Sábado, 22 de septiembre de 2018

El desfile etnográfico cierra tres semanas de eventos alrededor de la Flor del Almendro

Con el paisaje del concejo teñido de rosa y blanco, esta comarca del Duero Superior celebra uno de sus eventos anuales más señalados e invita a recorrer cada rincón de su territorio, declarado doblemente Patrimonio Mundial de la Humanidad

"Partiendo la almendra" una de las carrozas participantes | Rep.Gráf. Raquel Martín-Garay

El invierno clásico que estamos viviendo este año, con hielo, bajas temperaturas prolongadas, algunas nevadas y un final de estación lluvioso, se ha traducido en un florecer algo tardío de las ‘amendoeiras’ (almendros) en nuestras vecinas comarcas de Riba Côa y del Duero Superior, siendo en este momento cuando está sucediendo el apogeo de la floración.

El tradicional desfile etnográfico ha sido el colofón a tres semanas de celebraciones en el concejo de Vila Nova de Foz Côa. Durante los festejos de las Amendoeiras em Flor de este año, se han sucedido conciertos de todo tipo, encuentros ciclistas y moteros, veladas de poesía, rutas senderistas y programas gastronómicos, entre otras actividades.

Cincuenta y una de las sesenta y una carrozas que estaban dispuestas a primera hora de la tarde de ayer domingo, decidieron finalmente salir a la calle y desfilar en un típico día de inicio de primavera, con lluvia, sol, viento y arco iris, sucediéndose continuamente a lo largo de la jornada.

Al final, la lluvia respetó el desfile y dejó que las personas de todas las edades que lo conformaban pudiesen, al menos, realizar la primera parte y llegar hasta la Plaza del Municipio, donde aguardaba el escenario donde se desarrollaría el concurso, que, finalmente, tuvo que ser suspendido, debido al aguacero que comenzó a caer en ese instante.

Son significativos el entusiasmo y la animación con que se vive este evento, tanto por parte de los lugareños, como de los muchos visitantes. La fiesta del almendro se celebra hace 37 años, desde 1981 ininterrumpidamente, entre finales de febrero y principios de marzo, coincidiendo con la floración.

Carroza ganadora del primer premioForman parte de este popular y arraigado desfile etnográfico, asociaciones culturales y de vecinos, así como centros educativos de las catorce localidades que conforman el concejo. En esta edición, ha resultado ganadora la carroza ‘La venta de la almendra en el Largo do Tablado’, de Vila Nova de Foz Côa, ocupando el segundo lugar la carroza denominada ‘La Aldea’, del pueblo de Seixas y, compartiendo el tercer lugar, ‘El Belén en Almendra’ y ‘Las lavanderas de Chãs’, del pueblo de Almendra y de Chãs, respectivamente.

El concejal de Cultura de la Cámara Municipal de Vila Nova de Foz Côa, João Paulo Sousa, hace balance de las Amendoeiras en Flor 2018 y lo califica como “muy positivo”, destacando “la gran participación de la población en todas las actividades programadas, sobre todo en las rutas de senderismo, las concentraciones moteras y las pruebas ciclistas”, lamentando también el concejal que el tiempo no haya acompañado este año, aunque la lluvia sea tan necesaria después de una larga sequía.

Se espera que el agua caída estas últimas semanas haga bien a los frutos, aunque el florecido paisaje rosado luzca menos luminoso bajo la lluvia.

Paseando las curvas del Duero en Foz Côa

El viajero que aborde el concejo de Foz Côa desde el sur, hallará almendros en flor desde el primer pueblo con el que se encuentra, Almendra, significativo nombre – ¡y en castellano!- para una localidad. Así, en paralelo al río Côa, hasta llegar a su desembocadura en el Duero a la altura de la capital, Vila Nova de Foz Côa, todo son almendros, olivos y viñas enraizadas en laderas redondeadas, que se van haciendo más agrestes y pendientes conforme nos adentramos en los territorios que domina y surca el Duero. Más de 38.000 hectáreas de almendros ofrecen una idea del porqué del paisaje blanqui-rosado.

