Jueves, 18 de octubre de 2018

"Dejados de la mano de Dios..."

La otra mañana, durante una conversación espontánea con una funcionaria de una institución salmantina y un amigo, hablábamos de nuestra experiencia personal en esta ciudad, en torno al tema de las normas de convivencia ciudadana, sus ausencias, sus ambigüedades, sus cambios…y el desconcierto que, con gran frecuencia, esto causa.

En un momento determinado la funcionaria, hablando de sus experiencias en la dificultad de aplicar o hacer aplicar normas claras en eventos, para que éstos se desarrollen con comodidad y normalidad entre los asistentes, utilizó como queja la expresión “…estamos dejados de la mano de Dios”, que me llamó mucho la atención.

Pues, a primera vista parecía una expresión exagerada para referirse al sentimiento de confusión que la no definición clara de una norma puede crear en cualquier ciudadano. Pero era obvio que sus palabras correspondían a una experiencia personal de soledad y abandono ante la tarea de hacer cumplir  normas que no deberían tener la menor ambigüedad. Por ejemplo, la norma sobre si en un lugar determinado está prohibido aparcar o no; en teoría no debería haber ninguna duda en su aplicación, pues toda norma de tráfico especifica si hay horas en las que se puede, días de la semana, laborables o festivos, etc. Pues bien, en Salamanca se dan bastantes situaciones en las que muchos coches aparcan en lugares prohibidos por las normas de Tráfico, pero “se les permite”.

Otro ejemplo: la norma de que un evento en un recinto cerrado no puede ser ocupado por más personas que plazas o sillas haya en la sala; es una norma importante para la seguridad de todos, por si ocurre cualquier imprevisto. Pero la mayoría de la población, según la experiencia de esta amiga, no acepta que haya una entrada libre…”hasta completar el aforo”, y protestan, a veces violentamente, cuando se les impide acceder, sin querer comprender que esa norma tiene todo un sentido protector.

Otro ejemplo de ambigüedad: los numerosos maceteros que el ayuntamiento ha puesto a la entrada de calles turísticas, siguiendo la política de protección contra posibles terroristas con coches o camiones; lo curioso es que la mayor parte de estos maceteros están no en el centro, sino a un lado de la calle, con lo cual cualquier coche puede pasar sin dificultad.

Y una reciente experiencia masiva de abandono: la que han sentido cientos de automovilistas este domingo, atrapados durante horas en medio de carreteras nevadas; sin información clara, sin acciones preventivas ni resolutivas miles de familias que volvían de sus vacaciones se sintieron solas y desprotegidas.. 

Podría citar decenas de ejemplos de normas ciudadanas ambiguas, o de las que se hacen interpretaciones ambiguas, como en la conversación de los tres iban surgiendo la otra mañana, con una misma experiencia común: una norma no clara genera confusión y si se repite con frecuencia y en muchos ámbitos de convivencia, el ciudadano/a puede llegar a sentirse abandonado, al no encontrar ninguna autoridad que le saque de esa confusión.

Entendí claramente el sentimiento de abandono al que se refería esa mujer, responsable de que esos eventos funcionaran con normalidad. “Dejados de la mano de Dios” no era una metáfora exagerada. Una familia sin una cabeza que imponga normas claras y justas es una familia con todos sus miembros inquietos, en conflicto, confusos. Toda una ciudad, o una nación  puede llegar a sentirse así, en una etapa determinada de su historia.

Dejados de la mano de Dios.