Jueves, 20 de septiembre de 2018

Mujeres y hombres después de los 50 (6)

En  la mujer, los cambios fisiológicos y en la figura corporal se van haciendo cada vez más evidentes, afectando también a su ciclo y a su capacidad reproductora, perdiéndola capacidad de fecundidad en torno a los 50 años. Pero, por razones sociales (la consideración del cuerpo de la mujer como un objeto), lo que más les cuesta a la mayor parte de las mujeres de todos estos cambios es todo lo que afecta a su “imagen corporal”.

Los cambios en la fisiología sexual de la mujer de más de 50 años son compatibles con una vida sexual satisfactoria. De hecho, no son pocas las mujeres que mantienen un grado de satisfacción sexual semejante a antes de la menopausia o que incluso lo incrementan después de ella. La dificultad mecánica más frecuente que tienen algunas mujeres, después de la menopausia, se debe a la menor y más lenta lubricación de la vagina, lo que puede conllevar molestias o incluso dolor. Lo más apropiado es hacer una consulta médica, porque normalmente hay soluciones bien fáciles con determinadas cremas. Y, sobre todo, con caricias abundantes y ternura.

Los hombres hoy también dan cada vez más importancia a su figura corporal, las industrias no podían perder al 50% de los clientes y nos han metido el miedo en el cuerpo, si queremos seguir en el mercado de la seducción. Pero su preocupación más frecuente tiene que ver con sus dudas o ansiedades o supuestos fracasos en relación con la erección del pene. A ellos les presiona más el modelo joven, aplicado a la sexualidad, y quieren seguir compitiendo normalmente con sus demonios sociales (las mujeres, en general, son muy compresivas en este asunto) con su pene mental (ya se sabe, me dijo una mujer, que los hombres tienen dos penes).

Socialmente se acepta mejor la sexualidad del hombre mayor y viejo que la de la mujer, aunque esto está cambiando muy rápidamente en buena parte de la población.

Pero tengo buenas noticas para todos y todas: la fisiología del placer (DESDEO, EXCITACIÓN Y ORGASMO) sigue activa y ambos sexos pueden seguir disfrutando, ahora con más tiempo y dando también importancia al camino, no solo a la supuesta meta. Los sentidos, todos, y muy especialmente el tacto, el placer de la caricia, se mantienen magníficamente bien.

Y lo más importante, los afectos sexuales (Deseo, Atracción y Enamoramiento) permaneces abiertos toda la vida y se enriquecen cada vez más en interacción con los afectos sociales (Apego, Amistad, Sistema de Cuidados y Generosidad). Ya ve usted, seguimos siendo toda la vida seres para el contacto y la vinculación amorosa. Y con la libertad de organizarnos nuestra biografía sexual y amorosa en libertad.

Por lo que hace relación directa con la fisiología sexual, los cambios más importantes, asociados y posteriores a la menopausia, además de la pérdida de la capacidad de reproducción, se refieren a la vulva y a la  vagina, aunque estos cambios dependen mucho de la propia vida sexual de la mujer. Si ésta es rica y satisfactoria, los cambios son menores y se retrasan más. La vulva, los labios mayores y menores y pierden  tamaño y elasticidad, y el introito vaginal se estrecha, lo que pueden dar lugar a molestias o incluso dolor, especialmente si no hay una excitación adecuada. La vagina  se acorta, pierde elasticidad, tamaño, vigor en la excitación y, además,  capacidad para defenderse  frente infecciones.  El cambio mecánico más destacado es que la lubricación vaginal es más lenta y menos abundante.

Estos cambios en la vulva y la vagina pueden crear verdaderas dificultades a algunas mujeres, especialmente dolor o molestias en la penetración. Pero en la mayoría de los casos los cambios en la vagina no impiden disfrutar de la penetración a la mayor parte de las mujeres; y, en todo caso, las posibles molestias suelen tener  fácil solución con cremas locales y una estimulación rica y lenta. Por lo que hace relación al clítoris, órgano sexual por excelencia, los cambios son fisiológicamente menos relevantes, puesto que mantiene toda su capacidad de excitación y de sensibilidad al placer. Por todo ello, en la mayor parte de las mujeres no hay razones fisiológicas para dejar de tener conductas sexuales coitales, ser acariciadas o masturbarse y, en definitiva, disfrutar de la sexualidad a lo largo de toda la vida. El hecho de que el proceso fisiológico de la respuesta sexual se haga más lento (el proceso de excitación) y menos ricos (menor lubricación) y menos vigoroso (los cambios en la fisiología de la respuesta sexual: menor número de contracciones y de menor intensidad), no conlleva pérdida del sentimiento de excitación y placer, tampoco de la posibilidad de orgasmo (López, 2018), por si hubiera alguna causa específica. Por otra parte,  es frecuente que con  un procesos de excitación más lento y rico en caricias y cremas locales se superen, en la mayor parte de los casos, estas dificultades.

