Sábado, 22 de septiembre de 2018

Si no saben volar

Si no saben volar pierden el tiempo conmigo.

Oliverio Girondo

Sorprendentemente cada vez hay más seres que no saben volar. No, no saben volar. Si prestas atención, distinguirás sus dos alas dócilmente plegadas a su cuerpo, apenas perceptibles.

Cumplen sus objetivos, compran siempre billete de vuelta, domestican sus auras.

 Conocen bien los calendarios, ordenan alfabéticamente sus sueños. Reptan.

Por lo general son personas amables, disciplinadas. Sonríen donde pone “sonría”. Duermen cuando pone “duerma”. Pueden ser verdaderamente hermosas, conmovedoras. Se camuflan en su paisaje, su mirada en la tierra, su piel a salvo.

Algunas noches de lluvia parecen intuir una oscuridad difusa. Entoces suelen cerrar los ojos y apretar las plantas de los pies con fuerza contra el suelo. Enraizarse.

Nosotros muchas veces los miramos con admiración. “Ojalá”, pensamos, “ojalá nosotros”.  Otras veces pensamos en Oliverio Girondo. O, simplemente, dejamos de pensar. Y seguimos volando entre nubes salvajes.