Domingo, 18 de agosto de 2019

Escribir, manipular, criticar

Una crítica de un amigo de confianza sobre mi columna semanal diciéndome que le gustaba mi estilo literario, pero no el contenido siempre crítico de cada una, me hizo reflexionar sobre el hecho de escribir “opinión”, desde la teoría de la comunicación.

Y llegué a la conclusión de que no hay más de dos actitudes en el que escribe, sobre todo en “opiniones” de un periódico: la actitud de propaganda o adhesión hacia el objeto del escrito, (sea un hecho, un personaje, una decisión pública, etc.) y la actitud de crítica a ese hecho, personaje o decisión. Intuitivamente percibimos que toda la prensa nacional – y quizás también la internacional- se divide en prensa de propaganda y prensa crítica, en cuanto a las opiniones que publica. Otro asunto es la selección, valoración, sobredimensión u ocultamiento de noticias, tema mucho más complejo, cuyo análisis compete a los periodistas, y por tanto queda aquí excluido.

Volviendo a la escritura de opiniones diré que en ella no cabe una actitud “neutra”, como la descripción objetiva de un fenómeno (como hace el científico) ni la prosa poética, creadora de belleza, cuyo lugar es, más bien, el espacio literario. Lo cual me lleva a concluir que el que opina públicamente de un asunto público lo hace bien desde la posición de alabanza o desde la de crítica. El punto de partida de un escritor es una de ambas posiciones.

Desde este punto de vista, también un periódico, como empresa, se puede dividir en dos grandes tipos: aquellos que dejan a sus periodistas y articulistas libertad para expresar sus puntos de vista, y aquellos que no permiten esa libertad. En España el número de los del segundo tipo aumenta cada vez más; lo que quiere decir que el nivel de libertad de prensa cada vez es menor: cada vez hay más prensa manipuladora y menos prensa libre y objetiva.

Incluso en temas tan sencillos de contar y trasparentes, como el calvario que sufrieron cientos de automovilistas atrapados en algunas autovías nevadas, hace algunos días, ha habido numerosísimas opiniones a la hora de evaluar las “decisiones” o ausencias de los responsables de Tráfico; pero todas se pueden agrupar en dos: aquellas que no critican la mala gestión de los responsables, que los “comprenden”, salvan o disculpan y aquellas que critican más o menos radicalmente la ineficaz gestión de unos funcionarios y una empresa responsable, en una situación difícil de muchos cientos de ciudadanos que tenían el derecho de ser asistidos y ayudados en ese momento de riesgo.

Muchos preferimos escribir intentando que la palabra escrita sirva para mejorar la realidad cotidiana de nuestras vidas, en lugar de servir para alabar, pase lo que pase, al poder establecido.