Sábado, 15 de junio de 2019

Elogio de ALAMISA, música en directo

A mí me dio por ennoviarme con un músico y ahí me tienen, yendo de concierto de jazz, que no es precisamente una música que a mí me vuelva loca así, de primeras… pero es que mi chico de la corchea me llevó a un concierto con dos músicos que me dejaron tan alucinada que todavía me dura la tontería: Cristian Murgui y Fernando Aguado. Ese fue mi primer contacto con ALAMISA, la Asociación de Amigos de la Música Improvisada que organizaban unos conciertos fabulosos, tanto de músicos de fuera, como de músicos salmantinos. Y ya fuera porque en aquella época estábamos más libres o porque todo era armonía, pasamos un tiempo maravilloso yendo de concierto en concierto y saludando a quienes se nos hicieron deliciosamente familiares, como nuestro querido Jesús, alma de ALAMISA, Campusano, un batería impresionante, Raquel, Antonio, buen amigo de Fernando de siempre y mi muy admirado poeta y traductor, Agustín B. Sequeros a quien siempre saludábamos con alegría. Noches de jazz en la Salamanca letrada y curiosa que se toma una caña escuchando música en directo en lugares emblemáticos prestos a la generosidad y la magia de la improvisación.

ALAMISA nos hizo disfrutar y a mí en concreto, aprender a apreciar un tipo de música no fácil ni consabida. Con ellos disfrutamos, salimos de casa, conocimos a muchos músicos y nos admiramos noche tras noche de la pericia con la que nuestros amigos lograban crear un ambiente familiar. Pero por desgracia, esa desidia que tenemos quizás cuando llega el invierno salmantino, circunstancias familiares y ese poco tal vez de cansancio, hizo que el curso pasado nos diéramos cuenta de que hacía mucho que no íbamos a un concierto de ALAMISA. Y no verdaderamente por falta de ganas, sino por esa conjunción de compromisos, nuevas responsabilidades, un poco de pereza ¿Qué nos pasa en determinado momento que parece que no queremos salir de casa?

Ahora que ALAMISA se enfrenta a seguir o no ofreciendo música de calidad en Salamanca precisamente cuando la ciudad disfruta de un auge de la música en directo, me pregunto qué nos diferencia, a la ciudad letrada, con esas pequeñas poblaciones de Inglaterra o Irlanda donde la música en directo en los locales es tan necesaria como la espita de cerveza. La buena música, afirmo, la música que se disfruta, que se vive, que dignifica a los músicos pagándoles lo justo y lo casi siempre, mínimo imprescindible. Música para aprender, para disfrutar de lo bueno, para descubrir nuevos talentos, para vender discos, para gozar más allá de un concierto. Música que en Salamanca nos ha dado tantas alegrías y tantos profesionales entregados, constantes, siempre atentos, siempre generosos para tocar con unos, con otros… Merece la pena que continuemos este trabajo, merece la pena apoyar a una asociación sin ánimo de lucro que solo quiere mostrar en esta Salamanca nuestra el talento propio y ajeno de quienes disfrutan de la música improvisada. Desde aquí, toda mi admiración a los músicos, a los locales que tienen música, a quienes la organizan, la viven y nos la ponen en bandeja para que la disfrutemos. Antonio, Agustín, que no decaiga… y que siga.

Fotografía: Fernando Sánchez Gómez.