Hijos del agua

Prendidos en la corriente lleva los secretos, mientras corre deprisa sobre el cauce irregular. Su cuerpo reptil baña la tierra y fecunda los campos. Nos entrega su vida para renovar la nuestra. Cristalina y nerviosa, corre entre las piedras, y cae desde la altura sin hacerse daño. Tranquila y sosegada, llena mares y lagunas. Suspendida en el aire, viaja con las nubes, y apaga la sed de valles y montañas. Teje los jardines del bosque, y transforma en belleza la floresta. Nos interpela, y la escuchamos; nos regala todo lo que tiene a cambio de nada. “Somos hijos del agua, la necesitamos para vivir”.