Martes, 18 de septiembre de 2018

La canción de la tierra

 

 

Cada amanecer tiene un sentimiento que se iguala a la maravilla de los
paisajes que la luz perfila sobre el horizonte. Imágenes que la retina retiene
y, que en el papel, son retazos de frases que componen una experiencia
que, en muchos casos, resulta difícilmente repetible. El campo se alarga en
sombras horizontales color canela. El sol se proyecta sobre la línea del
tiempo que se convierte en río de fluir perpetuo, mientras la mañana abre
sus ventanas a la ciudad y desde ellas nos mira el volar de las aves y barcos
de papel navegan por las estelas de los sueños.

Entonces sucede que en el
claro amanecer de los recuerdos, danza el corazón alegre de la mañana y
descansa en la sinfonía de la tierra, en la esperanza de los valles en los
árboles y en las verdes laderas, mientras la mañana, la luz, la sombra, los
jardines, los ríos… son espacios definitivos en calma y hermosos. Sucede
que cada marzo sigue floreciendo la Tierra al tiempo que la música se
regala como dádiva… mientras en el gran monte aún la nieve permite que
nuestros sueños viajen por los paisajes blancos de la mañana… y tal vez
que nuestras fantasías se vuelvan tan cercanas que podamos tocarlas con
nuestras manos… y sucede que mientras el tiempo se va, el sol llena de luz
las ciénagas, el valle y los oídos reposados de las últimas horas del
invierno, sobre los corazones palpitantes en la espera de esa última hora de
emoción y de encanto…

y sucede, igual que se suceden los días, que la
vida es un vuelo de pájaros sobre las mansas aguas, viajeros bulliciosos
sobre los árboles, gemidos en la noche , cánticos al amanecer… una voz
que se silencia, que se aleja sin pensar, enviando melodías en la espumosa
agua del agitado mar de la hermosura… mientras, de nuevo, en calma, las
olas vienen y van y la vida continúa sobre el mismo naufragio vacío y
nuestro velero se aleja siempre más y más… y la música sigue sonando y
sus sonidos se escuchan desde la montaña mientras alguien sigue con sus
manos tocando y los oídos se extasían con las notas y los sueños…


mientras los jardines siguen floreciendo al final del invierno sabiendo que
el tiempo destruye el sueño, cuando el valle pierde la locura del instante
anhelado, de las horas que aún laten hasta llegar la primavera de fulgores
espléndidos entre el viento que mueve los árboles, en tanto que en los
jardines siguen naciendo nuevas flores en medio de la vida, mientras los
amantes se esfuman con el silencio de las horas y de nuevo se hacen las
miradas en el ocaso la sombra alargada de un vuelo errante con las aves de
paso.

Mientras el suave sonido de dulces instrumentos llega con el
encanto de todos los ríos que bajan de la montaña cruzando paisajes por
los que fluyen siempre, mientras la luz cariñosa de la fantasía protege la
extremada belleza de este singular paraíso., mientras un mar lentísimo se
aparece como en sueños y un día sin nubes cae en el horizonte como un
gran pez dorado en las redes del tiempo. Marzo trae sobre la montaña un
incendio de luz y, en vano, el agua saca, de las llamas inútiles, espadas de
diamante.

La sombra verde y rosa de los almendros, baja de las cimas de
las montañas y se instala y se aquieta, aquí cerca, como una suave sinfonía
con el viento, mientras una lenta voz, aparece y repite su canción. Se
deshojan las flores en los viejos campos que la maleza ha cubierto de
angustia y los retoños lloran y los árboles han dejado caer, en su agonía,
sus flores y, sigilosa, la noche ronda sobre los árboles, mientras las horas
bañan de soledades las laderas. Los campos extensos se convulsionan con
el viento y la quietud entremezclada con diversas formas de epitafios que
arrullan la calidez de la espesura… y el valle se hace música, sinfonía,
mientras pasa la vida y se hace un grito el silencio de todo aquello que sin
querer provoca… cuando alzando los ojos su desnudez es la soledad del
caminante.