Jueves, 18 de octubre de 2018

Sobre la Educación (II)

La magnificación que hace la prensa de cualquier suceso escolar es una caja de resonancia a nivel nacional e, incluso, internacional que asusta al ciudadano. Al menos sirve para atemorizar a los docentes. Algunos pensamos que se debe a que los niños españoles son una especie en vías de extinción, y a lo más nimio hay que darle una cobertura nacional o galáctica para pseudo protegerlos.

Si un niño llama a otro “flaco”, ya está liada. Las cadenas de televisión enviarán unidades móviles que entrevistarán al niño, a la madre, a los profesores, a los conserjes y a una vecina que sale a olisquear que pasa por su barrio. Después un psicólogo nos dirá que los problemas que arrastrará ese niño toda su vida no serán moco de pavo; se ha gestado en ese momento un futuro desgraciado porque le han llamado “gordo o flaco”. Pero si el suceso coincide con una sequía informativa, la cadena televisiva enviará una unidad móvil y retransmitirá el telediario ese día desde el patio del instituto, rodeado por un sanedrín de sicólogos, tertulianos, siquiatras, educadores, profesores y puede que hasta aparezca por allí el sursum corda.

Y hablando de los medios de comunicación…, no dejan de sorprendernos con algo tan extraordinario y dramático como las borrascas en invierno (¿ciclogénesis explosiva con nombre propio igual que en Norteamérica?), y con los calores veraniegos (¿ola abrasadora de calor?).

En uno y otro caso se alarma a la población recomendándoles quedarse en casa, y cuando en diciembre o enero cae una nevada y los niños de una zona determinada no pueden asistir a los colegios o a los institutos, los noticieros lo convierten en un drama nacional. ¡Pobres niños! Que un día no puedan participar en ese subidón de sabiduría que reciben en los centros escolares, hará de ellos unos fracasados el resto de su vida. Algunos echamos en falta que nos digan si funcionan los hospitales, si Protección Civil está operativa, si se mantienen los suministros de electricidad, agua, etc.