Miércoles, 19 de septiembre de 2018

Cartas de los lectores

11 de marzo 2004

Nunca olvidare este día, aunque estuviera condenado a vivir eternamente. Por eso cada año que llega esta fecha lo recuerdo con más intensidad.

Hoy 11 de marzo de 2018. Se cumplen 14 años de la mayor matanza criminal en España y también en Europa. Aquella mañana asesinaron a 192 personas y más de 2000 quedaron heridas. Todos ellos y sus familiares serán recordados y homenajeados hoy en actos de las instituciones. ¡Y mañana a otro cosa mariposa!

La memoria es como las cicatrices, uno se acostumbra a vivir con ellas, a no ser que estés tan enfermo que no las quieres ni mirar. En España se ha hecho todo para que la sociedad olvide a las víctimas, por muchas razones inconfesables. España puede doler mucho. Por su grandeza, su capacidad y talento, por lo que podía ser fácil y amable pero es imposible, todo es áspero y agrio. Por todo lo bueno que hay en las gentes a las que se destruye su buena disposición y mucha buena fe.

Pero lo peor es esa frialdad e indiferencia tan cruel, que tanto hizo sufrir a todo un pueblo.

Dicen que hay un hombre que acude todos los días cada mañana, al monumento del 11-M en Atocha. No entra. No mira la cúpula. A través de esas paredes de cristal, lee un nombre. Luego se marcha.

No existe una memoria. Por lo menos, existen dos. La de la sociedad que tiende a olvidar y la de aquellos que no olvidan. Que quizá querrían, pero que no pueden. Hay una cicatriz que se lo impide. Hay momentos en la historia que tienes que preguntar ¿Dónde te pillo el 11 de marzo del 2004? Yo si se dónde estaba.

Sin lugar a dudas aquel atentado cambio la Historia de España. Pero sus organizadores “no ejecutores” nunca imaginaron hasta donde llego ese cambio. Han pasado 14 años y seguimos sin saber quién y porque, cometieron esa atrocidad. Quien lo organizo no lo sabemos. Pero si, para cambiar el gobierno de España. (Los ejecutores si fueron condenados a miles de años de cárcel, de los 18 solo quedan 6 en la cárcel, por poco tiempo).

En un país civilizado y democrático no tiene por qué organizarse una masacre de inocentes para cambiar un gobierno. A no ser que ese país esté enfermo de moral y de principios y se puede ir muriendo de tristeza y de asco…