Jueves, 18 de octubre de 2018

Dar vida

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El ser humano tiene derecho a vivir que nadie puede arrebatarle.  “Mientras vivo, tengo derecho a vivir” (Juan Pablo II).  Sólo Dios es el autor y el conservador de la vida;  el ser humano ha sido creado a imagen y semejanza de Dios.

Es cierto que tanto las leyes civiles como la teología moral reconocen el derecho a la legítima defensa, incluso cuando no quede más remedio que quitar la vida al injusto agresor para defender la propia. Las condiciones para que sea legítimo llegar hasta ese extremo son cuatro:

  Dado que el derecho a la vida es más importante que el derecho a la propiedad o cualquier otro derecho, sólo puede quitarse la vida al agresor si corre peligro la vida de la víctima, y no solamente sus bienes, su fama, etc.

Es necesario, en segundo lugar, que la agresión sea injusta y no, a su vez, una defensa por parte del agresor.

Se exige igualmente carencia de malas intenciones; es decir, que cuando la víctima se defiende del agresor injusto, no actúen indebidamente sentimientos de odio o de venganza.

Este derecho no alcanza más que a agresión actualmente consumada y que no puede evitarse de otro modo (huir, refugiarse, protegerse, etc.).

Sin amor no hay vida; si no amamos nosotros mismos acabamos con ella y acaba por no tener sentido.  Aunque tuviera inteligencia, diplomacia, éxitos, riquezas, salud, si no tengo amor, no soy nada.

Es bueno mirar siempre la cara luminosa de la vida. Aprende a levantar el ánimo de una persona o de una situación y nunca hundirse en la desesperación más honda a causa de la actitud de nadie. Estamos aquí para crear paz, armonía, belleza y perfección, todo lo mejor de la vida, así que... ¡a caminar y a trabajar! Nos pueden dar vida, pero nadie puede vivir por mí.

            Nos acostumbramos a ir tirando, a no vivir a plenitud, olvidamos el sol, el aire, el cielo, el mar... Nos acostumbramos a comer corriendo porque estamos atrasados; a leer el diario en el autobús porque no podemos perder tiempo… El tiempo no se puede atrapar, mucho menos almacenar; nuestra existencia transcurre a gran velocidad, pero mientras tengamos vida, tenemos la oportunidad de cambiar nuestros hábitos, de tener una mejor calidad de existencia, de aprovechar y disfrutar cada respiro, cada latido de nuestro corazón.

Hay que vivir y dar vida. La vida es muy hermosa; observa la naturaleza, tiene un encanto especial para cada momento; de día puedes ver el sol que alumbra a todos los seres humanos, de noche  miles de estrellas brillan. Cada gota de agua que cae, trae grandes bendiciones para la tierra. Verdad que es hermoso el mar, la luna, las montañas,  las flores… Pero lo más importante de todo el universo es el ser humano. Cado uno es único e irrepetible.

Uno de los grandes regalos que podemos recibir y dar en Reyes es la VIDA: dar la vida por alguien y a alguien.

            La M. Teresa de Calcuta tiene este himno a la vida:

“La vida es una oportunidad, aprovéchala.

La vida es bella, admírala.

La vida es beatitud, saboréala.

La vida es un sueno, realízalo…