Jueves, 20 de septiembre de 2018

No, calladitas no estamos más guapas

Sin duda, el reconocimiento de la igualdad de género como principio constitucional ha sido una conquista histórica de las mujeres, aunque particularmente prefiero el término “equidad”, tanto si aceptamos esta como la cualidad que consiste en dar a cada uno lo que se merece en función de sus méritos o condiciones, como si la entendemos por actitud que consiste en no favorecer en el trato a una persona si con ello perjudicamos a otra. Y es que hombres y mujeres, aunque nos parecemos en muchísimas cosas, afortunadamente, somos diferentes.

Creo que un buen objetivo para continuar avanzando en la equidad sería esforzarnos todos en domesticar a los “educadores salvajes”. Así catalogó hace unos días Araceli Mangas, catedrática de Derecho Internacional Público en la Universidad de Salamanca durante 25 años y reciente Premio Ciencias Sociales y Humanidades de Castilla y León, a las redes sociales y algunas televisiones, pues en su opinión – que comparto - dichos educadores refuerzan una imagen de las mujeres que debe ser superada.

No se puede negar que hemos avanzado mucho en el reconocimiento de derechos a las mujeres, pero la puesta en práctica de los mismos, la vida cotidiana, es otra cosa y queda aún muchísimo por hacer, una de ellas es reorientar el poder de las redes sociales y las televisiones para lanzar mensajes que eliminen los estereotipos machistas. Porque lograr la equidad de géneros no es un problema de las mujeres, nos afecta a todos. Todos tenemos abuelas, madres, esposas, parejas, hijas o nietas y ellas deben poder ejercer que forma real los mismos derechos que para nosotros reclamamos.

Recuperar el espíritu de las leyes, como ya dije en una colaboración de hace un par de años, es importante, pues las leyes no son otra cosa que preceptos consensuados de conformidad con la justicia y dictados por las autoridades competentes. Las leyes persiguen lograr un bien para la sociedad en su conjunto y por ello deben ser, hecho son, propiedad de los ciudadanos. Una cosa no es justa por el hecho de ser ley; debe ser ley porque es justa, afirmaba el buen Barón de Montesquieu, y advertía: No hay peor tiranía que la que se ejerce a la sombra de las leyes y bajo el calor de la justicia. ¿Qué le diría el buen Barón al ex fiscal de Zaragoza, Ramiro Grau sobre sus ofensivas declaraciones, que no haré constar por vergüenza?  

Este año, las mujeres han dado un paso más y a las movilizaciones de años anyeriores han sumado una convocatoria de huelga: Huelga de mujeres. Un medio de presión para que se les reconozcan capacidades y derechos tradicionalmente reservados a los hombres. Un medio de presión efectivo y con muchos siglos de antigüedad pues ya fue utilizado por las mujeres de la antigua Grecia, espoleadas por Lisístrata, para exigir el fin de la guerra de una forma muy ingeniosa[i]. Y lo lograron.

Ayer, las mujeres celebraron su día, lo pongo en cursiva porque, admitiendo que la discriminación positiva es un buen medio, no puede ser un fin y por tanto no debe perpetuarse sino superarse. Muchos días internacionales pretenden dar visibilidad a ciertos problema pero en demasiadas ocasiones contribuyen a institucionalizarlo.

Yo tuve la muy grata experiencia de asistir ayer a la marcha convocada en Salamanca y caminar juntos a miles de mujeres – y para mi satisfacción también de muchos hombres - si usted no asistió, lo siento porque se perdió algo muy especial. Entre las múltiples frases coreadas y las pancartas escritas, hubo una que me gusto especialmente por ser clara, concisa, además de simpática, y por que resumir muy bien lo que estaba sucediendo allí: No, calladitas no estamos más guapas.

Las mujeres hablaron ayer con voz alta y clara, ya nadie podrá volver a callarlas ¡cómo debe ser!

[i] Comedia de Aristófanes (411 a. C) que cuenta la lucha de una ateniense, Lisístrata, y su plan para lograr terminar con la guerra civil en Grecia. ¿Su propuesta? Reúne a las mujeres de ambos bandos y declaran a sus hombres una huelga de sexo hasta que haya paz.