Jueves, 2 de abril de 2020

Marzo. La canción de la tierra

Cada amanecer tiene un sentimiento que se iguala a la maravilla de los paisajes que la luz perfila sobre el horizonte. Imágenes que la retina retiene y, que en el papel, son retazos de frases que componen una experiencia que, en muchos casos, resulta difícilmente repetible. El campo se alarga en sombras horizontales color canela. El sol se proyecta sobre la línea del tiempo que se convierte en río de fluir perpetuo, mientras la mañana abre sus ventanas a la ciudad y desde ellas nos mira el volar de las aves y barcosde papel navegan por las estelas de los sueños.

Entonces sucede que en el claro amanecer de los recuerdos, danza el corazón alegre de la mañana y
descansa en la sinfonía de la tierra, en la esperanza de los valles en los árboles y en las verdes laderas, mientras la mañana, la luz, la sombra, los jardines, los ríos… son espacios definitivos en calma y hermosos. Sucede que cada marzo sigue floreciendo la Tierra al tiempo que la música se regala como dádiva… mientras en el gran monte aún la nieve permite que nuestros sueños viajen por los paisajes blancos de la mañana… y tal vez que nuestras fantasías se vuelvan tan cercanas que podamos tocarlas con nuestras manos… y sucede que mientras el tiempo se va, el sol llena de luz las ciénagas, el valle y los oídos reposados de las últimas horas del invierno, sobre los corazones palpitantes en la espera de esa última hora de emoción y de encanto…

y sucede, igual que se suceden los días, que la vida es un vuelo de pájaros sobre las mansas aguas, viajeros bulliciosos sobre los árboles, gemidos en la noche , cánticos al amanecer… una voz que se silencia, que se aleja sin pensar, enviando melodías en la espumosa agua del agitado mar de la hermosura… mientras, de nuevo, en calma, las olas vienen y van y la vida continúa sobre el mismo naufragio vacío y nuestro velero se aleja siempre más y más… y la música sigue sonando y sus sonidos se escuchan desde la montaña mientras alguien sigue con sus manos tocando y los oídos se extasían con las notas y los sueños…


mientras los jardines siguen floreciendo al final del invierno sabiendo que el tiempo destruye el sueño, cuando el valle pierde la locura del instante anhelado, de las horas que aún laten hasta llegar la primavera de fulgores espléndidos entre el viento que mueve los árboles, en tanto que en los jardines siguen naciendo nuevas flores en medio de la vida, mientras los amantes se esfuman con el silencio de las horas y de nuevo se hacen las miradas en el ocaso la sombra alargada de un vuelo errante con las aves de paso.

Mientras el suave sonido de dulces instrumentos llega con el encanto de todos los ríos que bajan de la montaña cruzando paisajes por los que fluyen siempre, mientras la luz cariñosa de la fantasía protege la
extremada belleza de este singular paraíso., mientras un mar lentísimo se aparece como en sueños y un día sin nubes cae en el horizonte como un gran pez dorado en las redes del tiempo. Marzo trae sobre la montaña un incendio de luz y, en vano, el agua saca, de las llamas inútiles, espadas de diamante.

La sombra verde y rosa de los almendros, baja de las cimas de las montañas y se instala y se aquieta, aquí cerca, como una suave sinfonía con el viento, mientras una lenta voz, aparece y repite su canción. Se
deshojan las flores en los viejos campos que la maleza ha cubierto de angustia y los retoños lloran y los árboles han dejado caer, en su agonía,sus flores y, sigilosa, la noche ronda sobre los árboles, mientras las horas bañan de soledades las laderas. Los campos extensos se convulsionan con el viento y la quietud entremezclada con diversas formas de epitafios que arrullan la calidez de la espesura… y el valle se hace música, sinfonía, mientras pasa la vida y se hace un grito el silencio de todo aquello que sin querer provoca… cuando alzando los ojos su desnudez es la soledad del caminante.