Sábado, 22 de septiembre de 2018

Haciendo historia - 12

Además, los pastores son agentes religiosos desde el momento en que están presentes en el discurso bíblico, como anunciantes del nacimiento de Jesús y sus primeros adoradores, como guía mosaico que liberó de la cautividad al pueblo de Israel, como figura del Buen Pastor que carea el rebaño de las almas sencillas hacia la salvación eterna. De ahí que sean elemento central en Autos de Navidad, villancicos y fiestas populares llamadas pastoradas, pero también testigos de las apariciones marianas y de imágenes de santos, porque con su ingenuidad y bondad naturales dan veracidad al misterio del culto de hiperdulía. Compártanse, pues, como fieles devotos de ermitas virginales, situando su gremio bajo la advocación de María, pues no olvidemos que la Mesta tiene como patrona a nuestra Señora de Guadalupe. En cuanto a la Virgen del Rocío como pastora, es una alegoría recurrente con otras imágenes, cuya matriz es el culto de hiperdulía a la Divina Pastora. Pero lo que, en cambio se conoce poco es que esa famosa romería por la que peregrinan todos los años miles de andaluces, discurre por vías pecuarias que llevan hasta las mismas puertas del santuario. Y esas cañadas que se derraman por las marismas del Guadalquivir están conectadas con las grandes rutas mesteñas que bajan desde las sierras castellanas. Del mismo modo, ese vivir sobre el terreno les lleva a construir cosmovisiones personales y ser partícipes de los fenómenos sobrenaturales que obran en la silva, mundo inculto hacia donde desplaza sus fantasmas diabólicos el habitat agrario, como testifica un amanuense monástico en 1570, cuando "un Pastor de este Cómbente (de Valvanera), que guardaba su ganado, entró en la iglesia gritando..., y empezó a dezir a vozes, había muerto al Demonio con su cayado; y que si querían verlo él se los mostraría. Salieron con él pasadas de trescientas personas, y guiándolas al sitio del combate, vieron tendida en el suelo una espantosa serpiente de cuatro varas de larga y media de grueso, toda llena de escamas, como de azero, con cabeza monstruosa y unos dientes terribles. Admirados del suceso, la trajeron arrastrando hasta el Cómbenlo para que viesen todos cómo defiende la Virgen los criados de su casa, pues con tan débil arma había muerto uno, un monstruo tan horrible". En cuanto a las visiones idealizadas de los pastores, los antropólogos nos han mostrado toda una interpretación privativa del universo en las mentes de un hurdano, o la metáfora del Paraíso Terrenal y de la Tierra Prometida que para un serrano se hallaba en Extremadura, por su fertilidad, forma de vida y el calor benigno que hace germinar a las plantas y engordar a los ganados. Por fin, el pastoreo dará lugar a todo un género literario con antecedentes clásicos en las Bucólicas virgilianas, pero que cobra bríos renovados con la eclosión de la novela pastoril renacentista, como La Arcadia de Jacopo Sannazaro (1504), La Diana (1559) de Jorge de Montemayor, la Diana enamorada (1564) de Gaspar Gil Polo, La Galatea (1585) de Miguel de Cervantes y La Arcadia (1598) de Lope de Vega. En el mismo Quijote conviven los pastores reales y los fingidos. Luego en esta modalidad que se complementará con la más popular del romancero y las canciones acompañadas por el rabel y la dulzaina, el paisaje de la majada representado por una naturaleza idílica, no será más que el marco que sirve de escenario al desarrollo de pasiones y conflictos amorosos. La utopía arcádica donde habitan Sincero y Amarilis. Los cervantinos montes que "crían letrados, y las cabañas de los pastores encierran filósofos..., o a lo menos, acogen hombres escarmentados". Todas estas visiones ideológicas descansarán en el imaginario colectivo y se guardarán tanto en los fondos impresos como en la cultura oral. Y no olvidemos que un poeta como Miguel Hernández compuso sus primeros versos siendo zagal, o que las leyendas de pastoriles, de la Loba parda a la Serrana de la Vera, abundan en nuestro romancero