Domingo, 19 de agosto de 2018

‘Un viaje de largo recorrido’, el fotoperiodismo auténtico de Alberto Prieto

Hasta el 1 de abril, en la Sala 8 de este centro, se puede ver una selección del trabajo realizado por este reportero salmantino en países marcados por conflictos bélicos

Una de las imágenes de esta exposición de Alberto Prieto en el Da2

Alberto Prieto es uno de esos profesionales de la fotografía que recorre el mundo para dar testimonio de la dura vida que llevan millones de personas que, en la mayoría de los casos, se ven atrapadas por conflictos bélicos, políticos o económicos.

Hasta el 1 de abril, en la Sala 8 del Da2, se puede visitar ‘Un viaje de largo recorrido’. “Las fotografías que se exponen aquí han sido creadas con mejor o peor fortuna; pero todas son fruto de la pasión y de un, muchas veces arduo, trabajo de búsqueda”, explica Prieto, cuya sensibilidad se palpa en cada una de la imágenes que crea.

Este jueves, el concejal de Cultura, Julio López Revuelta, y el propio autor presentaban la esta muestra que no se deben perder y que invita a reflexionar sobre el estado de este mundo globalizado. Y el viernes, a las 20.00 horas, tendrán la oportunidad de asistir a la inauguración oficial, que será comentada por Alberto Prieto.

La entrada al centro es gratuita y el Da2 se puede visitar de martes a viernes de 12.00 a 14.00 y de 17.00 a 20.00 horas, así como sábados, domingos y festivos de 12.00 a 15.00 y de 17.00 a 21.00 horas.

El autor

Con amplia experiencia como fotógrafo en prensa diaria, en la actualidad Alberto Prieto está establecido como fotoperiodista independiente. Su trabajo se ocupa particularmente de documentar situaciones de denuncia social, desarraigo, migraciones, exclusión social, guerras y posguerras.

Los últimos años se ha especializado en la cobertura de la guerra en Siria e Iraq donde ha viajado en diversas ocasiones y desde donde ha publicado para medios internacionales.

Ha trabajado en países como Siria, Iraq, Turquía, Afganistán, Sierra Leona, Liberia, Guinea Bissau, Mauritania, R.D. Congo, Gambia, etc. Sus fotografías se han publicado en medios como The New York Times, The Telegraph, The Washington Post, Die Welt, Knack, El País, El Mundo o La Vanguardia, entre otros.

Ha realizado numerosas exposiciones tanto colectivas como individuales, la última de ellas en el Museo Art Nouveau y Art Déco – Casa Lis  de Salamanca “Los Desastres de la Guerra. Ayer y hoy” junto con el maestro Goya. Compatibiliza sus proyectos personales con conferencias y talleres.

Paralelamente ha abordado la fotografía minutera construyendo su propia cámara, una caja de madera que sirve a la vez de cámara y de laboratorio de revelado, en un acercamiento a los orígenes de la fotografía investigando los procesos analógicos antiguos.

La mirada y lo mirado (por Alberto Prieto, fotoperiodista)

¿Qué criterio debe seguirse para hacer una selección de nuestro trabajo fotográfico que resulte representativa, rigurosa, variada, atractiva para el público, y todo ello sin traicionar al que somos ahora con los testimonios del que fuimos antes? No tengo una contestación que me convenza a mí; menos aún que aspire a convencer a otros. Si, pongamos por caso, diez expertos curadores –así los llaman ahora– realizaran individualmente dicha labor sobre una misma obra,probablemente la selección que hiciera cada uno de ellos diferiría mucho de las restantes, y, desde luego, de la del propio autor. Esta disparidad ¿pone en duda el criterio de cada seleccionador? De ningún modo. ¿Sería alguna de las selecciones más fiable que la efectuada por el autor? Tampoco, salvo que nos refiramos exclusivamente a cuestiones puramente técnicas (y ni aun así estaría garantizada una concordancia total). Lo cual quiere decir, al menos en mi opinión falible, que hay muchas posibles elecciones, cada una de las cuales susceptible de ser adecuada.

En los territorios del arte, no solo cuenta lo mirado; también la mirada. Si la prevalencia absoluta de lo mirado nos conduce a la asepsia objetivista, la de la mirada lo hace a la subjetividad extrema. La oscilación entre la una y la otra constituye el fundamento de la valoración de la obra; también la duda nunca definitivamente resuelta, la interrogación nunca concluyentemente contestada.