El concejo, perteneciente administrativamente al distrito de Guarda y geográficamente a la región del Duero, ocupa unos 400 km2 y tiene 8.000 habitantes, que viven en alguna de las 14 localidades que lo componen.

Desde el embarcadero de Pocinho, el puerto salmantino de Vega de Terrón queda a menos de 20 km. Como sabemos, el Duero es navegable desde Oporto hasta la frontera con España, lo fue por la necesidad de superar la interioridad y comunicarse con el mar que tenían estas tierras, antaño aisladas por su orografía. El espíritu emprendedor de los lugareños provocó que se buscaran los medios para exportar los excelentes vinos que aquí se producían, pero también el aceite y los frutos secos. En los famosos rabelos llegaba el ‘vino generoso’ (Vino de Oporto) hasta las bodegas de Vila Nova de Gaia.

Hoy en día, esta subregión llamada Duero Superior es considerada una de las mejores para la producción de vino (no sólo del licoroso Oporto) y la prestigiosa revista Wine Spectator así lo ha reconocido, pues en la lista anual que publica con los mejores vinos del mundo, en los últimos años siempre aparece en los primeros puestos alguno de esta región.

Por su paisaje, su forma de cultivar la viña y de hacer vino, esta región del Duero fue declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad en 2001.

También desde Pocinho, en este caso desde su estación de ferrocarril, parte un tren con uno de los recorridos más bellos y fotografiados de Portugal: la Línea del Duero.

Pero el primer reconocimiento para Foz Côa llegó cuando, en el año 1998 la UNESCO declaró Patrimonio Mundial de la Humanidad al Valle del Côa, por ser el mayor museo al aire libre del mundo de arte rupestre.

Toda la ribera del río Côa en esta fase final de su curso, es una muestra a cielo abierto del arte que nuestros antepasados dejaron en la era del Paleolítico Superior. Se supera el concepto de frontera, pues la muestra se extiende desde Siega Verde, en Ciudad Rodrigo, hasta el valle del Côa. Un auténtico santuario de arte rupestre.

A punto se estuvo de perder para siempre este valioso testimonio, cuando aquí se planeó construir un embalse que habría dejado sumergidos estos grabados realizados en las rocas de pizarra. Era el comienzo de la década de los 90 del siglo pasado y Foz Côa fue colocada en el mapa debido a la intensa polémica que se suscitó entre especialistas a favor y en contra de la construcción de la presa. Ese momento coincidió con el descubrimiento de los primeros grabados, se estaban iniciando los trabajos de investigación y descubrimiento de nuevos paneles y no se sabía en qué podría derivar. Afortunadamente, la eficaz divulgación por parte de la comunidad científica de los hallazgos realizados en Foz Côa y el apoyo de la mayor parte de la sociedad civil, hizo que el poder político interviniese y se paralizase la construcción del embalse.

La riqueza que supone este material arqueológico se encuentra a lo largo de 17 km, con más de 1.000 grabados en roca, ejecutándose todos los días trabajos tendentes a descubrir nuevos paneles.

Actualmente, aún se pueden observar restos de la construcción del embalse en la zona, no se han querido retirar, para que quede patente que a punto estuvo de perderse, conscientemente, un valioso patrimonio de todos que, mediante el reconocimiento por la UNESCO, se ha querido preservar para la humanidad.

Por estas razones, hoy llegan a Vila Nova de Foz Côa viajeros de todo el mundo con muy diversas expectativas, desde los amantes de los cruceros fluviales, hasta los enólogos más reputados, arqueólogos, biólogos, estudiantes e investigadores, amantes de la naturaleza, además del turista de amplio espectro.

En esta zona hay una gran biodiversidad, encontramos palomares en todas las laderas, y es que la función que realizan las palomas contribuye en las labores de la viña. También es habitual avistar algún ejemplar de águila Bonelli y otras rapaces. La pizarra es el tipo de roca más abundante.

