Sábado, 24 de agosto de 2019

Irena Sendler y la dignidad del amor

Lo que no desees para ti, tampoco se lo hagas a otros hombres.

Inmanuel Kant

Cada niño salvado con mi ayuda y la de mis colaboradores es la justificación de mi existencia y no un título para la gloria, no somos una especie de héroes.

Irena Sendler

Cada 27 de diciembre tenemos una cita con las víctimas del holocausto, corresponde con el día que fue liberado Auschwithz-Birkenau, el mayor campo de exterminio nazi. La Shoah, ha sido una de las mayores catástrofes de nuestra historia reciente, la máxima expresión de la crueldad humana que el mundo ha sido testigo, un horror que se resiste a cualquier tipo de explicación o justificación. Auschwithz, no es una cuestión clausurada, es una presencia que acostumbra actuar en forma de ausencia y que en nuestras sociedades de la indiferencia, corre el peligro de activarse y convertirse en realidades concretas y tangibles.

El plan genocida, se propuso aniquilar a la totalidad de la población judía de Europa, junto con otras minorías, como gitanos, homosexuales y discapacitados mentales, fue un devastador asesinato de millones de seres humanos inocentes. Una maquinaria perversa donde los seres eran considerados inferiores y debían de ser aniquilados sin piedad. Como no recordar las palabras de un sobreviviente del infierno nazi, Elie Wiesel: En efecto recuerda: lo opuesto al amor no es el odio sino la indiferencia. Lo opuesto a la fe no es la arrogancia sino la indiferencia; lo opuesto a la cultura no es la ignorancia sino la indiferencia; lo opuesto al arte no es lo horrible sino la indiferencia.

El lema de la ceremonia conmemorativa del 2018 se titula «Recordación y enseñanza del Holocausto: nuestra responsabilidad compartida». Éste pone de relieve la dimensión universal del Holocausto y resalta que la educación sobre esta tragedia debería fomentar el total rechazo de la humanidad ante toda manifestación de racismo, violencia y antisemitismo. Creemos que es necesario, mantener vivo su recuerdo. Su peligrosidad consiste en el hecho de que no se trata de algo excepcional, que apareció una vez en la historia y concluyó con la derrota del fascismo. Auschwithz, como dimensión infernal del ser humano que desestructura y deshumaniza su existencia, es una posibilidad inherente a la condición humana si se dan determinadas condiciones.

No sé si existe antídoto para la intoxicación de Auschwithz, pero debemos desplegar el respeto a los derechos, la solidaridad y la justicia, para ser guardianes de nuestros hermanos contra toda indiferencia. Es necesario desarrollar una antropología y ética de la aproximación y del recuerdo, centrada en la persona humana y no una cultura del descarte centrada en los sistemas, que olvidan la memoria centrándose en la eficacia.

Este mismo miércoles, dentro de las actividades programadas, se proyectará la película británica Children of the Holocaust (Los niños del Holocausto), que combina el formato de animación con entrevistas a ancianos supervivientes que relatan las experiencias que vivieron durante sus infancias con las atrocidades nazis, sus huidas a Gran Bretaña desde la Europa continental ocupada y la huella que este acontecimiento dejó en sus vidas.

En solidaridad con tantos niños de la Shoah,  queremos recordar a Irena Sendler (1910 – 2008), “El ángel de Varsovia”. Desde su solidaridad y actividad como enfermera, llegó a sacar a 2.500 niños judíos del gueto de Varsovia y salvarles de muerte segura. Fue una mujer de gran coraje, en medio de la zozobra y el horror, consigue sacar del  gueto a los más pequeños, escondidos debajo de las camillas de las ambulancias que trasladaban a los más graves a los hospitales fuera del espacio controlado. Pero pronto tuvo que buscar otros métodos para hacerlo. Desde colocarlos dentro de bolsas de basura hasta en ataúdes, cualquier idea era bienvenida para salvar sus vidas. Colocó a los niños con familias adoptivas y al finalizar la guerra, los reunió con sus parientes diseminados por toda Europa.

Irena Sendler,  estaba muy influida por las ideas solidarias de su padre, un médico rural que murió de tifus al tratar a varios pacientes judíos rechazados por sus colegas. Irena tenía solo 7 años. De él recordará siempre dos reglas; la primera, que las personas se definen por sus actos, no por sus posesiones; la segunda, ayudar siempre a quien lo necesite, sin tener en cuenta su religión o nacionalidad.

Su figura ha permanecido oculta para el gran público. Su historia empezó a conocerse en 1999, gracias a un trabajo de una serie de alumnos  de un instituto de Kansas por un trabajo sobre los héroes de la Shoah. Los años de opresión y oscurantismo comunista habían borrado su hazaña de los libros de historia oficiales. Además, su humildad hizo que nunca contara a nadie las proezas de su vida ni se adjudicase nunca mérito alguno. Los alumnos descubrieron que estaba viva y comenzaron a cartearse y reconstruir su historia.

Irena, falleció el 12 de mayo de 2008 en un asilo con 98 años. Gran parte de esos años de silencio, los pasó en una silla de ruedas, debido a las torturas causadas  por la Gestapo, le rompieron los pies y las piernas en los interrogatorios. Siguió siendo hostigada después por el régimen comunista con malos tratos, que le provocaron el nacimiento prematuro de su hijo Andrzej; moriría dos semanas después. Sus otros dos hijos, Janina y Adam, encontraron serios obstáculos para recibir la educación básica.

Al Gobierno polaco la propuso para el premio Nobel de la Paz en 2007, con el apoyo de la Organización de Supervivientes del Holocausto, el cual fue entregado al estadounidense Al Gore. Muchos piensan que lo que debieran haber propuesto y otorgado a Irena es el premio Nobel del Amor, porque su gesta y su vida son una auténtica lección de existir para los otros, defendiendo dignidad humana. El amor que puso para salvar a tantos niños, no fue la conclusión de un acto de heroísmo, fue el comienzo de todo, del sentido más profundo de su existencia. Irena nos enseña que no existe el amor, sino las acciones de amor. El 19 de octubre de 1965, Yad Vashem reconoció a Irena Sendler como Justa de las Naciones. El árbol plantado en su honor se yergue en el comienzo de la Avenida de los Justos de las Naciones.