Sábado, 24 de agosto de 2019

El consejo de Rajoy

El señor Rajoy, en su calidad de presidente del Gobierno, sigue empeñado en dar consejos a los jóvenes españoles: que ahorren hoy pensando en mañana, que vayan llenando la hucha con algún eurillo que otro para que la vejez no les pille con más gastos que ingresos.

Pero señor Rajoy, ¿cómo demonios quiere usted que ahorren los jóvenes?

El ahorro es una de las cosas que nunca estuvo al alcance de los jóvenes, a excepción de los que nacen en familias ricas, y esos no necesitan  ahorrar, pero el resto de los jóvenes nunca pudo ejercer esta actividad. Ayer se lo impedían unas razones que usted o no vivió o no recuerda y hoy otras que, además de no sufrir, quiere ignorar. 

Los jóvenes de hoy, a ver si se entera de una vez, empiezan a trabajar cada vez más tarde, a veces cuando ya ni siquiera son tan jóvenes, con contratos de media jornada, de días alternos, con horarios partidos, con salarios tan bajos que en no pocos casos invierten lo que ganan en los desplazamientos, y lo que es peor: con frecuencia cobran tarde, mal y nunca, o sencillamente no cobran, y no le cuento para qué les sirve denunciar para no quitarle trabajo a los sindicatos no vaya a ser que también nos los mande al paro y encima tengamos que indemnizarlos para asegurarles el futuro.   

Es cierto que si miramos a nuestro alrededor vemos que nuestros jóvenes, en general, viven mejor que vivieron sus padres a la misma edad: viajan por placer antes de empezar a trabajar incluso, ya no comparten habitación con compañeros de clase o de trabajo, prefieren disponer de su propio apartamento, disponen de coche para salir de fiesta los cada vez más largos fines de semana, porque eso de salir a divertirse solo los domingos era propio de jóvenes “que no sabían disfrutar de la vida”, y aunque sólo lo utilicen para entretenerse, prefieren el último móvil del mercado. Pero esto tiene una explicación lógica aunque no se hagan estudios que la verifiquen: son hijos de las primeras generaciones de padres que empezaron a trabajar los dos, en su mayoría con contratos fijos, con subidas anuales y adquiriendo derechos de antigüedad entre otros, o de jubilados  en edad laboral que cobran altas pensiones y fueron  bien gratificados para que aceptaran el despido como si fuera el gordo de Navidad, que lo era, ya lo creo.

Estos padres y no su tan cacareado “crecimiento económico”  son los que están tapando una realidad que en pocos años se hará visible con lamentables consecuencias para todos, porque el problema no es que no puedan ahorrar los jóvenes, es que los ahorros de los mayores, con ellos o sin ellos, se acabarán también y, o se deja de consejos y resuelve el problema laboral para que cada cual se sostenga económicamente con lo suyo, o díganos quién y cómo socorrerá a quién cuando lleguen los apuros…