Especial reflexión merece el hecho de que nos referimos a fotos que sitúo en el campo del fotoperiodismo, y algunas de ellas en el del documentalismo clásico. ¿Debe mostrarse solo lo que juzgamos imprescindible por su calidad, o aquellas imágenes que, aún sin ser las mejores, den una idea lo más global posible sobre el autor? Tampoco hay una respuesta unívoca.

En las tareas de selección de la obra propia, conviene escuchar la opinión de personas con buen criterio gráfico, que conozcan tu personalidad y los cimientos de tu modo de trabajar, pero que no duden en deshinchar tu globo cuando entiendan que te has dejado llevar por el cariño basado en los recuerdos, en los sujetos fotografiados o en las circunstancias que se daban en la toma, y que hacen esas fotos importantes a nuestros ojos (pero solo a nuestros ojos) aún sin ser especialmente buenas. En este punto, es bueno desconfiar de los ojos empañados por la proximidad emocional, la admiración a un bello país o el recuerdo de personas entrañables.

¿A qué viene esta disertación? A mostrar que, para todo autor, el proceso de selección es muy difícil y –aunque suene a hipérbole– doloroso. Elegir una foto supone desechar varios cientos. Seleccionar un par de decenas de obras de entre muchos miles es, salvadas las distancias, relativamente similar a un parto: al final, todo padecimiento resulta compensado más que sobradamente por las hermosas criaturas dadas a luz, y a la luz; sean estas de carne y huesos o aparezcan plasmadas en dibond y papel fotográfico.

Las fotografías que se exponen aquí han sido creadas con mejor o peor fortuna; pero todas son fruto de la pasión y de un, muchas veces arduo, trabajo de búsqueda. En relación con lo que decía más atrás, he decidido incluir, no sin vacilaciones, algunas obras de hace bastantes años que, aunque técnicamente sean mucho menos maduras que las actuales, hablan de mis anhelos de entonces: el sentimiento de cercanía a los desheredados, a los nunca nombrados, a los hijos de las guerras. Lo expresa lacónicamente el poeta Jorge Riechmann: “Los esclavos / según el muy sabio estagirita / herramientas que hablan // pero la historia no transcribe / ni una sola palabra / de su fuego mellado”. Esas fotografías pretenden dejar constancia de los que no han constado nunca. Lo que yo sea hoy es el resultado de las historias y las experiencias de vida que me forjaron ayer, y en las que no puedo sino reconocerme.

¿Qué papel juega el viaje en todo esto? ¿Y la curiosidad, la aventura, el desafío, el romanticismo? Supongo que todo ello aparece imbricado, formando una especie de trenza que constituye este que yo soy.

Mi pasión por la fotografía me llevó, en su momento, a aprender los principios del proceso analógico y de laboratorio. Del blanco y negro y los carretes forzados, de disparar el obturador no compulsivamente. Más tarde, y ya concluido ese aprendizaje, llegué al mundo de la fotografía de prensa, tan denostada, que resulta ser respecto de la fotografía que llaman “artística” algo así como un hospitalillo de campaña respecto de las grandes policlínicas de la práctica y la investigación médicas. Escribir, a toro pasado, sobre las circunstancias de su “muerte” –de la muerte de la fotografía de prensa, y hasta de la prensa, al menos según las hemos entendido tradicionalmente–, nos induce a pensar en lo fácil que resulta predecir aquello que ya ha sucedido. Pero es lo cierto que nuestro mundo se desmoronaba mientras nosotros seguíamos habitando en él sin atender a las señales del derrumbe.

Al día de hoy, intento hacer de la fotografía mi modo de vida, paradójicamente cuando nadie quiere pagar por ello. Quizá por eso, aunque no solo por eso, decidí construir mi propia cámara y hacerme fotógrafo minutero. Es el resultado, también, de un anhelo acariciado siempre, pero no cumplido hasta ahora: el de hacer menos fotos, pero más reposadas, dejando que el pensamiento siga su curso y se maceren las ideas, y dedicándole a los fotografiados el tiempo que no les solemos dar y que, sin duda, merecen.

Fotos de la exposición ‘Un viaje de largo recorrido’ de Alberto Prieto