Domingo, 19 de agosto de 2018
Béjar al día

Celebración del Pésaj en el Museo Judío David Melul

BÉJAR | Exposición de la celebración de la Pascua Judía en el museo David Melul, desde el 29 de marzo hasta el 28 de abril

Exposición sobre la Pascua Judía en el museo de Béjar

El museo judío ‘David Melul’ de Béjar celebra estos días una exposición que explica la Pascua Judía en conmemoración, “generación tras generación”, según los viejos textos, de los sucesos acaecidos la última noche que pasaron los judíos en Egipto. También es conocida como la Fiesta de la Primavera, para sellar el vínculo de este pueblo con la naturaleza.

El primer día de la festividad tiene la denominación de Peregrinación a Jerusalén, para recordar que,  durante la época en la que existía el Templo, era costumbre peregrinar hasta Jerusalén para realizar ofrendas en él. El segundo día da comienzo la cuenta del Omer, los 50 días que transcurren hasta la celebración de Shavout, que conmemora el hecho de la entrega de Dios de la Torá al pueblo judío.

En la cena pascual hay una preparación especial de la mesa, con un mantel blanco, la mejor vajilla, copas de vino para todos, una bandeja pascual compuesta por huevo marrón cocido, carne de cordero asada, hierbas amargas, apio y un plato dulce hecho con manzana, nuez, canela, miel y vino. Además se colocan sobre la mesa cuatro copas de vino para la bendición del Kidush, Baruj Alta Adonai Eloheinu Melej HaOlam bore pri hagafen, ‘Bendito eres Tú Señor Dios del universo, Quien creó el fruto de la vid’. Sin olvidar nunca dejar una silla vacía para el profeta Elías.

Orígenes de la Pascua Judía

La Pascua Judía que conmemora la liberación del pueblo hebreo del yugo de Egipto, el momento en que Dios dijo a Moisés, antes de que los egipcios sufrieran la última plaga, que reuniera a su pueblo y tomaran un cordero de un año, sin mancha, y reunidos por familias, lo inmolaran al atardecer. Después debían marcar las puertas de sus casas con su sangre y comerían la carne asada con pan ázimo y lechugas amargas. Durante la cena estarían de pie, llevarían puesto el cinturón, irían calzados y con el báculo en la mano, porque debían estar preparados para la marcha ya que esa misma noche Yahvé enviaría un ángel para matar a los primogénitos egipcios. Cuando el ángel pasara por las casas judías, al ver las puertas marcadas, pasaría de largo y ese día sería para ellos memorable y lo celebrarían generación tras generación.

La representación artística que nos encontramos a lo largo de los siglos de este episodio del Antiguo Testamento, se representa iconográficamente con personajes comiendo de pie, uno de ellos partiendo el cordero, vestidos con ropas de viaje y con báculos en la mano; representaciones intimistas en los hogares judíos, contrapuestas al horror que se está viviendo fuera, en las casas egipcias.

Desde la época paleocristiana el sacrificio del cordero pascual ha sido la representación iconográfica de la muerte de Jesucristo en la cruz, después asociado a la Resurrección, al representarse el cordero con un nimbo crucífero y en ocasiones,  con la cruz o el estandarte de la Resurrección sujeto por una de las patas del animal.