Martes, 23 de julio de 2019

Adiós de dos poetas

El cordobés Pablo García Baena y el chileno Nicanor Parra

En estos pasados días, nos han dejado dos poetas muy significativos de la segunda mitad del siglo XX e inicios del XXI en español: el cordobés Pablo García Baena y el chileno Nicanor Parra, hermano de la impagable cantante Violeta Parra, sobre la que, por cierto, se ha publicado recientemente una interesantísima biografía.

Ambos poetas, por cierto, están, de algún modo, relacionados con Salamanca, sobre todo porque recibieron el galardón del Premio “Reina Sofía” de Poesía Iberoamericana, que otorgan la Universidad de Salamanca y Patrimonio Nacional. Pablo García Baena lo obtuvo en 2008 y Nicanor Parra, unos años antes, en 2001.

La dilatada trayectoria poética de Pablo García Baena es de un gran interés. Está asociada, en su origen y buena parte de su desarrollo, al grupo poético cordobés que se gestaría en torno a la revista Cántico, que, creada en 1947 y con una interesantísima trayectoria de una larga década, reveló a unos poetas, como Ricardo Molina, Juan Bernier, Julio Aumente y Mario López, que, junto a los pintores Miguel del Moral y Ginés Liébana –ilustradores de la revista y de algunos de los libros de poemas de tales autores–, renovarían la poesía a partir de la herencia de la Generación del 27 y de un cierto Modernismo que cuadra bien con esa expresividad de los poetas del Sur. La brillantez verbal de Góngora también fue un modelo para estos poetas.

Pablo García Baena es autor de un puñado de libros en los que se aúnan, de un modo muy hermoso, mundo propio y decir brillante pero equilibrado, como ‘Antiguo muchacho’, ‘Junio’, ‘Óleo’, ‘Antes que el tiempo acabe’ o, el último, ‘Los Campos Elíseos’, de 2006. Aparte de otros varios títulos y plaquetes.

En la poesía de Pablo García Baena siempre pugnan celebración y elegía. El hedonismo de la celebración, a partir de una materialidad muy del sur y de una tradición antigua y clásica que viene del Mediterráneo, se encuentra casi siempre con el sentimiento elegíaco de la caducidad de todo y de la pérdida. Ahí está la tensión decisiva de la poesía de Pablo García Baena.

¿Y Nicanor Parra? Él creó, ya en los años cincuenta del siglo pasado, el concepto de “antipoema”, que aparece ya en su título ‘Poemas y antipoemas’. Se le ha llamado un anarquista de la poesía. Lo que el autor chileno realiza, ante todo, es un despojamiento de toda solemnidad y ampulosidad vacua de la poesía, para que, a través de un lenguaje más directo, coloquial, a ras de suelo y de comprensión, pero al tiempo muy personal, pueda aparecer el flujo de la propia intimidad, de la propia sentimentalidad, también de cómo el poeta percibe el mundo.

Estos días, en las referencias de prensa, con motivo de su fallecimiento, se citan unos versos que muy bien pueden expresar ese sentir de la ‘antipoesía’: “Durante medio siglo / la poesía fue / el paraíso del tonto solemne. / Hasta que vine yo / y me instalé con mi montaña rusa. / Suban, si les parece.”

Es una invitación del poeta a que la poesía, despojada de cualquier solemnidad y ampulosidad, transite por los mismos andurriales por donde va la vida y en los que estamos todos.

Adiós de dos poetas. Su palabra, sus libros se quedan con nosotros, para que nos acerquemos a dos significativos decires de nuestra poesía contemporánea. Es una invitación. “Suban, si les parece.”