Dos pisos monos al mes

Vivía yo alegre y generosamente dadivoso, pagaba todas mis deudas, las multas de tráfico por venir y los descosidos económicos de mis cuatro cuñados. Saltando y cantando por la calle Zamora me paraba ante el fulano del violín que toca de memoria el Otoño, de las Cuatro Estaciones, de Vivaldi y le soltaba en la gorra cincuenta euros. Dejaba de tocar y se piraba dando botes a comprar una pizza al Mcdonals… y luego volvía para tocar seguidamente esa de Pachembell que tan bobalicón me deja. Y luego, de un salto subía a un árbol para ver con cara de dron a los amos con sus perros y viceversa y al que no recogía las cacas, como haciéndose el loco, le zurraba en el coco con un tirachinas desde lo alto. Y luego, llegando a la plaza de la Libertad, me acercaba por detrás del tío que enarbola los 50 globos y con una tijera le cortaba los hilos y ¡hala, a volar todos!. El chico encorajinado, porque no iba a ser para menos, sale corriendo detrás de mí pero en un momento me vuelvo, tiro las tijeras y saco un fajo de billetes y le suelto de sopetón: ¿cuánto valen?. Y me dice: tanto. Y yo, toma, y toma esto de propina.

 Me suena el móvil y es el vendedor de coches, que para cuando quiero el Masserati. Le digo que mañana en Madrid. Llamo a mi chófer, quedo con él y pregunto a mi secretario si ha fijado ya la fecha para el crucero. Me voy a mi clase diaria de zumba. Recibo la llamada de mi asesor fiscal y me dice que ha conseguido dos áticos hermosos. Voy a ver uno, un octavo, vistas espectaculares, yacuzzi, cuatro dormitorios, dos baños y trastero. Me asomo a la ventana del salón y de repente, a mi espalda, aparece una bruja que me dice: ¡aparta, que me voy volando!. Y yo, ¡que no, que esta casa es mía!. Total, que de un escobazo me tira al vacío…

 Y abrí los ojos como dos resortes, una jartá de sudor, la almohada amarillenta. Desayuné, abrí en el ordenador un periódico digital que titulaba con grandes letras: 330.000 euros, salarío mensual de De guindos como Vicepresidente etc, etc….

 Y yo me dije muy para mí mismo: ¡vaya dos pisos monos que me compraba yo al mes!.