Martes, 16 de octubre de 2018

¡En una encrucijada!

“ El pesimismo es un juego seguro. Así no puedes perder nunca, solo puedes ganar. Es el único punto de vista del que nunca te sentirás decepcionado”

(Thomas Hardy)

ENTRE PUENTES

¡EN UNA ENCRUCIJADA!

Quizá, estimados lectores, -ojala; tengan ustedes sobradas razones o sensaciones para el optimismo, para la alegría en vida y de todo cuanto nos rodea-. Cierto que no debemos rendirnos, que servidor siempre alienta al ánimo, y a la lucha, con el fin de no caer en el pozo de la angustia, la tristeza y la pesadumbre - se de lo que hablo- Y no escribo este artículo a modo de “Réquiem”; o tal vez coincidan en sus términos, pero no puedo dejar de hacer mención a la cantidad de despropósitos, a las zozobras e injusticias, que cada día padecemos, y poder refugiarnos  en el optimismo, para estar, aunque sea relativamente contento.- Les pediría que hiciesen la prueba-. Uno se para a reflexionar sobre esto un momento, y queda perplejo, al sentir que después de miles de años, el ser humano, su evolución y su capacidad de razonar, pensar y decidir, apenas si ha progresado-, pues hoy, cuanto viene sucediendo en nuestro entorno, da verdadero pánico… Por ello no puedo dejar de pronunciarme sobre el poder de las bestias, de la justicia politizada, de la avidez burguesa, de la cobardía de los pueblos, de la hipocresía e inutilidad de organismos internacionales que sarcásticamente “bregan por la paz” y “la igualdad de derechos de los hombres”, de la genuflexión de las corporaciones periodísticas del mundo y de los intelectuales esclavos, que impulsan y justifican el estado de guerra concreto y permanente, instalado en este pobre planeta globalizado y caótico etcétera.

Quisiera agregar además que; la humanidad está cocinando un porvenir con los miembros paralizados, los nervios destrozados y la cabeza congelada. Hago mención también de la ley utilizada por los poderes cual corteza que legitima delitos, las neuralgias sociopolíticas. ¡Ah! y no olvido a los distribuidores de premios, en nombre de la simulada hermandad de todos los hombres: academias instaladas para justificar la ubicuidad de ausencia de sentido vital en este mundo que ya no se comprende.

¿Puedo también participar, de candorosos optimismos? ¿O bien debo hacer una apología de mesías inverso? O dedicar unas palabras a presidentes offshore, a los mercaderes de armamentos y de drogas, a las top models como mercadería de intercambio de la imagen de la actualidad, a los notorios periodistas negociables que llegan a la noticia cuando todo ha pasado o simplemente la inventan, a los empresarios que se legitiman en la estafa, a la irreflexión y la bajeza, a la vejez como horror ejemplar, al suicidio de los pueblos, a quienes sacan un “billete”, para el cementerio del Mediterráneo” o, a quien  nombrara los turnos, de policías para entrar en los colegios Y en las consultas médicas, etcétera… da grima seguir..

No hago más que arrojar algunas palabras: aislamiento, genocidio, degeneración, vulgaridad, prostitución… Hago hincapié en el espectáculo de la existencia que un día en un solo instante, en el instante decisivo, arrojará al hombre al espejo que ya no reflejará su imagen. No deseo hablar de imperios en putrefacción, ni de religiones, ni de repúblicas estúpidas, ni de tratados entre naciones, ni de amor a la patria, ni de abyecta neutralidad, pero no puedo evitar sonreír ante quienes gobiernan este mundo o los poderosos de turno. ¡Horror!: una humanidad cómplice y cobarde, hombres que consumen toda la basura que se les ofrece, mandarines y mandaderos, con la pobreza de sus necesidades… Criaturas de la degradación, criaturas de la agonía… Una situación de bajas defensas, perfecta para el advenimiento de todo tipo de nostalgias, de disciplina, de obsesión, de diferencia: abierto el estado de cosas a fundamentalismos, racismos, academicismos y mesianismos camuflados de progreso… de huidas hacia atrás o hacia delante, en naturaleza, cultura y vida.

Así, pasan los días, y las horas se convierten en asuntos negociables, todo tiene valor en moneda. El mercantilismo impuso su sustancia, sentenciada la calle por el prostíbulo político que promueve a sus “héroes” en la pantalla chica… o tal vez en las denominadas redes sociales. En medio del drama hay numerosos premios. La gente dice estupideces en 3D: un imbécil, un candidato, una clave… qué importa, adoran la justicia cuando está de su mano. Previsible final a todo celuloide, donde las campañas políticas las impulsan dobles prestigiosos de un circo mediático de consecuencias imprevisibles para la salud mental de un pueblo que baja la cabeza. La verdad fue violada en toda su evidencia, ¿no es razón suficiente?

¿Claro, hay cosas que merecen la pena conservarse, para ser “salvados”, para que puedan ser la razón de vivir, aunque sea en la más absoluta mediocridad. –Algo es algo.

 

            Fermín González Salamancartvaldia.es                         (blog taurinerias)