Lunes, 19 de agosto de 2019

Urgenci@s hopitalari@s

Siendo consciente de las especiales características de los servicios de urgencia y de la idiosincrasia de la actividad que se lleva a cabo en los mismos, comienza a ser un trabajo de riesgo para los pacientes y para los profesionales. En esta área asistencial intervienen tres protagonistas, el paciente, los acompañantes y los profesionales. De la interacción de éstos y, de los factores involucrados depende que el proceso sea adecuado, efectivo y satisfactorio para todos. En primer lugar, para el paciente. En segundo lugar, para el profesional y, en tercer lugar, para todos, incluidos los usuarios y el sistema sanitario.

La realidad actual es que los sucesos que ocurren en estos servicios son cada vez son más frecuentes y, aparecen excesivamente en las crónicas de sucesos de los medios de comunicación. Si éstos son sólo la punta del iceberg, estaremos de acuerdo, que conviene analizar su situación para tratar de revertirla y, reducir los efectos adversos, los incidentes y, sus sucesos traumáticos. Todo ello, se justifica, por el bien de los pacientes, que realmente necesitan esa atención y, por todos, porque en cualquier momento es posible que se necesite por urgencia vital. También, por que se trata de un elemento prioritario asistencial, la Calidad y la Seguridad de los Pacientes.

La causa de este fenómeno asistencial no es única, porque para que estos sucesos ocurran y, lo hagan con tanta frecuencia deben existir factores determinantes y condicionantes. En mi opinión, el factor más determinante es la excesiva demanda, gran parte de la misma no justificada por motivos clínicos, ni diagnósticos ni terapéuticos y, si por la atracción hospitalaria, que viene condicionada por su gratuidad, su atención rápida y su comodidad, a cualquier hora y cualquier día. Todo esto está condicionado por la cultura de exigir Derechos sin compromiso con los deberes y, por No pensar en los demás. Las evidencias indican que esta gran demanda no se justifica dado que un tercio de las mismas no tienen ni cumplen un criterio clínico, ni diagnóstico ni terapéutico. Es decir, se pueden resolver en la Atención Primaria y/o con autocuidados. A esta demanda innecesaria contribuye la falta de Educación Sanitaria de la población general; pero también las decisiones erróneas de algunos gestores al quitar los servicios de urgencias de los Centros de Salud urbanos.

En mi opinión se debe empezar por mejorar la Educación para la Salud sobre la participación y responsabilidad de los pacientes con el Sistema Sanitario y, especificamente, con la utilización de los servicios de urgencias para que se utilicen sólo cuando sea necesario y, cuando realmente esté justificado, sin excusas. Aunque, probablemente se deban tomar medidas disuasorias urgentes por su saturación, como puede ser, poner una tasa por urgencias innecesarias, para que la gente se lo piense antes de ir a pasar la tarde a las urgencias del hospital. No se preocupen, esto no ocurrirá.

En mi opinión, este reto sanitario debe ser abordado, como tema prioritario de gestión en cada hospital, porque los efectos adversos, los incidentes y la mala praxis son evitables en su gran mayoría.

JAMCA