Domingo, 18 de agosto de 2019

Pablo, Pablito, Pablete

Pablo Iglesias Turrión, aquel tertuliano al que conocimos participando en medios tan diferentes como El cascabel al gato (13 TV), Te vas a enterar o Las mañana de cuatro y La Sexta Noche (La Sexta). Aquel chico bien educado que guardaba respetuosos silencios, mientras los demás hablaban; aquel que argumentaba con inteligencia y lucidez. Aquel Pablo que heredo y supo manejar con eficacia la antorcha ilusionante encendida por el movimiento 15M. Aquel Pablo que en 2013 recibió el premio «Enfocados» de Periodismo por su contribución al cambio social.

Pablo, admirado por muchos jóvenes y no tan jóvenes de este país, la esperanza de la izquierda. Figuera emergente que era reclamado por todos. Aquel que junto a un grupo de personas dio forma en 2014 a Podemos, el movimiento ciudadanos que un par de meses después se transformó en partido político y concurrió a las elecciones europeas de las que Pablo salió investido eurodiputado. Activista admirado por sus amigos y compañeros de partido, líder nato, que como Secretario General de su partido logro apenas un año más tarde 44 escaños en el Congreso de los Diputados tras las elecciones generales de diciembre de 2015. Quizás fue en ese instante cuando Pablo comenzó a transformarse en el travieso Pablito.

Junto con Ciudadanos, pusieron fin al bipartidismo en España, mientras el Partido Popular (PP) y el Partido Socialista (PSOE) sufrieron duros correctivos. El PP, a pesar de ser el más votado, sabedor de que no contaba con los apoyos necesarios, rechazo la propuesta de presentar un candidato a la Presidencia y Pablo, ahora ya Pablito hizo su oferta: el Presidente sería Pedro Sánchez del PSOE y él sería el Vicepresidente. Pero la cosa no cuajo y el resultado fueron unas nuevas elecciones.

Pablito, comenzó a hacer visible su mala digestión del éxito obtenido, incluso algunos de su compañeros de viaje comenzaron a mostrarse disconformes con sus decisiones. El gobierno del cambio, el gran pacto de la izquierda soñado por muchos se esfumo y en unas nuevas elecciones el PP no sólo volvió a ganar, obtuvo más escaños, mientras los socialistas perdieron 5. A pesar de los resultados, Pedro Sánchez aceptó el encargo de presentarse a la investidura como Presidente del Gobierno.

Pablito tuvo entonces la oportunidad de oro, la oportunidad de sacar al PP del gobierno como siempre dijo que había sido su deseo. Pero su vanidad pudo más y la presencia de Ciudadanos en el baile le producía sarpullido. Así, tras rondas interminables de consultas Mariano Rajoy volvió a ser investido Presidente a pesar de Pablito o ¿tal vez no?.

Con esa pésima decisión, que supuso para todos los ciudadanos más de lo mismo, Pablito sufrió una nueva metamorfosis convirtiéndose en el malcriado Pablete. Se hizo egocéntrico y altanero, comenzó a echar de su lado a todo aquel que osara hacerle sombra: Carlos Monedero, Enrique Riobóo[i], Iñigo Errejón, Tania Sánchez o Carolina Bescasa, sustituida por su entonces pareja sentimental Irene Montero. La presa rosa colocaba a Pablete en el “candelabro”.

Pero ya no era tan irónico, ni sus comentarios eran tan agudos. Sus apariciones en medios se fueron distanciando. Él y su grupo de fieles seguidores, buscaban en soledad nuevos caladeros en los que mendigar votos;  y en ese esfuerzo de redefinir su identidad, el discurso de Pablete se fue desdibujando, sus mensajes se tornaron más abstractos, sus mareas comenzaron a marearse con tantos vaivenes a uno y otro lado para, al fin y a la postre, no decir nada nuevo.

Las encuestas no le auguraban buenos resultados, sus votantes les retiraban su favor, y en Cataluña, Pablete, sufrió un clamoroso descalabro. El partido naranja de Inés Arrimadas sacó varios pueblos de ventaja a los morados.

La gran esperanza de la izquierda se volvió molesta, incómoda, Pablete no quería hablar del tema catalán, de la misma forma que Rajoy se niega a hablar de la corrupción en su partido ¡pero, por Dios! ¿es que ahora los políticos pueden elegir de qué quieren o no quieren hablar? Tendrá que hablar de lo que interesa o los ciudadanos ¡vamos digo yo!

Pues así están ahora las cosas para el intrigante Pablete, el avezado periodista Fernando Jauregui ha llegado a decir de él hace unos días que era “una catástrofe para la izquierda” y añadió que las posibilidades de regeneración en su partido pasan por Iñigo Errejón y Carolina Bescasa.

Aquel Pablo agudo, sagaz, educado y buen conversador, sufrió su primera metamorfosis, por un indigestión de éxito, dando paso a un Pablito, egocéntrico, individualista, con maneras de niño malcriado, de dictador en ciernes, hasta que en una nueva mutación vino a ocupar su lugar el Pablete, cínico, sin discurso, arrogante, ansioso por ser escuchado, que presume de las victorias de otras para ocultar sus derrotas. Y es que cuando tiene alguna aparición pública e intenta con desesperación que volvamos a ver al Pablo original lanzando ocurrencias extravagantes muchos pensamos ¡Va, son cosas de Pablete! Qué pena oiga.

 


[i] Podemos formalizó denuncia contra el antiguo socio de Pablo Iglesias y propietario de Canal 33, Enrique Riobóo, por haber mentido ante el Senado al acusar al líder del partido morado de haber recibido fondos de Venezuela e Irán.