Martes, 10 de diciembre de 2019

La importancia de las cosas que no tienen importancia

A veces, las cosas, esos trastos inútiles que para nada sirven y a los que no les damos importancia alguna, que ni siquiera sabemos desde cuando anda por la casa dando bandazos y superando pruebas tan duras y difíciles como los cambios de domicilio, adquieren vida propia. Una vida metida en lo más profundo de sus entrañas.

Son cosas a las que apenas prestamos atención pero, que se han ido pegando como lapas a otras que tienen más claro el motivo de su permanencia, se ha adherido a ellas como tabla de salvación para no perecer en los procelosos mares de la limpieza y el desalojo de cajones, estanterías, armarios…, Y ahora, superada la dura prueba del paso de los años, se yerguen orgullosas en alguna estantería de la casa, diciéndonos ¡aquí sigo!, y ya no puedes deprenderte de mí, porque si lo haces perderás un trozo de tu vida.

Un buen ejemplo de esto, lo tengo en casa. Es una vieja pipa de fumar, bueno de fumar no, porque nunca nadie ha fumado con ella. Es una pipa muy rudimentaria, la hice cuando tenía trece o catorce años; Un palo, no recuerdo como le fui horadando hasta hacer que a través de él pudiera pasar el aire. Le uní mediante unos alambres a un pequeño tronco cilíndrico que vacié quemando su interior y ya estaba hecha la pipa.

Esta pipa estuvo durante años de un lado para otro en casa de mis padres. Un día me enfrenté a ella, hacía tiempo que no la veía, seguro que se habría protegido escondiéndose en lo más profundo de algún cajón de algún viejo mueble. En ese momento, sin saber por qué, empecé a sentir la necesidad de mantenerla, de hacer algo para que no se perdiera,  y no se me ocurrió otra cosa que perpetuarla pintándola a tamaño natural.

Hice un pequeño cuadro que enmarqué de forma muy simple. Así no la perdería. Ahora la tendría en mi recuerdo para siempre. Pensaba que la pipa terminaría despareciendo, que alguien la tiraría como un objeto viejo e inservible, pero nadie tiraría el pequeño cuadro. Han pasado más de cincuenta años, y ahora tengo la pipa y el cuadro juntos en una estantería de mi casa. Por nada quisiera perderlos. Ahora son un trozo de mi vida, me traen recuerdos muy vivos de aquellos años de mi adolescencia. Recuerdos, que sin esas pequeñas cosas, los habría perdido para siempre.