Viernes, 19 de octubre de 2018

Tabarnia, Grande y Libre

Inmerso este país en la aparentemente irresoluble, y grave, cuestión política de las aspiraciones independentistas de millones de catalanes, una de las más llamativas respuestas que cierta parte de “la sociedad” española ha pretendido dar a ese trascendental asunto, ha sido todo lo relacionado con “Tabarnia”, algo así como el invento de un territorio “español” dentro de Cataluña, con el propósito de plantear a Cataluña los mismos problemas que, dicen, Cataluña plantea a España.

Añadiéndose al forofo españolismo de charanga, banderas en balcones. boicots y escupitajo a lo catalán; completando la derechización “Santiago y cierra España” que ha re- aflorado en legiones de desinformados anticatalanes porquesí, y echando leña al fuego de un enfrentamiento que debiera tener justamente la respuesta contraria, la irrupción de Tabarnia no es sino una ridiculez de mal sainete costumbrista, una mala bufonada de ningún gusto y menos inteligencia, un ejercicio de desprecio que cae en la más bochornosa ordinariez, pero que ha sido, sin embargo, entusiásticamente apoyada por la “oficialidad” y arropada por la mayoría de los medios de comunicación que, como si se tratase de una auténtica respuesta política en lugar de una auténtica burla a las posibilidades  del entendimiento, ha sido mostrada como “lección” o “escarmiento” frente a las antiguas, respetables y dignas aspiraciones independentistas de una gran parte de los catalanes.

No serán estas líneas las que rompan lanza alguna en un asunto (la independencia de Cataluña) en el que la incapacidad y negligencia políticas de todos y cada uno de los actores que han intervenido e intervienen en su gestión, y la equivocada radicalización social que se ha azuzado con intención de rentabilidad política, han provocado un gravísimo nivel de enfrentamiento civil, han abocado al enquistamiento del diálogo y hasta han sacado de las más oscuras cuevas del pasado los tumores mentales de la inquina, los humores de la venganza, la enfermedad del rencor o la infección del desprecio, que en nada ayudan, sino todo lo contrario, a la resolución de un problema que ha de enfrentarse con un profundo cambio de paradigma político en lo que se refiere a la consideración del Estado y su estructura, una radical variación de los puntos de vista políticos en cuanto se refiere a la aplicación ciega de ciertas directrices constitucionales caducas y anacrónicas y, sobre todo, requiere de una cantidad de inteligencia política de la que carecen todos y cada uno de los contendientes de una batalla provocada por esa misma indigencia intelectual.

Pero “realidades” como Tabarnia, que, so capa de enfrentarse a lo catalán y con un (dudoso) sesgo humorístico que no tiene maldita la gracia siembran el descrédito de la auténtica política y caricaturizan (mal)  la importancia de la reflexión filosófica sobre los derechos de los pueblos y su ejercicio, consiguen además remachar y dar alas al reaccionarismo del que este país debiera cuidarse más mediante una profunda revisión de su propio pasado. Y consiguen, además, aglutinar bajo la siempre inquietante carpa del patriotismo, un concepto más peligroso cuanto más usado por la ignorancia, a lo más granado de la intolerancia que amontona y extiende el fanatismo fascistoide, despertando dolorosos recuerdos de las antiguas obstinaciones que sumieron a este país en mil oscuridades.