La Bolsa de la Almendra. El ‘Wall Street’ de la Almendra

En el centro de la población de Vila Nova de Foz Côa se encuentra el Largo do Tablado, una plaza en la que destaca una escultura que representa una báscula y unos sacos de almendras. Cada 29 de septiembre aquí se realiza un mercado, en el que las transacciones comerciales alrededor de la almendra son las protagonistas. Antiguamente, ese día se fijaba en esta plaza el precio de la almendra para todo el año, por eso se le llama la Bolsa de la Almendra. Hoy en día, se hace simbólicamente, pero ha perdido esa misión que tenía hasta hace sólo un par de décadas.

El Largo do Tablado y la Bolsa de la Almendra son un testimonio de lo que representa para la economía y la sociedad de Foz Côa el cultivo de la almendra. En la actualidad, además, constituye una de las céntricas plazas donde se encuentra la gente al final de la tarde.

Patrimonio arquitectónico de la capital del concejo

En la Plaza del Municipio encontramos el Pelourinho, la picota, en la que destacan una soga esculpida, que representa que en esta zona se fabricaron las cuerdas de las velas de los barcos con los que se realizaron los descubrimientos marítimos portugueses.

En la misma plaza se erige la iglesia en honor a Nuestra Señora del Llanto, declarada Monumento Nacional, con fachada de estilo manuelino y la curiosidad de tener en el interior las columnas del lado derecho un poco inclinadas, como consecuencia del terremoto de Lisboa de 1755. El escudo de Portugal aparece en el artesonado del techo, característico de la época de los descubrimientos.

Castillos, como el Castillo de Numão, también declarado Monumento Nacional, castros, villas romanas, capillas y casas solariegas componen también el patrimonio monumental con que cuenta el concejo.

Los dulces y la almendra

Como la almendra es muy utilizada en la elaboración de postres y dulces, la muestra de éstos que encontramos en Vila Nova de Foz Côa es amplia. Destacan las ‘carrasquinhas’, un dulce hecho a base de clara de huevo y almendras. También la lamprea de almendras, en la que el tradicional relleno de huevo es sustituido por almendras.

Los almendros en el paisaje de Portugal

En la geografía portuguesa hay varias zonas que destacan en estas fechas por los tonos blanqui-rosados de su paisaje. La mayor producción de almendra se concentra en el Alto Duero y en los valles de sus alfluentes, como el Côa, por eso, además de Foz Côa, son conocidos los paisajes florales de los concejos de Figueira de Castelo Rodrigo, Freixo de Espada-à-Cinta o Torre de Moncorvo, pero también otros situados en las laderas meridionales de otras tierras un poco más al norte, en Trás-os-Montes.

Los almendros resisten bien la sequedad del verano extremadamente cálido en estas zonas, así como los inviernos rigurosos. Su fruto es fácil de cosechar y de conservar por mucho tiempo. Además, la almendra es muy apreciada en la repostería y en la cocina en general, por eso, las almendras portuguesas son exportadas a muchos países.

Probablemente, la mayor concentración de almendros en Portugal se da en el Algarve.

Hay un cuento tradicional portugués que habla de los almendros en flor. Cuenta la historia de una princesa llamada Gilda, procedente del norte de Europa, que llegó al Algarve para casar con un rey moro, cuando esta región estaba bajo dominio musulmán, mucho antes del nacimiento del reino de Portugal.

Reza la leyenda que, al poco tiempo de llegar a la región, la reina cayó en un pozo de tristeza, del que nada conseguía sacarla. Desolado, el amante esposo le preguntó qué tenía, y ella respondió que echaba de menos los paisajes nevados de su tierra natal, que aquella nueva tierra, aunque muy bella y cálida, no le llenaba los ojos del blanco resplandor de los campos nevados. Después de mucho meditar sobre ello, el rey resolvió ordenar que plantasen hectáreas y hectáreas de almendros. Así, al año siguiente, cuando el invierno estaba tocando a su fin, subió con Gilda a lo más alto de la torre del castillo, desde donde ésta pudo contemplar un hermoso paisaje blanco de almendros en flor, almendros de nieve que le devolvieron la alegría.

¿Qué tristeza o qué alegría inspiraría el paisaje blanco y rosa de Foz Côa? ¿Qué historias podrían contar estos almendros?

  • Cinco pétalos blanqui-rosados, la flor del almendro