La disminución de hormonas sexuales protectoras de la vagina provocan que la mujer sea más sensible a posibles infecciones después de la menopausia, por lo que la higiene en las relaciones se hace especialmente recomendable. Esta disminución hormonal puede afectar, en algunos casos, al deseo sexual, aunque en numerosos casos los problemas del deseo tienen más bien explicaciones sociales, en las propias relaciones de pareja o en concepciones sociales negativas sobre la sexualidad en la vejez.

La actividad sexual disminuye con la edad, en las mujeres y en los hombres, y son cada vez menos los que la mantienen. En general, las propias personas mayores son conscientes de ello.

Esta disminución depende no sólo de los procesos fisiológicos de envejecimiento, sino de otros numerosos factores, como por ejemplo de  si se tiene o no pareja, los años de convivencia en pareja, la salud, etc. De hecho, cuando las personas mayores tienen una nueva pareja  pasan una temporada más o menos larga en la que aumenta su actividad sexual.

La frecuencia de la actividad sexual también disminuye con la edad, dentro del grupo que mantiene dicha actividad. Por tanto, a medida que avanza la edad disminuye el número de ellas que tiene actividad sexual y el de aquellas que aun teniendo actividad lo hacen con menos frecuencia.

El descenso de la actividad sexual es mayor en las mujeres, aspecto éste en el coinciden también  las diferentes investigaciones, aunque en este caso se debe en mayor medida que en los hombres a razones sociales.

La evidencia de que la sexualidad declina con la edad, desde la década de los 30 años está bien contrastada. En una magnífica revisión de estudios sobre la sexualidad en la mujer, Hayes y Dennerstein (2005) confirman que:

-Tanto en estudios transversales como longitudinales el número de mujeres que no tienen  actividad sexual aumenta con la edad.

-La frecuencia de la actividad sexual disminuye en aquellas que  mantienen la actividad a lo largo de los años.

-La frecuencia con la que la mujer experimenta el orgasmo disminuye con la edad.

-El deseo sexual y los intereses sexuales en general disminuyen con la edad.

-Los resultados sobre la excitación son menos claros, porque hay frecuentes contradicciones entre las diferentes investigaciones.

-La actividad de masturbación declina también con la edad, especialmente a partir de los 50 años.

Pero la actividad sexual, incluso la coital, puede mantenerse en la vejez y se mantiene en buena parte de la población, aunque en esto las estadísticas son muy diferentes, según las muestras estudiadas y la metodología (Lindau, 2007, López, 2012, 2018)..

La satisfacción en las relaciones no siempre disminuye con la edad. En efecto, las personas mayores, en bastantes casos, aprenden a disfrutar de formas de relación sexual más amplias -no solo coitales, adaptándose a los cambios fisiológicos sin que necesariamente disminuya la satisfacción sexual.

Estos autores, de hecho, señalan las frecuentes contradicciones entre los distintos estudios cuando se trata de saber su la satisfacción mejora, empeora o se mantiene. Todo parece indicar que  la interpretación subjetiva es en este caso particularmente personal y variable, especialmente porque las personas van cambiando las metas y las referencias de comparación a medida que avanzan en edad

Lo ‘sabio’ sería lograr adaptarse a los cambios y seguir disfrutando de la intimidad corporal y sexual y afectiva, propia de cada edad. La propia comparación, en sí misma, es discutible en una conducta  tan significativa como la sexualidad, porque la respuesta depende del criterio de comparación que adoptemos, de forma que  lo correcto sería decir que en unos aspectos la vida sexual puede haber empeorado y en otros  puede haber mejorado.

En todo caso,  se hace necesario señalar que no hay una relación directa entre esta disminución de la frecuencia coital y el grado de satisfacción con la vida sexual.

Las dificultades sexuales, especialmente en forma disfunción, aumentan con la edad avanzada, hasta el punto que aproximadamente el 50% reconoce tener algún problema sexual y un tercio de la muestra al menos dos. Las disfunciones más frecuentes son los problemas de erección en el varón y la falta de deseo en la mujer.

Las personas mayores  que no tienen actividad sexual, lo atribuyen a causas muy distintas, estando entre las más frecuentes el desinterés, la falta de pareja y los problemas de salud. Las diferencias de género son también claras en este caso, porque  las mujeres suelen atribuir con más frecuencia la causa al marido (“mi marido está enfermo”, “ya no me lo pide”, “ya no puede”), mientras los hombres se autoatribuyen más las razones de si falta de actividad sexual, lo que demuestra la dependencia que tiene la mujer del varón. (Lindau et als, 2007).

