Martes, 12 de noviembre de 2019

Antípodas

En esta mañana de este mes de enero, que ya finiquita, me encuentro con Gabriel, un “veterano de muchas amanecidas” y buena persona; figura quijotesca, complexión delgada pero recia, seco de carnes, enjuto de rostro. Sólo le falta: “lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor”. Además de: “un atuendo con, sallo de volante, calzas de velludo para fiestas, con pantuflos de lo mesmo”… Mi amigo Gaby lleva hoy puestos, pantalones de recia pana, trenca de buen paño y zapatos de invierno;  pues el cierzo salmantino arrecia inmisericorde.

A Gaby, de más de 80 años de edad, le hice alguna que otra entrevista en Prensa, Radio y Televisión, y desde aquellos lejanos tiempos, nos tratamos, teniendo también muy buena relación con su familia y tengo con él excelente amistad. Que aprovechamos, “de cuando en vez” para contarnos nuestras “batallitas”, tal es el caso de hoy. En que se debate entre dos cuestiones que le tienen “sulivellado”… una buena y otra mala. Y claro me las cuenta, comenzando por la primera.

Verás; hace unos días estuve en un pueblo cercano a Salamanca del que mi padre fue cartero rural, donde hacía más…  de 40 años que no iba y fíjate ¡fue un día feliz para mí! Al venir a la memoria vivencias de cuando tenía 6 años de edad y gratos recuerdos. Y dentro de aquellos acontecimientos juveniles que viví en demasía y que recuperé en esta visita; el que más me impresionó fue el lograr que me enseñasen un viejo pozo de agua que, aún perdura, donde tantos niños y niñas, entonces nos juntábamos muchos, jugábamos incansables a su alrededor… a guardias y ladrones, al corro, a los saltos, al pañuelo… ¡Fíjate que poca cosa! Pero puedo asegurarte que “estos triviales recuerdos de la niñez; me hicieron feliz esta tarde junto al viejo pozo en el entrañable pueblo”.

Y… ¿La experiencia mala?

Pues, que esto que te digo se me ocurrió contárselo a un vecino “muy sabido” con el que me llevo bien, está muy metido en las redes sociales de actualidad, es mucho más joven que yo y tal vez por eso carece de tantos recuerdos. Así que me espetó sin miramiento: esos recuerdos son nimiedades; me fui al Diccionario y encontré que NIMIO es: “Insignificante, tacaño, cicatero, excesivo y ¡Me quedé con la moral por los suelos!

Yo también me he quedado “pasmao” con lo que me cuenta Gabriel, pero reacciono y pienso que: “No me extraña esta concepción de los recuerdos antiguos, que han quedado desvirtuados por la proliferación de esas redes sociales de las que alguien comenta: “Centrar en la tecnología la esperanza de mejora social es un error. La utopía digital lo que nos está trayendo son grandes monopolios y precarizaciones, usamos compulsivamente las redes sociales que dan una falsa sensación de sociabilidad. Parece que tienes un montón de vínculos,  pero, no es así”

Yo, estoy seguro, que todos los amigos del alma que citaré a continuación, estarán de acuerdo en que Gabriel y su amigo, andan  en las-ANTIPODAS- en esta cita con los recuerdos y las melancolías. Pues ello se aplica a personas: “de genio contrario a la otra”… Y estos amigos, también defenderán que aquellos sucedidos y aventuras que ellos tuvieron en la niñez no son nada –NIMIOS-sin pensar en absoluto que aquello que a ellos les sucedió no era de ninguna manera: “insignificante, tacaño, excesivo, cicatero, ni nimio. ¡Pues eso!

Antonio Muñoz (El Cerro),  Juan Francisco Blanco (Salamanca), Jacinto Castellano (Salamanca), Luis Alonso (Tarifa), Marisol Moralejo (La Coruña) su padre Armando Moralejo (el poeta de Cantalpino), recordaba al viejo molino de sus padres donde pasó su infancia: “qué recuerdos tú me traes molino de mis amores”… Carmen Santos (Salamanca), Juanjo Blanco (Salamanca), Vidal Martín (Valladolid), Luis Eloy (Madrid), César Hernández (Salamanca), Leonardo Hernández (Simáncas) Vicente Pinto (Villaflores), José Ignacio Hernández (Salamanca), Juan Carlos Garavís (El Cerro-Valdelamatanza), Vicente Holguera (Salamanca), Antonio y Carmen (Fuenteguinaldo), Javier Hernández (Talavera de la Reina), Danny (Gijón), Conrado (Salamanca), Iñaqui (Poveda de las Cintas), Pili y Julio (Madrid), Pepe Hijo (Salamanca), Gerardo Alonso (Madrid), Tomás de Godos (Sahagún de Campos), Luis Santos (Salamanca), José María (Orense), Susana Santos (Salamanca), José Luis Quitían (Madrid-El Cerro) y muchos, muchos  más.

Particularmente tengo muchos recuerdos-anti nimios- de la niñez; si tuviera que quedarme con uno sería el: “de aquella lejana vez, mañana sofocante del mes de agosto de 1939 cuando con seis años de edad me marché solitario hasta “Los Pinares” a “buscar nidos de pájaros”. Me entretuve mucho en la faena… en aquel entorno que estaba a tres kilómetros del pueblo de Villaflores.  En casa cundió la alarma y a las dos de la tarde, por el camino que venía hasta los aledaños de “Los Pinares” vislumbré la figura de mí madre que venía a buscarme preocupada. Vista su figura diminuta por la distancia en el contraluz de aquello mañana tórrida de agosto y el temor al castigo… ¡Aquello me impresionó de tal manera, que aún perdura en la nostalgia!

Amigas, amigos; hoy ayudados por el bueno de Gabriel. Nos hemos dado un paseo por la nostalgia… ¡Ahí lo dejo!

Pueblo de Villaflores