Sábado, 18 de agosto de 2018

Futbolización

Puede valer como metáfora, paralela a aquella otra de la globalización. Este mirador desde su atalaya provinciana lo viene observando desde hace tiempo y ya lo ha dicho aquí apoyado en su columna. Cómo cambian los tiempos. Desde que él era aficionado y jugaba a los platillos con su equipo, que entonces era el Oviedo que tenía un jugador que llevaba gorra, quiero decir la boina aquella negra con ”bolinche”; que empieza a jugar al fútbol en la plaza del pueblo  con sus amigos, con la pelota de trapo que le hacía su madre, y luego con una pelota grande de goma, que le compraban en las Ferias o le echaban los Reyes cuando venían de oriente generosos.

Y luego llegó el balón “de reglamento”, de cuero, y jugaba con su equipo y participaba en campeonatos de los colegios, y sus hermanos mayores le compraban el Marca con los posters de los más célebres, entre ellos Zarra y Gainza, y Campos del Atlético de Aviación…

Y luego cómo creció el fútbol (para algunos todavía solo “fubol”) como espectáculo, que antes era deporte., y nos invadió y lo llenó todo como una pelota, una esfera del mundo, a la que le dan patatas los futbolistas. Pero no para el espectáculo de masas, sobre todo de masas alucinadas mirando las pantallas… hasta convertirse en negocio, un negocio descomunal, multinacional, que ha futbolizado la esfera del mundo, desde el Reino Unido, donde dicen que nació, aunque patadas a una pelota ya se habían dado antes, hasta las Américas, la China, y los dólares de los países del petróleo del Golfo, que le han puesto césped a los desiertos para que ruede la bola.

Y los negocios empiezan cuando aparecen en la tele o en otros medios de comunicación, y se fortalecen si salen más en la tele, y así ganan dinero los futbolistas que dan las patadas, y los miles y miles de periodistas que hablan de las patadas de los futbolistas, y los que sostienes las empresas que sostienen a los futbolistas y a los periodistas, que no sólo son los clubes y las televisiones y emisoras de radio, sino y sobre todo lo que no se ve y a veces aparece como la punta de un iceberg, que son los que hacen los negocios de los negocios de millones de las estrellas del fútbol, o de los que no han llegado a estrellas ni llegarán.

Y así esta esfera indecente pero deslumbrante sigue girando y girando y se nos mete por la portería de la casa y nos ciega y no deja ver la realidad de la vida, que es mucho más normal, e incluso mucho más cruel, porque mientras unos se llevan millones de las cláusulas de rescisión o sabe dios de qué sin ningún remordimiento, otros muchos, muchos millones de hombre, de mujeres y de niños no tienen lo más elemental para vivir como seres humanos.