Otros aspectos de la sexualidad, como el interés por las caricias, la ternura, la comunicación, el sentimiento de intimidad, etc, no sólo no disminuyen sino que, con frecuencia, aumentan con la edad. La capacidad de apegarse, hacer amistades y enamorarse se mantienen con la edad, son afectos siempre abiertos.

El deseo sexual explícito tiende a disminuir, pero no el deseo de intimidad y comunicación afectiva, de forma que el polo emocional del deseo se conserva activo toda la vida (López, 2009, 2012, 2018).

El interés de las personas mayores por actividades que les permiten tocarse, comunicarse, hacer nuevas amistades, liberarse de la vigilancia y control de los hijos u otros adultos, etc. refleja su necesidad de satisfacer las necesidades interpersonales, de salir de la soledad, de amar y ser amados.

Algunas personas mayores, especialmente las de mayor edad, aseguran carecer de interés sexual: es posible que en algunos casos se trate de una legitimación de su falta de actividad sexual o  su insatisfacción sexual. El segundo, más importante aún, que debemos respetar a las personas mayores que aseguran no tener interés en la actividad sexual, porque ésta no es obligatoria en ninguna edad y menos aun en edades avanzadas. Somos contrarios a cualquier tipo de presión o descalificación de las personas mayores que prefieren no tener actividad sexual, frente a no pocos profesionales y a los medios de comunicación empeñados en crearle esta obligación.                             

5.- ¿Qué podemos hacer?

                En primer lugar nos parece necesario analizar al patrón masculino tradicional, esbozado más arriba. Analizar su presencia en  algunos hombres y  en algunas  mujeres que, al interiorizarlo,  les lleva a legitimar el patrón masculino sometiéndose a él. Este análisis y está crítica deben insistir en la gravedad de sus consecuencias y, sobre todo, con un enfoque positivo, señalando que ambos sexos se pierden lo mejor que  ofrecen las  relaciones sexuales y amorosas. “Te estás perdiendo lo mejor”, le insistimos a los hombres. Una visión positiva de la sexualidad y las relaciones amorosas debe ser el núcleo de la educación familiar, la educación sexual en la escuela y las ayudas de los servicios sanitarios.

                En segundo lugar es necesario desmontar los viejos  y los nuevos mitos sobre la sexualidad. En los viejos mitos, la sexualidad  se ubicaba en las partes bajas, se definía como una pasión peligrosa y se catequizaba con amenazas divinas eternas si no se reducía a la función procreadora en el matrimonio heterosexual. En los nuevos, se presenta como una dimensión más del consumo y el comercio, presionando a las personas para que se sientan obligadas a tener relaciones, no crean en los vínculos amorosos y se echen a la calle o a internet para comercializar con las relaciones. Sustituir los mitos por conocimientos científicos y, sobre todo, por un educación que favorezca la autonomía, el derecho a tener una biografía sexual y amorosa personalmente decidida, sabiendo que la dimensión sexual humana está en el reino de la libertad (López, 2009, 2015, 2017), que es también el de la diversidad que nos permite ser auténticos, solos o con pareja. Para ello, es fundamental favorecer con leyes, pensamiento crítico y estilos de vida condiciones para el ejercicio de la libertad de los ciudadanos. El ejercicio de la libertad, por otra parte, no es posible ni inteligente sin la ética de las relaciones sexuales y amorosas, último campo de nuestras investigaciones y publicaciones. Fundamentada está en los derechos humanos, los derechos sexuales y mejores aportaciones éticas a lo largo de la historia, proponemos una serie de principios universales que nos permitirían vivir mejor la sexualidad y las relaciones amorosas, no convirtiéndolas en una cárcel (viejos mitos) o en un campo de minas (nuevos mitos). La ética que proponemos es socrática, la ética de la buena vida, laica y humanista, la que puede ayudarnos a vivir mejor la sexualidad: ética del consentimiento (frente a toda forma de coerción y violencia), ética del placer compartido (frente al egoísmo y la falta de empatía). ética de la igualdad (frente a la doble moral y roles de género discriminatorios), ética de la lealtad (frente al lenguaje engañoso, las mentiras, las falsas promesas, etc.), ética de la salud (frente a los riesgos), ética de la diversidad (frente a la uniformidad y las fobias a las minorías), ética de la vinculación y la desvinculación (frente a un concepto de pareja único y necesariamente terno) y ética de los cuidados a la pareja y a las crías.