Martes, 18 de septiembre de 2018

Risas

Reír es un signo evidente del ser humano. La neurología y la psicología advierten de los mecanismos complejos que producen la risa y de sus efectos para mantener una existencia equilibrada. Es un acto que se vincula al lenguaje corporal y también al fluir de hormonas que inciden en otras funciones vitales. En último término, Umberto Eco articuló sobre la risa su gran novela El nombre de la rosa. El protagonista Guillermo de Baskerville, resuelve el caso de unos frailes asesinados que, presumiblemente, habían tenido acceso a la escondida comedia griega (y reían). Un peligroso descubrimiento que podía trastocar el severo orden monástico medieval.

 

La risa proyecta diversas facetas que se vinculan con distintos estados de ánimo y con papeles diferentes que desempeñan en el comportamiento humano. Desde la inocente que acompaña a los juegos infantiles a la risotada gamberra en el grupo de adolescentes, desde la que proyecta la sutil ironía a la que viste disfrazada a la maldad, desde la sincera carcajada a la hipócrita risa floja. Sonreír con servilismo o con arrogancia. Esbozar una sonrisa de satisfacción o de pena. Hay lucidos profesionales cuyo oficio tiene que ver con generarla, con independencia de su estado de ánimo, de modo que a veces producen una especie de gran prostíbulo del humor, donde el payaso de circo es una figura muchas veces evocada, como también lo es, en el silencio íntimo, el dibujante que escribe su viñeta humorística bajo un estado de ánimo depresivo.

 

Venezuela, el país con mayores reservas de petróleo del mundo y que lo explota desde hace justo un siglo, siendo el principal rubro de su economía, aunque en decadencia, vive una situación de desabastecimiento, de manera que para el 28,6% de su población el principal problema es la escasez de alimentos, y la inflación anual hace ya tiempo que se sitúa en los cuatro dígitos. El crimen se ha hecho asimismo endémico: en 2017 se han reportado 26.616 fallecidos por muerte violenta y uno de cada cinco entrevistados, en una encuesta de la Universidad Católica Andrés Bello, fue objeto de un delito durante ese año. Además, se estima que el éxodo de venezolanos acumulado en los últimos tres lustros supera los tres millones, y esa sangría va en aumento, centrándose sobre todo en personal relativamente cualificado.

 

Asisto a un seminario sobre Venezuela. Al panorama recién enunciado se le añade una preocupante deriva autoritaria bajo el gobierno de Nicolás Maduro, cuyo nivel de aceptación popular es del 31%. Se trata de un escenario complejo y dramático. El ponente aborda alguno de estos asuntos y me asombra que su intervención desata risas entre los asistentes. El teatro de la vida incorpora la figura de la superioridad intelectual, que ejercen quienes ven ratificado lo que piensan por el expositor, creen saberlo todo, o peor aún, su catadura es insufrible porque pretenden tener el canon. Esbozan, primero, una sonrisa de supuesta inteligencia que es seguida, si el ambiente lo propicia, por una hilaridad desbordada que me resulta siniestra.