Sábado, 22 de septiembre de 2018

Más de una lección

Si no se ha pasado por tan doloroso trance, es inútil tratar de describir lo que siente una madre con la pérdida de un hijo. Lo que sí podemos apreciar “desde fuera” es la diferente predisposición para enfrentar ese dolor. Hay personas que, hundidas por la desgracia, son incapaces de soltar una sola lágrima y sufren un shock que puede acarrear graves consecuencias. En el lado opuesto – el más frecuente-- se encuentran los que no pueden reprimir su llanto. Por último, hay seres especiales, capaces de dominar la situación y, por supuesto, tan afectados como puedan estar los dos primeros, preparados para valorar el zarpazo de la vida, saber admitirlo y, lo más difícil, dispuestos a dar ánimos a los demás. A este escogido grupo pertenecen los padres del infortunado Gabriel, y muy especialmente su madre, Patricia.

Las declaraciones de esa madre, una vez conocida la noticia de la muerte violenta de su hijo, constituyen toda una lección de amor y caridad, muy difícil de asimilar para quien no sea dueño de una fe con sólidos cimientos. ¡Qué difícil es devolver amor por odio! Pero, a la vez, qué cara de felicidad la de esa madre que está trasladando a su pequeño hijo la sensación de no sentir rencor ni clamar pidiendo venganza. Justicia, sí; revancha, no. Gabriel, Pescaito, ya gozas de la presencia de Dios y puedes sentirte orgulloso de tener una madre así. Aprovéchate, tú que puedes, de esa otra Madre de todos, que también te ha abierto los brazos. Sabedores de que te rodea esa felicidad, nunca te olvidaremos. Acuérdate de todos nosotros.

Cuando parece que se van resolviendo todos los interrogantes que rodeaban esta muerte, podemos constatar que el pueblo español, cuando participa de las desgracias ajenas, demuestra la solidaridad de quien tiene buen corazón y exterioriza sus sentimientos. Toda España ha “empujado” para encontrar a Gabriel y toda España ha llorado con tan penoso desenlace. Lo mismo ha sucedido ante otras desgracias o atentados. Edificante lección del pueblo español. Afortunadamente, ahora ya se puede llorar a todos los muertos, porque no es necesario enterrarlos de tapadillo.

Puestos a resaltar comportamientos, es de ley subrayar el trabajo de diversos servicios de emergencia y personal voluntario. Como un solo hombre, haciendo frente a las inclemencias del tiempo, han peinado una amplia zona de terreno con el miedo de encontrarse lo que no querían. En nombre de todos, nuestro profundo agradecimiento.

Por último, pero con letras mayúsculas, una vez más hay que felicitarse por contar en España con los hombres y mujeres de la Guardia Civil, “Guardia fiel de España entera”. De algo tiene que servir la savia de aquellos abnegados guardias que, sin apenas medios pero dueños del “vigor, firmeza y constancia” que adorna su himno, está floreciendo en este renovado Instituto que tanta gloria y eficiencia proporciona al pueblo español. Con el mismo ánimo investigan o comprueban detalladamente cada aspecto del caso que empuñan el pico y la pala para encontrar pruebas. A ellos honor y gloria.

Es una lástima que este esfuerzo de todos se vea empañado por la cortedad y ceguera de algunos políticos. Cuando hemos asistido a la sinrazón de comprobar cómo salían de la cárcel asesinos que habían cumplido poco más de un año por cada uno de uno de sus crímenes, o hemos tenido que pasar por el morbo de ver que un violador reincidía durante un permiso carcelario, la mayoría de españoles estuvo de acuerdo con la puesta en marcha de la llamada cadena perpetua revisable (CPR). Los políticos, más obsesionados por la oposición que con la colaboración, tardaron muy poco en rasgarse las vestiduras ante una figura admitida por multitud de gobiernos demócratas, aduciendo en su contra lo desaconsejable de legislar en caliente, porque necesitaban una muletilla para adornarse. Tan “caliente” fue la medida que en casi tres años, a pesar de no pocas atrocidades cometidas, sólo ha sido aplicada a un padre que descuartizó a sus hijos con una motosierra para vengarse de su esposa. Quiero pensar que mañana jueves, cuando se debata la proposición del PNV para derogar la CPR, se intentará mostrar a la madre de Gabriel como modelo de  mansedumbre y perdón y argumento de peso para no legislar en caliente; pero no admitirán que esa madre no pide venganza, simplemente está clamando para que ninguna otra tenga que pasar su calvario. Por la misma razón, me imagino que no se tendrá en cuenta al 80 % de españoles que, en frio, se declaran partidarios de su no derogación. Si Abraham Lincoln, que dijo que la democracia era “El gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, apareciera un día por nuestro Congreso, correría a mamporros a más de uno. Algunos políticos se muestran partidarios de gobernar contra el pueblo, y algunos incautos siguen votándolos. Será porque están seguros de que nunca pasarán por el trago de la madre de Gabriel.

Siempre que ocurre una desgracia es lógico que se sacudan las conciencias, pero también lo es que se trate de evitar la siguiente. Quienes piensen que la CPR, tal como está concebida, puede ser una buena herramienta que proporcione más justicia y más tranquilidad, hará muy bien en pedir su permanencia; y la manera de conseguirlo será votando a los partidos que la suscriban