Sábado, 21 de septiembre de 2019

Y hace frío

El frío no sólo le está haciendo efecto a nuestra economía doméstica, también a nuestro ánimo. Uno no quiere más que estar pegado al radiador y no salir ni a por el pan… pero la vida sigue y hasta hay que constituir la mesa del Parlament con todo lo que eso significa. La vida sigue y hay que conducir con nieve y hasta resignarnos a que nadie acepte sus responsabilidades con respecto a lo que se hace mal.

En esas estamos, en plena debacle de frío, hartazgo y penita pena porque se han acabado las fiestas  navideñas y las rebajas hasta nos dejan a medias porque compramos por internet cuando aparece Pablo Iglesias entonando el mea culpa y conjurando desapariciones. Será que quiere contrarrestar el efecto Rivera, dícese de la gente que vota lo que quiere y cambia de opción cuando el resultado es francamente mejorable. Lo dicho, que aparece Iglesias y hace toda una declaración de intenciones acerca de lo que puede cambiarse eso sí, sin devolver credibilidad a quien ya en su momento le avisó de que Cataluña iba a ser una debacle. Y es que si reconocer los fallos es complicado en un político, reconocer el error de haber defenestrado al mensajero ya es una utopía. Iglesias nunca dirá en público que la única que vio claro el trastazo fue Carolina Bescansa, como nunca devolverá la primera línea de fuego a un Errejón que le hacía sombra. Los líderes son así de infalibles. Por suerte los nuestros, aunque canten jotas jocosas o se piensen que está cerrado el micro, no son tan escandalosos como Trump quien ya ha llegado al límite de lo soportable.

Llamar a algunos países agujeros de mierda es, sencillamente, lo único que podemos esperar de un fantoche malhablado que acabará inmerso en su propia insensatez. El problema no lo tiene él, el problema es de aquellos que le votaron y apoyan ahora, como el problema no lo tiene Puigdemont, ni siquiera quienes tienen que dilucidar si se puede investir a un presidente ausente, sino quienes verdaderamente creen cosas tan terribles como que los catalanes sufren igual que los palestinos. A veces ciertas barbaridades no nos dejan ver el auténtico alcance del problema, y el problema lo tenemos nosotros con políticos que no resuelven, sino que trastean y dejan sin solucionar los verdaderos problemas. La cuestión no es quién tiene la culpa de una gestión penosa, sino el hecho de que determinados inútiles llevan la organización de una buena parte de nuestras vidas y se limitan a dejar pasar las cosas sin que nada se resuelva.

Por suerte sí hay cosas que funcionan. Y bien. Por eso no está de mal felicitar a quienes cumplen con su tarea, a quienes verdaderamente van a trabajar todos los días con ganas y con resolución, sea cual sea su trabajo y haga el frío que haga. Entonces nos animamos solo de pensarlo. Ya vendrá el verano.

Fotografía: Fernando Sánchez Gómez.