Sábado, 21 de septiembre de 2019

Telómeros

Fidel Iglesias

Yo le decía: ¡Tú has sido el inventor del perro-teléfono! .Y todo a raíz de una anécdota que me contó y que me hizo mucha gracia: “En tiempos lejanos, cuando después de una maratoniana jornada de caza de “sol a sol” llegaba a su querido pueblo de Cabrerizos, en aquellos tiempos pequeñito y entrañable, Fidel Iglesias antes de quedarse en el bar con sus amigos para jugar la partida de cartas; le ataba en el rabo de su fiel perro un pañuelo y le “mandaba” a casa… de esa manera original su esposa Remedios, ya sabía que su marido estaba en el pueblo”.

Y, como han cambiado tanto las “cosas” de la comunicación entre personas, actualmente no sería el perro-teléfono… sí no, el perro WhatsApp. Y con ello, la verdad, se ha perdido las emociones. Para nada extraña, lo que dice sobre este tema, Andy Stelman cuando le preguntan: ¿En qué consistirá la revolución de las emociones que habla en sus libros?-contesta-: “Estamos prestando toda la atención del mundo en las nuevas tecnologías a la nube de macro datos”. Y se pregunta: ¿En qué lugar está lo humano en esta discusión?... Es más, pues llego a pensar; que con esta conexión de todo el día con el móvil y no tengamos el valor de mirarnos a los ojos, de darnos un abrazo auténtico; poco a poco, vamos abandonando nuestra alma y nuestras emociones”

Particularmente, yo, no dejo de reconocer que “las redes sociales y la tecnología tienen el potencial de ser la herramienta perfecta para mantener amistades, contactar con quienes queramos, cuando queramos y desde donde queramos…. Pero también reconozco, que es indudable; en que se confunden estos contactos, con las buenas relaciones y emociones”.

Y asevero contundentemente: Qué eso lo “pone” en esta historia, el pañuelo que mi amigo Fidel, ataba en el rabo de su perro de caza.

Cambiando de tema: Estos días lamentablemente he estado en los funerales de varios amigos y conocidos, “que pasaron por aquí” en una dura racha que se acrecenta durante los meses de invierno. Ello da para pensar muy seriamente y sin temor en algo que es inexorable”… y que el recordado amigo—el modesto y sencillo—poeta de Cantalpino, Armando Moralejo (q.e.p.d)-reflejaba en su-RECUERDOS Y AÑORANZAS-… No te escondas ni te ocultes, que asustarme ya no puedes. He vivido muchos años y sé muy bien lo que quieres. Tan sólo ya de recuerdos viviendo estoy la vejez. Pues atrás, muy atrás queda, la infancia y su candidez.

Decía que ello “da que pensar” sobremanera a los que ya tenemos una edad sobrepasada y te preguntas, más de una vez ¿Cuánto me queda?... ¿Seré el próximo?

Aseguro que ya entonces en el entierro de mi amigo Fidel Iglesias lo pensé muy seriamente. Era el año 2007, allí en su pueblo de Cabrerizos, en la Iglesia que está en el entorno de la Plaza ¡Cuánta gente, cuantos amigos!... Y entonces; cuando me iba, paré en el espléndido-Mirador-desde el que se divisa la infinita planicie y un río Tormes que ahora discurre plácidamente pero, que he visto otras veces muy “rebotado y bravío”, lleno de furia. Os aseguro que allí pensé… mucho…

Tengo por costumbre, mejor dicho tenía, el hacer un Diario. Pues me aburrí. El último lo inicié un sábado 24 de agosto-2012- en la habitación 503 del Hotel Riazor (La Coruña) y decía así: “Estoy tranquilo y concienciado de que el tiempo no pasa en balde, es más, se acaba para los que tenemos una edad avanzada. Por ello he decidido el comienzo de un nuevo Diario, sencillo y de cosas cotidianas, de sucedidos, al día, de preocupaciones, alegrías y recuerdos… de vivencias… A las 8,00 horas estoy en la Playa de Riazor y tengo la gran satisfacción de ser la única persona que a esas horas pisaba la arena, esa fantástica arena blanda que hacia dificultosa la marcha. La mar está embravecida y deja algas en la orilla. Hay  un olor inconfundible a mar… ¡Oh la mar, que espectáculo!

… Con mucha pena me despido de La Coruña, del Hotel Riazor de la habitación 503, de la playa fantástica; es posible, más bien casi seguro, que ya no vuelva a este lugar, jamás… Los años no perdonan lamentablemente.

Han pasado 6 años desde aquella estancia y no he vuelto a La Coruña. Afortunadamente continúo viviendo y no he vuelto. He estado en otros lugares de la geografía nacional. Y, tal vez, vuelva a pisar la arena añorada… otra vez. Ello será posible, si los TELÓMEROS; “que son unos mecanismos del envejecimiento” se vuelven perezosos en mí organismo y me dan un respiro… ¡tengo 83 y… años de edad! . Pero mañana será otro día

Nota: “En La Coruña, además de esos paseos por la playa; también pude degustar junto a la familia y en lugar amable y adecuado con anécdota incluida una “mariscada impresionante (arroz con bogavantes, carabineros, nécoras, cigalas, navajas, camarones, regados con un buen albariño), total ¡180 euros de mariscada!... ¡Ahí lo dejo!

  • El duro invierno