Sábado, 24 de agosto de 2019

Una avanzada raza de monos

Concluye Jean-Jacques Rousseau el primer libro de su obra “El Contrato Social” afirmando que: “En lugar de destruir la igualdad natural, el pacto fundamental, por el contrario, sustituye la desigualdad física que la naturaleza pudo haber establecido entre los Hombres por una igualdad moral y legítima. Los Hombres, pudiendo ser desiguales en fuerza o en talento, se hacen iguales por convención[i]  y por derecho”

Pero la Humanidad no parece que estar en la línea propuesta por el ilustrado Rousseau, insistimos en nuestros insensatos enfrentamientos violentos, tanto individuales como colectivos, para mantener privilegios y perpetuar desigualdades. “El hombre tiene que establecer un final para la guerra. Sino, ésta establecerá un fin para la Humanidad”, juiciosas palabras del que fuera Presidente de los Estados Unidos John Fitzgerald Kennedy. Así que si no ponemos fin a las guerras de los mundos, puede que las guerras tenga ya decido cuándo será el final de la Humanidad.

No estoy muy seguro de a qué tipo de guerra se refería JKF porque la Humanidad en su conjunto tiene abiertos, y activos, muchos y variados frentes, todos ellos fruto de desigualdades. La buena noticia es que muchos de ellos se pueden neutralizar sin que sea necesario disparar ni una sola bala, ni un solo misil transoceánico.

La guerra de la tecnología, la del agua, la del petróleo, la guerra del hambre, la guerra de las religiones, la guerra por recursos vitales, etc. A todas ellas se puede hacer frente estableciendo un nuevo contrato social adaptado a los tiempos que corren. Para mí el gran inconveniente para lograrlo es aceptarnos como iguales por convención y derecho pues exige una gran dosis de humildad colectiva, además de asumir las palabras del recientemente desaparecido Stephen Hawking: Solo somos una raza avanzada de monos en un planeta menor de una estrella muy normal. Sin embargo, podemos comprender el Universo. Eso nos convierte en algo muy especial.

Un buen abanico de frentes abiertos para la Humanidad son los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Dichos objetivos no son otra cosa que un llamado universal a la adopción de medidas eficaces para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y garantizar que todas las personas gocen de paz y prosperidad[ii], fines que deberán lograrse para el año 2030. Los ODS son continuación de los Objetivos de Desarrollo del Milenio ODM)[iii], agenda que caducó en 2015 con resultados desiguales. En ambos se enumeran muchas “guerras” a las que hacer frente fundamentalmente reduciendo las hirientes desigualdades que causas millones de víctimas.

Lo que me mueve a recelar de los ODS es que si entre los primeros - los ODM que eran 8 – el último lugar lo ocupó el de Fomentar una alianza mundial para el desarrollo y en los nuevos ODS, la última plaza reza así: Alianzas para lograr los objetivos. Perdónenme el símil bélico, pero es que uno se pregunta ¿no es un error estratégico enfrentar batallas sin saber de ante mano que se cuenta con las alianzas necesarias para ganarla? 

Las alianzas son procesos complejos y largos y en este nuevo plazo hasta 2030 volvemos a colocar el logro de alianzas en el último lugar. Sí, ya sé que no están redactados en orden cronológico pero ¿no creen que resulta chocante y significativo? Confieso que a mí esta curiosa coincidencia me llevas a pensar que las cosas no van a mejorar en demasía.

Cada país continuará apoyando más a sus “mejores amigos” y con el resto, en el mejor de los casos, cubrirá el expediente. Los organismos internacionales seguirán dando muestras de inoperancia y falta de compromiso y voluntad política, a imagen y semejanza de los países en ellos representados.

Sin duda los ODS constituyen una bienintencionada agenda, una buena hoja de ruta, pero sus ejecutores han dado demasiadas veces muestras de apatía e incompetencia. No haber iniciado el proceso de tejer y consolidar alianzas hace 20 años es un gravísimo error estratégico difícil de alcanzar ya inmersos en el fragor de las batallas.   

Sun Tzu, general y filósofo de la antigua China, autor de un libro de texto de referencia en cuestiones de estrategia, El arte de la guerras, dice en su capítulo 3: La victoria completa se produce cuando el ejército no lucha, la ciudad no es asediada, la destrucción no se prolonga durante mucho tiempo, y en cada caso el enemigo es vencido por el empleo de la estrategia. Buenas vacaciones.