces basta con tomarles de la mano para que se sientan mucho mejor, quizás solo precisen un hombro amigo.

 Nunca olvide que todo aquello de lo que se entere sobre el enfermo es confidencial. De modo que no revele información y mucho menos si es algo que ningún facultativo ha confirmado, lo qué puede parecerle TERRBILE Y CASI SENTENCIA DE UN FINAL INMINENTE, solo son sus apreciaciones, no la realidad, porque toda tumoración no es carcinoma.

Nunca diga: yo haría esto o aquello, claro que no lo hace con mala intención, y crea que hace un favor, pero “ese favor” a lo mejor no llega en buen momento y puede causar más daño que bien.

Nunca abuse de su condición de amigo y esté mucho tiempo, puede que no tenga ganas de hablar, se sienta agotado y no tenga fuerzas para hablar ni quiera escuchar, esté un ratito…nunca olvide que el silencio suele decir mucho.

Estamos en plena floración, tiempo de alergias, si sufre un resfriado o gripe no se acerque hasta que se haya recuperado.

Las conversaciones han de ser siempre agradables y oportunas. Las acciones y el lenguaje corporal hablan por usted. El enfermo no es tonto aunque a veces parezca, nunca le mire con cara de lastima. Un sencillo ¿Qué tal estás? Puede hacer daño o levantar el ánimo. En cualquier caso, la persona enferma quiere y necesita sentir que se preocupan por ella, la comprendan y respeten, hágale saber que a usted le importa lo que le pasa y que siempre podrá contar con usted

Las personas con cáncer no siempre quieren pensar o hablar de la enfermedad, puede que al hacerlo solamente los haga sentirse identificados como el “paciente de cáncer que ha fallecido”. Ría y hable acerca de otras cosas seguro que van a ser bien recibidas.

Deje  que sus palabras y actos salgan del corazón. Su compasión y preocupación sincera son las cosas más importantes que usted le puede transmitir. Termino con una frase que sirve para todos los campos de la vida:

NO AMEMOS DE PALABRA  NI CON LA LENGUA, SINO DE OBRAS