Martes, 23 de octubre de 2018

Más de 1.000 trabajadores de Salamanca se fueron de la provincia en un año

Los que se marchan de Castilla y León ven aumentar sus salarios el 13,3% y uno de cada diez españoles asalariados que se trasladó de comunidad autónoma partió de la región

En diez años, la comunidad ha perdido 35.000 trabajadores, lo que equivale a la población entera de Miranda de Ebro

A la pérdida de población que azota Castilla y León sin tregua se le multiplican los frentes hasta el punto de que no hay ya manos para tapar tantas vías de agua. No solo no nacen niños suficientes para reponer los fallecimientos, ni se atraen inmigrantes suficientes; no solo se marchan jóvenes en busca de oportunidades laborales... también huyen de la comunidad personas con trabajo –no ya formadas, sino muy cualificadas– en busca de salarios mejores. Y los consiguen, lo que no hace sino agigantar la bola de nieve.

Según pone de manifiesto el informe de Movilidad del Mercado de Trabajo en las Fuentes Tributarias, elaborado por el Gabinete Técnico de CC OO con datos de la Agencia Tributaria, el éxodo de trabajadores de Castilla y León se recrudeció en 2016 con más de 12.000 salidas, de las que 1.003 se registraron en Salamanca.

De hecho, una de cada diez personas que se trasladó de un territorio a otro dentro de España partió de la comunidad. Y quienes dejaron atrás la región consiguieron un incremento medio en sus salarios del 13,3%. Comisiones alerta de que Castilla y León es la tercera autonomía (tras Extremadura y Asturias) donde menos crecen los asalariados y que el 68% de quienes se marchan son jóvenes.

Los datos del informe de la Agencia Tributaria confirman la sangría de trabajadores que, pese a contar con un empleo en Castilla y León, abandonan la comunidad año tras año hacía otros territorios, una realidad que, por otra parte, a pocos es ajena. Quien más y quien menos tiene un pariente, amigo o conocido que ha pasado por esta situación.

Las salidas de la comunidad suponen más del 9,4% del total del trasiego autonómico, mientras que las entradas en Castilla y León apenas representaron el 5% del total del país. Si a ella se les suman las de quienes se van al extranjero y quienes también se marchan de la región para buscar su primera oportunidad laboral en otros lugares, Castilla y León se erige en la comunidad de España que pierde capital humano de forma más intensa y más prolongada.

Mujeres en edad fértil

«La falta de oportunidades laborales debido a la debilidad de nuestro tejido productivo, la escasa calidad del empleo existente o que se crea, y que nuestros salarios sean de los más bajos de España son las principales razones para que ocurra esto», sostiene el documento de CC OO, proporcionado por el gabinete que dirige Carlos Castedo, secretario de Estudios y de Asesoramiento Jurídico y Sindical.

Según advierte Castedo, «si a esta situación le añadimos la realidad demográfica que vive Castilla y León en cuanto a que es una de las comunidades autónomas más envejecidas que, además, presenta un crecimiento vegetativo negativo, consecuencia en parte de que quienes se marchan de esta comunidad son las personas que están en edad de tener hijos, nos enfrentamos a un escenario demográfico preocupante», que resulta especialmente intenso en provincias, como Ávila, León y Zamora.

En 2016, los saldos de entradas y salidas en Castilla y León respecto del resto de comunidades no pueden resultar más desoladores: fueron negativos tanto para hombres como para mujeres, para personas de nacionalidad española y también para las extranjeras, para casi todas las franjas de edad (únicamente fue positivo en el caso de mayores de 55 años y aun así fue un saldo casi nulo) y para todas las provincias y casi con todas las autonomías del país. La estadística tributaria no incluye a Navarra y el País Vasco, que tienen un régimen fiscal diferente, y de hacerlo los resultados serían aún peores, ya que según recuerdan desde el sindicato Euskadi es un foco de atracción laboral que, además, es limítrofe a Castilla y León.

Castilla y León es la tercera comunidad donde menos crecen los asalariados

Por su fuera poco, más preocupante todavía es comprobar cómo el 68% del saldo negativo de 2016 corresponde a personas jóvenes de entre 26 y 35 años que ya habían trabajado en Castilla y León en 2015 (3.613 del total de 5.297). El deterioro de cara el futuro es doble si tenemos en cuenta que la marcha de personas en edades fértiles es más intensa en el caso de las mujeres que de los hombres, «lo que, sin duda, dará una nueva vuelta de tuerca a la escasísima tasa de natalidad de Castilla y León, que hace que el crecimiento vegetativo de la comunidad sea negativo», alertan.

Este año fueron 3,9 las personas de Castilla y León de entre 26 y 35 años que se trasladaron a Madrid por cada una que hizo el recorrido inverso; 2,8 las que lo hicieron a Cataluña; 2,3 a Baleares y a Canarias; 1,9 a Aragón; 1,7 a la Rioja. Solo con dos comunidades tuvo la región saldo positivo en esta franja de edad: Andalucía, con la que la proporción fue de 0,9 salidas por cada entrada, y Extremadura, con la que tuvimos un saldo de dos entradas por cada salida.

Dirigir la vista atrás es ya como para echarse a llorar, ya que el saldo acumulado desde 2006 de los flujos de asalariados con el resto de España ha supuesto en este decenio una pérdida para Castilla y León de más de 35.000 trabajadores, una disminución que equivale al 3,71% de los que había en Castilla y León en aquel año. Es como si toda la población; hombres, mujeres y niños; de Miranda de Ebro hubiera desaparecido del mapa. De hecho, la comunidad es la de mayor pérdida absoluta y la segunda con mayor pérdida relativa por detrás de Extremadura, que ha perdido unas centésimas más (3,76%).

Por otro lado, el flujo interno entre las provincias de Castilla y León es muy inferior al existente con otras autonomías y es Valladolid la única que tiene un saldo positivo (Burgos tiene un saldo nulo), mientras que todas las demás provincias tienen saldo negativo. Especialmente destacable es el de Zamora por su gran volumen (más del 50% del saldo total de la comunidad). En cuanto a los movimientos con otras regiones, el saldo más negativo fue el de la provincia de León (pérdida de 1.093 trabajadores), seguida de Salamanca (1.003).

Del estudio se deduce que una de las principales causas de esta masiva huida de talento, de este peregrinaje sin fin, es la existencia de una brecha salarial entre el salario medio en Castilla y León y el nacional. También evidencia que las mujeres tienen peores retribuciones que los hombres y que las personas extranjeras perciben por término medio salarios inferiores a los de las autóctonas. «Hemos constatado a partir de estos datos de la AEAT –explican los autores del informe de CC OO– que quienes se fueron de Castilla y León en 2016 obtuvieron importantes incrementos salariales respecto a los percibidos el año anterior en nuestra comunidad (en concreto, del 13,3%), lo que da idea de que esto supone la mejora de la calidad del empleo o el acceso a ocupaciones de mayor cualificación profesional».

En sentido opuesto, quienes vinieron a trabajar a la comunidad tuvieron incrementos salariales (6,4%) que fueron inferiores a los que tuvieron por término medio las personas que se desplazaron en el conjunto de las autonomías españolas (11,5%), «lo que prueba el menor atractivo profesional que tiene nuestro tejido productivo», concluyen.

En otro orden de cosas, y aunque los datos no son específicos de Castilla y León sino nacionales, el informe de la Agencia Tributaria permite comprobar cómo la recuperación del empleo se concentra en los sectores más precarizados, mientras que los de salarios más altos que se corresponden con las actividades de mayor valor añadido acumulan las mayores pérdidas de asalariados, o leves crecimientos en el mejor de los casos.