Lo que aprendí de Forges

Yo era un chaval cuando la transición roturó nuestras cabezas, nuestras mentes; cuando cubrió nuestras vidas. Yo era un chaval, digo. Y poco después, ya jovenzuelo, estando en Madrid estudiando Periodismo, me di a descubrir la entraña y mecánica de los que Mcluan llamó “Mass Media”. Redaciones de periódicos, televisión, radio. Y leer mucho, prensa sobre todo, libros. Y descubrí a Forges en El País. Leer el chiste y admirar el ingenio de este hombre es todo uno y además crea adicción. En 50 años, Antonio Fraguas, trabajador incansable de la viñeta, forjó un lenguaje personal e intransferible. ¿Quién no tiene en alguna parte de su vida, de su casa, taller, oficina…pegado un chiste de Forges?. O en la memoria. Aquel genial que ponía en solfa las relaciones entre patronal y sindicatos: una gran mesa, negociadores a un lado y a otro. Y de entrada en el “bocadillo” uno: “Buenos días”. Contestan los otros: ¡”No estoy de acuerdo!”.

 De Forges, de su sarcasmo, ironía, humor de fina hilaridad que explica las absurdas convenciones sociales y las muchas veces ridículas costumbres de la administración pública…de Forges, digo, aprendí a ser más solidario, a ir formando en mi mente un criterio más cercano a la sensatez y el equilibrio, a ver en la vida su parte del sentido del humor y a entender que éste posee un alto porcentaje de nuestra anhelada felicidad. Y tantos breves momentos de sonrisas…

 Un cáncer de páncreas nos lo arrebató esta madrugada. Gracias por todo maestro.