Sábado, 22 de septiembre de 2018

La tribu que solo quería empatar partidos de fútbol...

 

En la actualidad, solo se les reconoce valor a los que ganan. Los que empatan, o pierden, no son reconocidos como si no aportasen ningún valor a la contienda. Además, es de general aceptación que si ganas es que estás haciendo mejor las cosas que los demás. Y si pierdes, por más que hayas aportado otras acciones importantes, no eres nadie a considerar. ¡Y ganar, y ganar, y ganar, y ganar…!, decía en su día Luis Aragonés…. Aunque lo que nunca nos dirán ni los mejores entrenadores es ¿Cómo ganar, cómo ganar,  cómo ganar…?

Leo en @nthropologies que en Nueva Guinea (Oceanía) había una tribu que no entendía el valor desmesurado que le dan los occidentales a la victoria. En 1883, Inglaterra llevó su protectorado e implantó su concepto de civilización, el sistema educativo, las leyes, la administración y, fundamentalmente, el fútbol. La tribu de los “tangu” se negaron a jugar al balompié si no se cambiaban las reglas del juego: “A los “tangu” no les gusta que haya ganadores y perdedores, por lo que hubo que cambiar la finalidad del partido. Lo importante era empatar y jugaban hasta que lo conseguían, incluso jugando durante varios días”.

Pero, curiosamente, la aversión al triunfo no es tan excepcional. Se cuenta que hay 14 grupos sociales de Tanzania, Indonesia o Amazonía, que no eran capaces de jugar con malicia al “Juego del Ultimatum”, el cual giraba en torno a la codicia y la picardía de los contrincantes.  También se cita a la antropóloga Margaret Mead, quien descubrió a principios del Siglo XX que la competencia era prácticamente desconocida entre los “zuni” y los “iroquíes” de Norteamércia y los “bathonga” de Sudáfrica.  Estas sociedades tradicionales han desaparecido o fueron absorbidas por el mundo moderno, con sus valores preponderantes. El sociólogo Joseph Heinrich concluyó que “la generosidad con el rival era la norma y no la excepción, como sucede en el mundo occidental”. Desde luego, estamos tan habituados a observar la dicha de los triunfadores y la desolación de los derrotados en el fútbol que resulta una incongruencia que alguien no desee ganar.  El espíritu del “empate”, en competiciones entre individuos o grupos. sería una ruina comercial para estos tiempos que corren en el Siglo XXI, cuya prevalencia es ganar a toda costa, caiga quien caiga, utilizando medios incluso ilegales, por lo que difícilmente nos alineamos con la idea de competir a empatar…

Salamanca, 8 de marzo de 2018.