Domingo, 18 de agosto de 2019

Nuevas viejas pandillas

Retomo el “charro de dos orillas” con un abrazo para “los del Centro”, o sea, los de San Boal… Y ya puestos, para los del Maestro Ávila, dos de mis grupos nostálgico-guasapeños.

Bien hallados… Aquí estamos de nuevo, a ver si las musas siguen acompañando y ayudándome a acercar mis dos orillas.

Con el título ya me estoy balconeando, es decir, que se me ve el plumero etario; o sea, que este año cincuenteo… pero como los cincuenta son los nuevos cuarenta… o hasta los nuevos treinta, si nos ponemos generosos, no me preocupo.

Me balconeo, decía, porque para los millennial y anexos, las pandillas son las de Nueva York, me da que no las asocian mucho con la vida cotidiana, creo que es palabra en desuso, por no decir demodé, que es otra evidencia de que mis tiempos fueron otros.

Pues sí, para quienes la vivimos en los 70 y los 80, y creo que antes, la adolescencia fue un trasiego de pandillas: la del cole, las de coles de chicos y chicas que se juntaban, las de la parroquia, la del fútbol…Pasábamos de una a otra, estábamos en varias…

Como en esto de la vida está todo inventado, esto es, que nuestras vidas son los ciclos que van a dar a… las nuevas pandillas, retomamos aquellos nexos y los volcamos en los grupos de Whatsapp.

Les cuento esto porque, además del grupo que nació hace unos años, cuando algunos integrantes de la primera generación que salió del Maestro Ávila nos juntamos 25 años después (http://www.ignaciomartin.com/docs/pdf/charro_de_dos_orillas_el_adelanto/2010-11-17.pdf), ahora me acaban de invitar a un grupo formado por gente que pasamos un buen rato de la infancia y la adolescencia en San Boal, el centro parroquial de San Juan de Sahagún.

Aunque hay quienes reniegan de ellos, a mí me gusta esto de los grupos; sé que hay quien abusa, quien se pasa el tiempo enviando cadenas y memes, no siempre tan graciosos; sé que hay quien prefiere no estar porque no es muy participativo (a mi modo de ver, eso es lo de menos, vamos, que se vale asomarse y escuchar, o sea, leer); entiendo y respeto pero a mí, en lo personal, me ponen contento; los veo como una especie de victoria sobre el tiempo.

Estos reencuentros sirven, al menos, para recordar viviendo; también, para propiciar reencuentros que, aunque nos ponen melancólicos, lo que no necesariamente es malo, a veces crean nuevas viejas amistades, o retoman la conversación donde se quedó.

Eso, nada más pero nada menos, es para mí la amistad, que es la vida.  

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